Hace 28 años Vidal Benítez Alarcón mató a su esposa y dos hijos, pero fue absuelto de culpa

El 17 de diciembre de 1993 una llamada a la Comisaría 3a., Decía que desde un edificio ubicado sobre 14 de Mayo casi Ygatimi se escuchaban gritos y al parecer un hombre cayó desde un segundo piso. Una patrullera llegó rápidamente y encontró casi en la vereda el cuerpo de una persona ensangrentada, lo socorrieron y entraron al departamento donde varias personas también fallecidas y otras heridas. La historia luego contaría que Vidal Benítez Alarcón, ex director del Tesoro durante la época stronista fue el autor de la muerte de su esposa, dos de sus hijos e hirió a sus otras hijas.

Durante la dictadura stronista Vidal Benítez Alarcón, era el director del Tesoro y tenía un buen pasar, se acomodó en la alta sociedad. Benítez amasó una fortuna cuando era miembro del gobierno de Alfredo Stroessner, pero con la caída del régimen en 1989 también la vida de Vidal tuvo un giro inesperado, malas inversiones, estafas y otras malas movidas económicas lo llevaron a tener un cambio total.

Vidal Benítez dejó su vida lujosa, para ser uno más en una sociedad que a inicios de los 90 estaba cambiando después de una larga dictadura. De ser una persona influyente Benítez se convirtió en una marcada por el estigma de la dictadura.

Todos estos cambios bruscos en su vida lo llevaron a pasar por una quiebra económica y eso derivó en una depresión que no pudo superar y que con los años se fue agigantando. Su entorno familiar fue el más afectado. Maltratos y peleas eran la constante según se supo después de la tragedia.

Hoy en día hablar de la salud mental es todavía muy complicado en una sociedad que sataniza a psicólogos y psiquiatras, entonces imaginar en los 90 a una persona mayor pueda buscar ayuda para superar su depresión era una cosa muy poco probable.

El 17 de diciembre de 1993, una de las tantas discusiones se salió de control en el seno de la familia Benítez Alarcón. Vidal tomó sus dos armas, un revólver calibre 38 y otro calibre 22, para iniciar su sangrienta obra. Primero asesinó a tiros a su esposa Grisel Laura Cler, luego hizo lo mismo con sus hijos menores Rodrigo Julián y Sofía Lorena Benítez Cler. Pero en la otra habitación también estaban sus tres hijas mayores fruto de otro matrimonio a quienes también trato de matar, pero felizmente solo las hirió y se salvaron de morir ese día.

Sin embargo para Vidal, había matado a toda su familia, por lo que se arrojó desde el balcón de su edificio de un segundo piso, para suicidarse, pero cayó entre unas plantas que amortiguaron su caída, entonces volvió a subir y se lanzó otra vez , pero la muerte ese día no lo había marcado y quedó solo mal herido en el suelo, fue ahí que llegó la policía y lo socorrió.

Vidal Benítez Alarcón luego de sanar de sus lesiones tuvo que enfrentar a la justicia por el triple homicidio. En el juicio se pudo demostrar que el ex hombre fuerte de la dictadura utilizó dos armas de fuego para matar a su esposa y sus hijos. La defensa alegó que Benítez en el momento del hecho estuvo nublado por una locura momentánea. Que sufría de un trastorno mental pasajero producto de la depresión.

El juez Nelson Mora, no tomó en cuenta esa teoría y condenó a la pena máxima de 25 años de prisión a Vidal Benítez Alarcón por el triple homicidio. Pero en el 2002 el Tribunal de Apelación anuló el fallo de primera instancia y declaró que Benítez Alarcón no estaba en sus cabales en el momento en que cometió el triple crimen y lo dejó en libertad. No purgó ni 10 años de los 25 a lo que fue sentenciado.

Vidal Benítez, siempre fue un hombre inteligente, de profesión economista fue el mejor de su promoción y una vez preso se juntó con otros internos y formaron una especie de cooperativa de reos, que tenía por intención ayudar a los internos a buscar su reinserción a la sociedad. Una vez fuera del presidio siguió ayudando a los presos presentando un proyecto de ayuda a los reos.

Actualmente es un hombre libre que no sabemos si tiene remordimientos de haber matado a su esposa y sus dos hijos, por lo que no pagó ni un tercio de la condena.

Un acto de amor trascendental que salva vidas: casi 300 personas en lista de espera

Cualquier persona, en algún momento de la vida, podría necesitar un trasplante de órganos, o tal vez un familiar cercano o un amigo. Es fundamental reflexionar sobre la importancia de ser donante de órganos, una decisión personal que podría salvar la vida de otros.

En los últimos días se viene debatiendo sobre la donación de órganos, especialmente a raíz del caso del pequeño Milan Alexander, un niño que actualmente se encuentra conectado a un corazón artificial y requiere con urgencia de un donante.

Actualmente, un total de 268 pacientes se encuentran en la lista de espera para un trasplante, según datos del Instituto Nacional de Ablación y Trasplante (INAT), que, al 31 de marzo ya recibió 41 notificaciones de pacientes potenciales para donación de órganos y tejidos.

En cuanto a trasplantes cardíacos, 8 son los pacientes en lista de espera, de los cuales, 2 se encuentran con prioridad 0 y son casos pediátricos. Ambos están conectados a un corazón artificial en el hospital Pediátrico Niños de Acosta Ñu. Entre ellos está Milán Alexander, quien lleva 5 meses conectado a un corazón artificial y necesita con urgencia un donante; en la Semana Santa dos posibilidades fueron presentadas, pero los familiares de las personas fallecidas rechazaron donar sus órganos.

Según la “Ley Anita” 6170/18, toda persona mayor de 18 años es considerada donante de órganos posterior a su fallecimiento. Esta ley pretende incentivar la donación de órganos, incrementando las posibilidades de salvación de vidas mediante trasplantes. Si alguien no desea donar, debe manifestarlo por escrito al Instituto Nacional de Ablación y Trasplante (INAT). Es muy importante que los familiares y amigos sepan la decisión que ha tomado uno de ser donante, y que ellos apoyen y respeten la decisión.

El Dr. Hugo Espinoza, director del Instituto de Ablación y Trasplante, ahondó en entrevista con el canal GEN que toda persona mayor de 18 años es donante de órgano, excepto si expresó su negativa ante el INAT o en Identificaciones cuando renueva la cédula de identidad. Cerca de 3.000 personas se anotaron como no donantes. Muchos son ciudadanos extranjeros radicados en nuestro país.

La autoridad aclaró que, en el caso del deceso de los menores de edad, los padres y tutores son los responsables de decidir si donan o no los órganos. Tal fue el caso de la reciente negativa de unos familiares que no quisieron dar los órganos de sus hijos.

Un punto negativo de la ley Anita, según resaltó el entrevistado, es que se no se cumple con el fondo nacional que debe destinarse para los trasplantes.

Nota relacionada: Solo esta semana, dos familias negaron donar un corazón para el pequeño Milán

VISIÓN DE LA IGLESIA

El Papa Francisco se había expresado sobre la importancia de donar órganos y aseguró que se trata de un acto “para salvar otras vidas humanas, para preservar, recuperar y mejorar la salud de muchas personas enfermas que no tienen otra alternativa”.

Donar significa mirar e ir más allá de uno mismo, más allá de las necesidades individuales y abrirse generosamente a un bien más amplio. En esta perspectiva, la donación de órganos no es sólo un acto de responsabilidad social, sino también una expresión de la fraternidad universal que une a todos los hombres y mujeres”, afirmó.

Leé más: La donación de órganos desde la perspectiva de la Iglesia: “Es mirar más allá de uno mismo”

El Dr. Hugo Espinoza reconoció que la decisión de donar los órganos es muy personal y, además, se da en un contexto muy difícil para las familias que perdieron a un ser querido, pero remarcó que se debe tener presente el importante hecho de que una persona fallecida pueda dar vida a otra.

A través del prisma de ‘La Naranja Mecánica’

¿Es moralmente justificable eliminar/alterar la facultad de elegir, incluso si es en beneficio de la sociedad? La aclamada novela ‘La Naranja Mecánica’ de Anthony Burgess plantea la profunda cuestión de si la maldad es ‘curable’ y hasta qué punto la sociedad debe o puede intervenir en la naturaleza humana.

Por Gonzalo Cáceres – periodista

Platón y Aristóteles en la antigua Grecia, Santo Tomás de Aquino en la Edad Media, René Descartes, Baruch Spinoza, David Hume durante la Ilustración, Jean-Paul Sartre, Ludwig Wittgenstein, Daniel Dennett y Alvin Plantinga ya en los siglos XX y XXI; el libre albedrío continúa siendo un tema central en diferentes campos de estudio a través del tiempo.

El libre albedrío implica la capacidad de actuar por nuestra propia voluntad, aunque estas elecciones deben estar -según las normas de toda comunidad- dentro de los límites de los derechos y la dignidad de los demás.

En lugar de justificar comportamientos perjudiciales, el libre albedrío invita a desenvolverse de manera consciente y reflexiva, con la responsabilidad de tomar decisiones que promuevan el bien común, considerando el impacto de nuestras acciones en quienes nos rodean.

Pero, y siempre hay un pero, ¿Qué pasa con los individuos que no sienten consideración y/o empatía? ¿Qué pasa con aquellos ‘malvados’? ¿Tenemos el derecho de intervenir en su naturaleza? ¿Podríamos ‘rescatarlos’ de su andar destructivo?

Desde la perspectiva filosófica, hay quien argumenta que la maldad es una consecuencia de la ignorancia, el sufrimiento -o las circunstancias sociales desfavorables-, y que, por lo tanto, puede ser ‘curada’ con educación, comprensión y la transformación de las condiciones sociales injustas (esta visión sugiere que la maldad no es una cualidad innata e inmutable, sino más bien un ‘producto’ de factores externos).

Por otro lado, también hay quien sostiene que la maldad es una característica intrínseca de la naturaleza humana o que surge de una falta fundamental de empatía o compasión: la maldad puede ser más difícil de ‘curar’ y, consecuentemente, requerir un cambio profundo en la psique del individuo.

Este planteamiento pudo estimular a Anthony Burgess, quien exploró temas como la voluntad, la moralidad, la libertad individual y el condicionamiento humano a través de uno de los libros más influyentes de la cultura contemporánea. Publicada en 1962, “La Naranja Mecánica” cuenta la historia de Alex, un joven delincuente que se desenvuelve dentro de un futuro distópico, y de su grupo de secuaces (los ‘drugos’), quienes se dedican a cometer todo tipo de actos violentos, robos, asaltos sexuales y agresiones.

El título hace referencia a una imagen que aparece en la historia y simboliza la idea de la apariencia externa de un ser humano sin su libre albedrío; es decir, como un ser que existe, pero no siente, como una máquina que puede ser controlada.

Basado en el ultraviolento Alex, Burgess se sumerge en cuestiones sobre la naturaleza de la maldad y si esta es curable o -al menos- moderada. En la novela, el protagonista es sometido a un tratamiento conocido como ‘Ludovico’ -parte de una solución gubernamental para reducir la criminalidad- que implica la administración de una droga experimental al sujeto, seguida de la exposición a estímulos violentos o negativos, como películas de violencia extrema.

A través de este proceso, se crea una asociación en la mente del sujeto entre la violencia y una sensación de malestar físico intenso, como náuseas extremas (Alex aprenderá a evitar comportamientos violentos en el futuro por temor a experimentar nuevamente las sensaciones negativas vinculadas). En esencia, se busca condicionar al individuo para que rechace la violencia como resultado de un mecanismo de aversión.

La cuestión central a la que Burgess apunta es, si la verdadera erradicación de la maldad es posible a través de la manipulación del comportamiento. El tratamiento ‘Ludovico’, aunque efectivo en un principio, encierra dilemas éticos y morales sobre la libertad de elegir, la autenticidad y la responsabilidad personal.

El escritor también sugiere que la verdadera ‘cura’ de la maldad -si es que existe- no puede lograrse simplemente a través de la alteración externa, sino que se trata de una iniciativa que debe nacer del individuo, de su convencimiento de querer y poder ‘cambiar’. Aunque Alex parece ‘curado’ al final del tratamiento ‘Ludovico’, la pregunta sobre si la verdadera maldad ha sido erradicada permanece abierta.

La obra de Burgess permeó a diferentes medios, siendo la adaptación cinematográfica dirigida por Stanley Kubrick en 1971 una de las versiones más conocidas. Esta película, al igual que la novela, generó una considerable controversia debido a su representación gráfica de la violencia y sus exploraciones sobre la naturaleza humana y la sociedad.

“La Naranja Mecánica” es una obra magna que tiene un impacto duradero en la literatura y la cultura contemporánea. Su exploración de temas universales, su estilo narrativo innovador, su impacto cultural y su desafío a las convenciones morales y sociales la convierten en un título digno de estudio y reflexión.

Maestras de apoyo en el autismo, claves para el proceso de inclusión

En algún momento escuchamos hablar de las “maestras sombras”, término que, con el tiempo fue evolucionando y es utilizado para referirse a la figura que ayuda a la integración socioeducativa de niños con dificultades para trabajar por sí mismos. El apoyo que brindan es fundamental para que estas personas puedan explorar el mundo con las mismas condiciones y miradas que otras.

Abril es el mes de concientización sobre el Trastorno del Espectro Autista (TEA) y, en donde todas las campañas se concentran en educar a la población sobre esta condición e incentivar a la inclusión y, una pieza fundamental de este proceso es la escuela.

La institución educativa es un ambiente que puede estar sobrecargado de estímulos para niños y jóvenes con autismo, por lo que, contar con apoyos de profesionales es imprescindible. En esta etapa aparecen las maestras de apoyo a la inclusión o integración, coloquialmente conocidas como maestras sombras.

En Paraguay, tanto en el sector público como en el privado, las maestras de apoyo cumplen un rol fundamental para que la inclusión pueda darse plenamente y que las personas con TEA sean tratadas de la misma manera que a otras, sin distinción, sin compasión ni sobreprotección.

Édgar Leiva, presidente de la asociación de TEA en nuestro país, desde su experiencia con maestras de apoyo, refirió que, uno de los aspectos más importantes que se debe lograr con ese recurso educativo es que las personas con autismo se sientan capaces y aprendan a depender de sí mismas.

Su hijo Ezequiel de 12 años, diagnosticado con autismo, durante el inicio de su etapa escolar asistió al Centro de Apoyo a la Inclusión, donde su proceso de aprendizaje fue acompañado por psicopedagogos que le brindaron las herramientas básicas de un niño con esas condiciones.

En el 2021, Ezequiel dejó de asistir al instituto y sus maestras de apoyo, desde ese momento fueron sus propias profesoras en la escuela pública a donde asiste.

“Desde el sexto grado él ya no tuvo la necesidad de irse y ahora ya no tiene maestra de apoyo como tal y es algo espectacular”, expresó a HOY/Nación Media.

La maestra sombra es un apoyo que complementa las herramientas que la institución educativa pueda otorgar a los niños, por lo que, es necesaria una comunicación entre el centro y los padres del menor, para informarle sobre el progreso del niño y sobre aquellas cosas de importancia que tengan lugar.

De acuerdo a Leiva, su hijo y su familia tuvieron una buena experiencia y un progreso al trabajar con maestras de apoyo. Ezequiel aprendió a desenvolverse correctamente y con plena autonomía.

Esta figura clave y de la que poco se habla en el proceso de inclusión, debe lograr que los niños con TEA puedan aprovechar sus fortalezas en lugar de concentrarse en sus debilidades.