Hace ocho años Sonia Doutreleau era brutalmente asesinada en su oficina

El 23 de junio de 2014 fue encontrada sin vida Sonia Doutreleau, en las oficinas de la Cámara Paraguaya del Cloro (Capaclor) ubicada en Pitiantuta casi Mariscal López, en principio se manejó la hipótesis de un asalto, pero con el correr de las investigaciones las pruebas y evidencias demostraron que todo fue un macabro plan que se venía pergeñando desde hacía tiempo.

La empresaria Sonia Doutreleau era la que manejaba la oficina de Capaclor, para llevar adelante todos los trabajos tenía algunos empleados. Los negocios parecían andar bien, pero la mujer tal vez debido a sus muchas obligaciones fue delegando algunas funciones claves en otros funcionarios y una de ellas era su secretaria Celia Maidana, quien manejaba el dinero para el pago a proveedores.

A finales de mayo de 2014 ya había un faltante de más de trescientos millones de guaraníes que Celia había desviado a espaldas de su jefa Sonia Doutreleau. Si bien la mujer iba bicicleteando las excusas con los proveedores para evitar que falte el tema del dinero, ella sabía que más temprano que tarde alguien iba a reclamar la plata e iba a quedar en una situación delicada.

Fue entonces que Celia Maidana comenzó a barajar las posibilidades para evitar que se descubra el millonario faltante. Reponer el dinero no era una de las salidas, ya que esa plata fue gastada y no tenía cómo volver a juntarla. Entre las cartas que tenía a mano, Celia eligió la peor de todas. En un arrebato de desesperación la secretaria pensó que matar a su jefa y hacerlo pasar como un robo que salió mal, era la mejor salida al problema.

El crimen perfecto

De ahí en más la mujer comenzó a formar un equipo para llevar adelante el crimen perfecto. El primer paso fue buscar al sicario, para eso contactó con María Gabriela Villalba, a quien le comentó el plan y ella le dijo que su novio Gustavo Insfrán, podría ser el asesino, ya que era barrabrava del club Cerro Porteño y de carácter muy violento, que no tenía miedo de nada, además por plata hacía lo que sea.

Gustavo Noguera, pareja de Celia, formó parte del macabro plan, ya que él también estaba interesado en que no se descubra el faltante de dinero que junto a su novia venían gastando. Finalmente el último integrante del grupo fue César Maidana, sobrino de Celia. Todos comenzaron a planear cómo cometer el crimen y cuándo hacerlo.

Una vez que se detuvo a Celia Maidana, también se incautó su teléfono celular, que fue clave para conocer los detalles del escalofriante plan de muerte que se armó. En mensajes de texto y conversaciones por WhatsApp quedó plasmado el paso a paso de cómo se armó el crimen y eso fue expuesto durante el juicio oral por lo que no quedaron dudas que la autora moral del asesinato fue Celia Maidana, el autor material fue Gustavo Insfrán y el grado de participación que tuvieron los demás detenidos.

De testigo a sospechosa

Celia Maidana, pidió que el 16 de junio se mate a Sonia Doutrelaou, porque ya era insostenible seguir mintiendo sobre el faltante de dinero y todo estaba a punto de quedar al descubierto. Pero no hubo una coordinación entre ellos y el crimen se pasó para la semana siguiente. El 23 de junio, a eso de las 10:00 la empresaria fue atacada por un hombre que estaba armado con un puñal. Sonia se defendió como pudo, pero fue asesinada de 33 puñaladas.

Cerca del mediodía se conoció la noticia del asesinato de Sonia Doutrelaou, agentes policiales llegaron hasta la sede de Capaclor y se encotraron con el horror. Celia estaba en el sitio aparentemente en estado de shock. La policía llevó a la mujer y ella dio su versión de lo ocurrido.

Celia les dijo a los investigadores que una persona tocó el timbre y que fingió ser un empleado de la ANDE que traía la factura, ella fue abrir la puerta y fue empujada por el desconocido, quien la redujo y la encerró en el baño que estaba en la planta baja del edificio, luego subió y la nivel superior y atacó a su jefa. Ella supo que mataron a Sonia, porque el hombre volvió al sanitario donde ella estaba encerrada y se sacó con agua las manchas de sangre que tenía en todo el cuerpo, luego huyó.

La secretaria no supo decir si eran uno o más hombres los que entraron a robar y mataron a la empresaria. En ese momento Celia era una testigo clave para llegar a esclarecer el crimen. Mientras la mujer daba estas declaraciones en sede policial los expertos en criminalística de la policía y la fiscalía recogían elementos de la escena del hecho.

Al día siguiente del crimen se volvió a interrogar a Celia Maidana y ella ratificó que fue encerrada en el baño y no pudo ver nada. Para ese entonces ya se había requisado la ropa que la secretaria tenía el día del hecho y para los criminalísticas no podía ser que el homicida haya entrado a higienizarse en el sanitario y la ropa de la Celia no haya sido salpicada por la sangre que el homicida se sacaba. Por eso se concluyó que ella no estuvo en ese baño encerrada.

El rol de testigo cambió rápidamente para Celia quien pasó a ser sospechosa. Se ordenó incautar el celular de la secretaría y ahí todo comenzó a tener un giro radical.

En mensajes de texto quedó plasmado cómo se organizó el retorcido plan de matar a Sonia Doutreluo y sobre todo el por qué. En cuestión de días la policía logró detener a los cinco miembros de esta improvisada banda criminal y ponerlos bajo custodia. La versión del hombre que ingresó a la fuerza al local, quedó totalmente descartada. Según los mensajes fue la misma Celia la que esperó a Gustavo Insfrán, cuando llegó le abrió la puerta y le mostró donde estaba su jefa para que la mate.

Juicio y condena

El 18 de octubre de 2016 el Tribunal de Sentencia integrado por Manuel Aguirre, Elsa García y Olga Ruiz, luego de escuchar los alegatos de la fiscalía y ver todas las pruebas presentadas contra los cinco acusados decidió que todos eran culpables, pero en diferentes grados. Para los magistrados no había duda alguna que la autora moral del hecho fue Celia Maidana y el autor material Gustavo Insfrán, por lo que ambos fueron condenados a 29 años de cárcel por el hecho de homicidio doloso agravado con fines de lucro y robo.

María Gabriela Villalba, fue condenada a 15 años de cárcel por cómplice. Gustavo Noguera y César Maidana, fueron condenados a 13 y 11 años de prisión respectivamente también en calidad de cómplices. Estas penas fueron confirmadas en todas las instancias, actualmente todos tienen condena firme y están cumpliendo sus respectivas penas.

Un paso más hacia la inclusión: proyectan película en lenguaje de señas

Este sábado en el Shopping Mariano se dará un paso trascendental en el marco de la inclusión. Se trata de la proyección de la película para niños, Zootopia 2, en modo lenguaje de señas y otros detalles para los chicos con alguna condición neurodivergente.

Por Juan Riveros (@juancitoRiveros)

“Habrá intérpretes que también serán sordos. Ellos tienen lenguajes de señas diferentes, tienen su manera más global de comunicarse, para que sea mucho más entendida y emocional la película. Es un paso más hacia la inclusión de todos”, explicó la Lic. Eliana Almeida, psicóloga clínica.

Destacó la importancia de esta función inclusiva, ya que una de sus características es que permitirá regular el sonido a medida del público, con los decibeles autorizados y luces tenues

“Quedan unas lucecitas rojas para que sea un ambiente distendido. Nos vamos acomodando a lo que pide el público”, agregó.

Asimismo, dijo que otra de las flexibilidades es el ambiente distendido para que los que necesiten moverse, lo hagan libremente.

Cabe mencionar que, estos ajustes a la cinematografía convencional, permiten que el disfrute de una película tan esperada como Zootopia 2 sea asequible para públicos anteriormente excluidos de la experiencia.

La entrada es 2x1 con todos los medios de pago a través de la app Itaú “Cinema Pop” y será proyectada en la sucursal del Shopping Mariano a las 15:30 de este sábado.

Cuando Dios parece ser tres: acusaciones de triteísmo a través de los siglos 

En casi dos mil años de debates, el cristianismo carga con una sospecha recurrente: que su idea de un Dios en tres personas roza, o cruza, la línea hacia la existencia de “tres dioses”. Esta acusación, conocida como triteísmo, marcó fuertes polémicas en la antigüedad, moldeó discusiones filosóficas durante siglos y todavía aparece en conversaciones modernas. ¿Por qué vuelve una y otra vez? ¿Qué hay detrás de esta vieja etiqueta que nadie quiere recibir?

Por Gonzalo Cáceres - periodista

El término ‘triteísmo’ es una bomba teológica: nadie quiere cargar con el estigma de romper la idea central del monoteísmo.

VIEJO PROBLEMA

Cuando uno hurga en el cristianismo primitivo se topa con un paisaje de disputas que, vistas desde hoy, parecen interminables: que si Cristo era igual al Padre, que si el Espíritu Santo tenía la misma naturaleza, que si cada persona de la Trinidad actuaba por su lado. En medio del caos, surgieron grupos que fueron acusados de triteístas.

Uno de los casos más notorios surgió en el siglo VI con Juan Filopón (filósofo alejandrino con formación aristotélica) y ciertos círculos que seguían sus ideas. Filopón hablaba de “tres naturalezas” en Dios, lo que para algunos sonaba demasiado parecido a hablar de tres seres distintos. Él insistía en que se trataba de una forma técnica de explicar las operaciones divinas, pero la etiqueta quedó. En aquellos debates, una frase mal armada podía costarle a un pensador su reputación (y hasta la vida).

RAÍCES FILOSÓFICAS

Para entender la aparición del fantasma del triteísmo hay que mirar la base conceptual de la cual disponían estos intelectuales. Varios intentaban explicar a Dios con categorías griegas, especialmente las de Aristóteles: “sustancia”, “naturaleza”, “hipóstasis”. Hoy suenan ajenas, pero entonces eran herramientas para intentar describir una “unidad divina” que, al mismo tiempo, se manifestaba como Padre, Hijo y Espíritu Santo.

El tema empezaba cuando algún osado intentaba separar demasiado los roles o las “personas”. Si el Padre generaba, el Hijo era engendrado y el Espíritu procedía, ¿eran actos independientes? ¿Podrían pensarse como centros distintos de conciencia? En cuanto la descripción sonaba un poco más individualista, los opositores salían con la acusación de triteísmo.

Es importante recordar que no se trataban de simples discusiones de merienda. La manera en que se entendía la relación dentro de la Trinidad definía la forma en que se concebía el universo, la creación, la salvación y el vínculo mismo entre la humanidad y Dios. No era un detalle técnico, sino la columna vertebral del sistema religioso.

GRUPOS SEÑALADOS

En la Antigüedad, varios monjes y obispos fueron acusados de propagar ideas “triteístas” sin quererlo. A veces se debía a un lenguaje torpe; otras, a diferencias culturales. Por ejemplo, algunos siríacos tenían una forma más concreta y narrativa de hablar sobre Dios, lo que les hacía describir las “acciones” del Padre, del Hijo y del Espíritu como si fueran casi entidades distintas. Quienes venían de la tradición filosófica helenizada entendían ese estilo con recelo.

Más adelante, durante la Edad Media, volvieron las sospechas. Hubo quien acusó a ciertos teólogos latinos de describir la individualidad del Hijo o del Espíritu. Otros señalaban a pensadores “místicos” por hablar de “la voz del Padre” o “la luz del Hijo” como si fueran entidades con agendas distintas. En cada caso, el problema era similar: la dificultad para mantener el equilibrio entre unidad y diversidad.

¿SIGUE VIVO EL TEMA?

Aunque a simple vista pueda parecer un asunto del pasado, la acusación de triteísmo sigue apareciendo en cuestiones cristianas modernas. Algunas iglesias evangélicas pentecostales, por ejemplo, fueron señaladas de hablar de las “personas” divinas como si fueran tres seres coordinados en vez de un único Dios. En Estados Unidos, ciertos predicadores famosos han tenido que aclarar públicamente que no enseñan “tres dioses”, a raíz de debates internos en sus denominaciones.

Lo curioso es que el fenómeno también se invierte: hay iglesias que acusan a otras de “ir en la otra dirección”, es decir, de borrar tanto las diferencias internas de la Trinidad que, al final, parecen reducirlo todo a una sola entidad. Este tira y afloja muestra algo simple pero profundo: la idea de Dios en el cristianismo siempre ronda un punto delicado, y cualquier énfasis demasiado fuerte puede detonar los ánimos de unos y otros.

INFLUENCIA CULTURAL

Esta discusión incluso logró permear espacios no religiosos. Filósofos contemporáneos que estudian la noción de persona y de identidad revisaron los textos de teólogos triteístas para entender cómo concebían la relación entre individuos y comunidad. Algunos ven en estas discusiones tempranas un antecedente -muy indirecto, claro- de debates actuales sobre la conciencia y la mente.

También aparecen paralelos culturales: en Latinoamérica, donde las prácticas devocionales suelen estar llenas de imágenes, rituales y figuras, ciertos observadores externos creen ver señales de “tres dioses” incluso sin conocer la teoría. En cambio, muchos creyentes ni siquiera sienten esa tensión (para ellos, la Trinidad es una manera de expresar cercanía).

ETERNA TENSIÓN

Entonces, ¿el cristianismo estuvo alguna vez a punto de caer en el triteísmo? La respuesta, como tiende a suceder en los debates complejos, no es tan sencilla. Hubo quienes se acercaron peligrosamente en su lenguaje; también quienes fueron malentendidos. Hubo quienes, simplemente, tenían otra manera de hablar de Dios (según su contexto cultural). Pero lo cierto es que la sospecha nunca desapareció.

Cada época reabre la discusión a su tono y manera. Un sermón, una definición teológica, una comparación mal calibrada, un debate en redes sociales. Basta con un empujoncito para que vuelva la vieja pregunta de si el cristianismo cree, en la práctica, en un solo Dios o en tres. Y quizá esa persistencia dice algo importante: la idea de la Trinidad no es una fórmula inquebrantable, sino un esfuerzo siempre vivo por describir un misterio que, hasta hoy, sigue desafiando incluso a quienes lo defienden con más pasión.

“No quiero ser fit”: el cansancio de miles de mujeres y el debate sobre la presión estética

La coach fitness Guise Dancuart rompió esquemas con su primer libro, “No quiero ser fit”, una obra sincera y directa que cuestiona la obsesión por la perfección y reivindica el amor propio. El lanzamiento se agotó en menos de un mes y ya prepara su versión digital.

Lo que comenzó como un proyecto íntimo terminó convirtiéndose en un fenómeno inesperado. Guise Dancuart, entrenadora, atleta y creadora de contenido, lanzó 100 copias de su primer libro, sin imaginar que desaparecerían de las estanterías en pocas semanas.

“Fue un proyecto hecho con muchísimo amor. Pensé en 100 copias y se agotó rapidísimo”, contó en el programa Residentas del canal GEN. “Los mensajes y el feedback que recibí valieron totalmente la pena”.

Pero más allá del éxito editorial, la obra plantea un mensaje poderoso, que consiste en la renuncia a la necesidad de encajar en un modelo de mujer perfecta que se exige desde redes, el entorno y, sobre todo, desde la propia mente.

Guise explica que el nombre del libro surgió de cientos de conversaciones con mujeres que cargan con una presión silenciosa, como ser madre perfecta, profesional perfecta, pareja perfecta y encima, tener el cuerpo perfecto.

“Llega un punto donde decís: ‘yo no quiero ser fit, ya está’. Porque ese ideal de perfección no existe”, afirma. Cuando esa exigencia cae, aparece otra trampa: el descuido.

“Al dejar de lado la idea de perfección, muchas entran en un abandono que termina erosionando el amor propio. Y todo empieza a relacionarse solo con el físico, cuando en realidad es algo espiritual, emocional”.

La autora también analiza cómo las comparaciones en redes sociales destruyen la autoestima. “Vivimos comparándonos con historias de 15 segundos. Con una chica que ya entrenó, desayunó perfecto y está impecable a las 5 de la mañana… y vos estás en bata, con tu café. Compararte con eso es perder siempre”.

Peor aún, también muchas se comparan con “la mujer que fuimos antes”, una versión pasada idealizada que ya no existe.

El libro aborda uno de los puntos más sensibles, que es la forma en que las mujeres se hablan a sí mismas. “Hay cosas que nos decimos que jamás le dirías a tu mejor amiga. ‘Soy fea’, ‘esto no es para mí’, ‘que mal me queda esto’. ¿A quién le dirías eso? ¿Por qué te lo decís?”, cuestiona Guise.

Cada capítulo propone ejercicios, mantras y reflexiones para reconectar con el cuerpo desde un lugar de respeto y bienestar, no desde la crítica. “El fitness y el wellness son una búsqueda de equilibrio personal, no algo para mostrar en Instagram ni para complacer a nadie. Es lo que te hace bien a vos”, agrega.

Guise insiste en una verdad que incomoda, pero libera: que cualquier proceso de cambio va a doler. “La gente viene un día al gimnasio, le duele y no vuelve. Pero los momentos incómodos son parte de la vida. Y son los que más enseñan”.

Subraya que no se trata de entrenar horas, sino de comprometerse con uno mismo. “Si solo podés cuatro minutos, hacé cuatro minutos. Con el tiempo serán diez, quince, veinte. La clave es honrar tu palabra”, resalta.

También invita a dejar la fantasía de que todas las mujeres deben lucir igual. “Me dicen ‘quiero tu panza’. Y yo les digo: ‘Mi panza no vas a tener nunca, porque vos tenés la tuya. Busquemos la mejor versión de la tuya’”.

Dancuart vive un estilo de alimentación disciplinado hace más de 10 años, y comparte recetas simples y accesibles para derribar mitos.

“Cuando empecé, comer avena era de gente enferma. Hacer mantequilla de maní en casa, un delirio. Hoy por suerte ya no. Me gusta mostrar que la comida saludable puede ser rica, fácil y con ingredientes que encontramos en cualquier súper”.

La autora analiza lanzar una nueva tirada del libro y adelantó que prepara una versión digital para ampliar su alcance.