La cita amorosa en un motel que terminó en un baño de sangre

Una joven pareja ingresó a un motel en la ciudad de Areguá para pasar un momento íntimo, pero en realidad solo ellos dos saben lo que ocurrió en esa habitación, en la que ambos perdieron la vida hace 12 años y en la actualidad hay más preguntas que respuestas.

Marco Aurelio García Mayo (19) y su novia Laura Penayo Lugo (18) tenían poco más de un año de noviazgo, él ya terminó el colegio y estaba en la Facultad, ella estaba en su último año escolar, pero no todo era color de rosa en la pareja. La familia de la chica al parecer no aceptaba la relación y no veía con buenos ojos a Marco Aurelio, de quien decían que era depresivo.

El 29 de septiembre de 2010 la pareja que residía en Luque tomó un taxi que los llevó hasta Areguá donde a eso de las 9:00 ingresaron al motel “The Wolf”, ubicado en Valle Pucú. Lo que parecía una cita más entre los jóvenes terminaría en tragedia. A eso de las 12:00 el varón llamó a la recepción y pidió unas cervezas, ya eran las 16:00 y desde la habitación Nº 6 ya no se reportaron noticias.

Fue entonces que una funcionaria del motel llamó insistentemente a la habitación desde la cual nadie respondía, tampoco se escuchaba conversación alguna. Se estaba haciendo de noche y los administradores del sitio llamaron a la policía para reportar que una pareja entró hace más de ocho horas y no responden. Una patrullera llegó al sitio y los agentes también golpearon la puerta de la pieza donde estaba la pareja, pero no hubo respuestas, había un extraño silencio, la televisión estaba apagada y no se escuchaba música. Se comunicó el hecho a la fiscala Celeste Campos Ross quien estaba de turno y ella ordenó que se abra la puerta a la fuerza.

Con una potente patada un policía rompió la tranca que tenía la puerta y allí estaban los novios, muertos. Laura estaba acostada en la cama presentaba una herida de arma de fuego en la cabeza, mientras que Marco Aurelio tenía medio cuerpo en la cama en su mano derecha estaba un revólver Magnum .357 y presentaba una mortal herida en la cabeza.

A primera vista todo hacía suponer que el joven mató a la chica y luego se sacó la vida. La incognita que se tenía y hasta hoy persiste es si el hecho fue premeditado, si Laura estaba de acuerdo en poner fin a sus vidas o si fue un asesinato y posterior suicidio.

Mensajes de texto

De la escena del crimen se levantó el arma de fuego y los celulares de las víctimas. Este último elemento fue el que trajo un poco de luz al caso, ya que los mensajes de texto que Marco Aurelio le enviaba a su novia denotaron que el joven estaba pasando por un estado depresivo, al parecer por el rechazo que tenía familia de Laura hacía él.

Laura Penayo era una joven proveniente de una familia humilde de Luque, en contrapartida Marco Aurelio García venía de una cuna más pudiente. Los padres de la joven al parecer no veían con buenos ojos la relación de ambos. Eso atormentaba a Garcia, quien en sus mensajes enviados a Laura siempre demostraba insatisfacción, rayando con situaciones depresivas y de gran amor hacía ella.

Del arma con que se cometió el crimen y posterior suicidio, se habló en uno de los mensajes donde García le comentó que ese revólver era de su padre y al parecer se lo sacó para llevar al último encuentro que tuvieron y que marcó el trágico final.

La verdad de lo ocurrido nunca quedó en claro en los mensajes rescatados por los investigadores, si bien habían textos alarmantes y extremistas ninguno pudo describir que los novios tenían la intención de llegar a este final luctuoso.

Solo Laura y Marco Aurelio, saben lo que los llevó a ir a ese motel y terminar con sus jóvenes vidas de la peor manera. Tal vez el final fue consensuado entre ambos, tal vez no, pero eso nunca se supo, ni se sabrá. Pasaron 12 años del hecho y las preguntas siguen dando vueltas en el ambiente.

Terapia de pareja: cuando el amor sigue, aunque la convivencia ya no alcanza

Pedir ayuda antes de llegar al límite puede evitar que una crisis de pareja se convierta en una ruptura.

La psicóloga y especialista en terapia de parejas Laura Torres de Vázquez habló en el programa Residentas, del canal GEN, sobre las señales que deberían llevar a una pareja a consultar, la importancia de trabajar individualmente y juntos, los desafíos que aparecen con los hijos y una clave que suele perderse en medio de las discusiones, que es la de volver a mirar lo bueno que hizo que dos personas se eligieran.

En nuestro país todavía existe cierta resistencia a pedir ayuda profesional cuando una relación atraviesa dificultades. Muchas parejas llegan a terapia cuando el conflicto ya está instalado, después de años de discusiones, distanciamiento o falta de comunicación. Para la licenciada Laura Torres de Vázquez, psicóloga y especialista en terapia de parejas, esperar hasta ese punto puede hacer que el camino sea mucho más difícil.

La profesional comparó con acudir al dentista cuando el dolor ya resulta insoportable. Con las relaciones puede ocurrir algo similar. La recomendación es consultar cuando aparecen las primeras señales de incomodidad, desconexión o distanciamiento.

“Más vale llegar un año antes que un día después”, explicó al recordar una frase que suele utilizar en otros ámbitos de la orientación familiar. No hace falta esperar a que una pareja esté al borde de la separación para buscar herramientas que permitan mejorar el vínculo.

¿Hay que llegar juntos a terapia?

Una de las dudas más frecuentes tiene que ver con la modalidad de las sesiones. Torres de Vázquez explicó que una terapia de pareja puede incluir encuentros conjuntos y también sesiones individuales.

Cuando el conflicto está muy avanzado, puede ser conveniente que cada integrante tenga inicialmente un espacio separado para expresar aquello que le cuesta decir frente al otro. En otros casos, ambos pueden comenzar directamente juntos.

La presencia de los dos en una sesión también permite al profesional observar aspectos de la comunicación que no aparecen necesariamente en el relato verbal, por ejemplo, cómo se sientan, la distancia que mantienen, si existe contacto visual, cómo reaccionan ante determinadas respuestas y cuál es la dinámica que se genera durante una conversación.

Las sesiones individuales también cumplen una función importante. Existen temas que una persona puede necesitar abordar en privado y que quedan protegidos por la confidencialidad profesional.

El objetivo no siempre es separar

La terapia de pareja tiene como primer objetivo intentar recuperar y fortalecer la relación cuando existe voluntad de ambas partes.

Torres explicó que si durante las primeras sesiones observa que existe margen para trabajar, plantea un camino concreto. Si considera profesionalmente que la relación ya no tiene posibilidades de reconstruirse, también está dispuesta a comunicarlo.

Para quienes deciden intentar recuperar el vínculo, plantea tres condiciones fundamentales.

La primera es querer de verdad. No alcanza con asistir a las sesiones. Hace falta estar dispuesto a realizar cambios y asumir que el proceso requiere esfuerzo.

La segunda es trabajar sobre uno mismo. Cada integrante debe identificar aquello que le corresponde modificar. La terapia no consiste en llegar para enumerar los defectos de la pareja y esperar que el otro cambie.

La tercera es la constancia. Así como una persona no puede esperar resultados físicos yendo al gimnasio de manera esporádica, una relación tampoco cambia de un día para otro. La continuidad y el compromiso son parte del proceso.

“Yo estoy bien, el problema es ella”

En el consultorio aparece todo tipo de situaciones. La entrevistada contó que en ocasiones uno de los integrantes llega convencido de que no existe ningún problema.

También ocurre que una persona lleva mucho tiempo señalando una situación a su pareja y recién durante la terapia el otro logra comprender el problema.

La función del terapeuta consiste también en ayudar a identificar emociones más vulnerables que muchas veces están debajo de conductas que terminan dañando a uno o a ambos integrantes de la pareja.

La especialista aclaró, además, que, si una de las dos personas no quiere participar ni trabajar en el proceso, la terapia de pareja no llegará a buen puerto.

La terapia antes del matrimonio

Para Torres de Vázquez, buscar orientación durante el noviazgo puede ser una decisión especialmente valiosa.

La especialista trabaja también con procesos de preparación para el matrimonio y relató que ya acompañó a parejas que, después de realizar este tipo de proceso, decidieron no casarse al ver que realmente no eran compatibles o no buscaban lo mismo.

Un dato no menor que dio la experta es que no necesariamente implica que exista falta de amor. Una persona puede querer profundamente a otra y, al mismo tiempo, descubrir que no existe compatibilidad suficiente para construir una vida juntos.

“Querer a alguien no es suficiente”, subrayó.

El enamoramiento también cambia con el paso del tiempo. La convivencia, las responsabilidades, las diferencias de carácter y la llegada de los hijos transforman la dinámica de una pareja, según recordó.

“Cásate y verás… hijote y verás”

La llegada de los hijos representa uno de los mayores desafíos para una relación. “Está la frase ‘cásate y verás’, pero mi esposo suele decir ‘hijote y verás’”, refirió.

Con los hijos aparecen nuevos roles, menos tiempo a solas, cansancio y una nueva manera de organizar la vida cotidiana. Los primeros años pueden ser especialmente absorbentes y todo esto requiere un periodo de adaptación.

Una de las claves, según la especialista, consiste en fabricar espacios para la pareja. No esperar que esos momentos aparezcan espontáneamente, sino construirlos de manera consciente.

Los hombres no son adivinos

Uno de los puntos que Torres de Vázquez abordó con humor fue la diferencia en las formas de comunicación dentro de la pareja.

Muchas veces las mujeres esperan que el hombre entienda determinadas necesidades sin necesidad de explicarlas. La especialista recomendó abandonar esa expectativa y aprender a comunicar de manera directa, clara y específica.

Lo que para uno es obvio, para el otro puede no serlo. Por eso, pedir de manera concreta puede evitar una gran cantidad de malentendidos.

La especialista también instó a aceptar que la otra persona puede hacer algo de una manera diferente a la que nosotros imaginamos. “Hace lo que vos le pedís, pero no lo hace como vos querés”, resumió.

Ahí aparece otra fuente frecuente de conflictos, que es exigir que el otro cumpla una tarea exactamente de la manera en que nosotros la hubiéramos hecho.

Elegir las batallas y aprender a soltar

En una relación de muchos años existen discusiones inevitables. Para Torres, una pareja también necesita aprender a elegir sus batallas.

Hay situaciones que necesitan ser conversadas y otras que pueden dejarse pasar. La acumulación de reclamos también desgasta. Recordar permanentemente aquello que ocurrió la semana pasada, el mes anterior o años atrás puede convertir cada discusión en una lista interminable de errores.

“Hay que soltar”, planteó. Aunque soltar tampoco significa ignorar los problemas importantes, aclaró. Significa aprender a distinguir qué merece una conversación, qué requiere un límite y qué puede dejarse atrás para continuar construyendo la relación.

Volver a mirar por qué elegimos a esa persona

Hacia el final de la entrevista, la especialista dejó una reflexión que resume buena parte de su mirada sobre el matrimonio y las relaciones.

Cuando una pareja atraviesa una crisis, es muy sencillo concentrarse en todo aquello que molesta. Los defectos se vuelven más visibles y aquello que alguna vez generó admiración puede quedar relegado.

Por eso, propone volver a poner el foco en lo positivo. “Por algo le elegimos a esa persona”, señaló.

El matrimonio y las relaciones de largo plazo también implican recordar qué hizo que dos personas se eligieran y reconocer aquellas características que todavía hacen que la vida compartida sea mejor.

Y recordó que pedir ayuda no significa que una pareja haya fracasado. Puede significar exactamente lo contrario: que todavía existe algo que ambos consideran suficientemente valioso como para intentar cuidarlo.

La licenciada Laura Torres de Vázquez comparte contenidos y orientación sobre relaciones de pareja y familia a través de sus redes sociales: @lauTorresVázquez.

La delgada línea entre las emociones y la comida: por qué la nutrición exige psicología

La nutricionista Lic. Carina Díaz advierte sobre los riesgos de las dietas extremas y la importancia de tratar la salud mental para evitar que la comida se convierta en una obsesión o en un refugio ante los problemas cotidianos.

Por Silvia Aguilar Ramos

En una sociedad donde las exigencias estéticas y los ritmos de vida acelerados marcan el día a día de una persona, la relación con la comida se volvió cada vez más compleja.

Lejos de ser una simple necesidad biológica, el acto de alimentarse está profundamente ligado a nuestras emociones, según explica la nutricionista Lic. Carina Díaz, quien propone una mirada integral de la salud donde la nutrición y la psicología deben caminar de la mano siempre.

LA SALUD MENTAL EN EL CENTRO DE LA MESA

Para la licenciada Díaz, la realidad actual es contundente: hoy en día todos necesitamos psicología.

La profesional señala que, históricamente, no se le dio la importancia que realmente merece a la salud mental, a pesar de que cada persona carga con un complejo abanico de problemas, ya sean laborales, de salud o familiares.

El peligro radica en qué hacemos con esa carga emocional. Ante la falta de espacios o de profesionales que escuchen y aconsejen, el ser humano busca vías de escape.

“Muchas veces, en vez de volcar nuestro problema y encontrar a esa persona que te escuche, lo hacemos con la comida”, explica Díaz en conversación con la 650 AM.

Esta forma de canalizar las emociones en el plato puede manifestarse en dos extremos igualmente dañinos: por un lado, personas que dejan de comer cuando atraviesan dificultades y, por el otro, el desarrollo de conductas obsesivas.

Por este motivo, la nutricionista enfatiza que abordar la nutrición junto a un psicólogo es fundamental en la actualidad, para que no se vuelva una obsesión.

EL PELIGRO DE LOS EXTREMOS Y LA BÚSQUEDA DEL EQUILIBRIO

Esta obsesión de la que advierte la nutricionista también se ve influenciada por la popularización de regímenes restrictivos que descuidan el bienestar emocional y social de las personas.

Al ser consultada sobre tendencias como la dieta keto (cetogénica), la especialista fue muy clara con su respuesta: “Yo personalmente soy fan de las cosas que van a durar para siempre. Y la dieta keto no es una dieta sostenible en el tiempo”.

Si bien reconoce que existen patologías específicas que se benefician de ella bajo evidencia científica, Díaz se declara partidaria del equilibrio.

Desde su perspectiva, los macronutrientes (carbohidratos, proteínas y grasas) fueron creados para trabajar en conjunto y rinden mucho mejor de esa manera que separados.

Además, la especialista destaca que la alimentación tiene un componente cultural y social que no se puede ignorar sin afectar la salud mental del paciente.

“Nosotros, los paraguayos, somos personas que siempre estamos festejando alrededor de la comida. Cualquier excusa es buena para hacer un asado”, ejemplifica.

Someterse a planes extremadamente estrictos en los que solo se permite comer carne termina aislando socialmente a la persona.

HACIA UNA NUTRICIÓN MÁS HUMANA

La propuesta de la Lic. Carina Díaz invita a un cambio de idea. La nutrición ya no puede entenderse únicamente como el conteo de calorías o la eliminación de grupos de alimentos.

Para lograr un bienestar real y duradero, es fundamental entender qué nos pasa por dentro, aprender a gestionar las emociones sin usar la comida como escudo y diseñar hábitos sostenibles que respeten tanto nuestro cuerpo como nuestra mente.

Sobre el arquetipo del Dios resucitado

¿Por qué las distintas culturas inventaron, desarrollaron y creyeron en historias tan parecidas? La respuesta no está en los cielos ni bajo el suelo, sino en nosotros mismos.

Por Gonzalo Cáceres - periodista

Al ser humano le aterra pensar en el final, porque cuando la biología nos enfrenta con el más inexorable de los destinos, algo se rebela en nuestro subconsciente. No queremos dejar de existir; esa es la premisa que impulsa todo accionar y suspiro. De esa resistencia nace el arquetipo universal de la civilización; el Dios, héroe y/o profeta que es capaz de levantarse de entre los muertos.

La muerte no es el final: la misma convicción, una y otra vez, en civilizaciones separadas por miles de kilómetros, océanos y hasta milenios enteros. Se trata del testigo de la revelación divina que genera pasiones en medio de su trágico desenlace. La historia no termina ahí: ese personaje escapa del gélido abrazo de la parca y vuelve para elevarse a través de la promesa definitiva.

AGRICULTURA Y EL CICLO DE LA VIDA

Para entender la concepción de esta idea hay que analizar el modo de supervivencia de las primeras comunidades humanas sedentarias. Según el escritor, historiador y catedrático israelí, Yuval Noaḥ Harari, antiguamente todo dependía del clima y la tierra (una mala cosecha era casi una sentencia o el cruel incentivo para migrar hacia otras regiones), por lo que los primeros agricultores desarrollaron un entendimiento del ciclo de la vida: las semillas se enterraban en la tierra oscura, se pudrían bajo el barro y parecían muertas durante el invierno. Así, en contadas semanas, ese mismo suelo dejaba salir un brote verde. Para explicar ese ‘milagro’ cotidiano se fueron creando personajes sobrenaturales que hacían exactamente lo mismo que las plantas.

Entonces, veamos algunos ejemplos.

Conforme indica la rica mitología egipcia, Osiris fue el rey supremo de Egipto y quien instruyó sobre agricultura a los hombres. Sufrió a su envidioso hermano Set, quien lo engañó, asesinó y desmembró su cuerpo en catorce pedazos que ocultó por todo el país. La compañera de Osiris, Isis, ubicó cada parte, las unió con vendas y mediante magia le devolvió el aliento de vida.

Osiris no volvió a caminar entre los vivos, sino que se convirtió en el rey de la versión egipcia del inframundo. Esta historia tiene doble significado; por un lado, trata de explicar la crecida anual del río Nilo, que llena de barro fértil los campos secos, haciendo posible abundantes cosechas en tan extrema zona. También, daba esperanza a los creyentes: si Osiris pudo rearmar su cuerpo y vencer a la muerte, las personas que siguieran los ritos adecuados también podrían vivir para siempre en el más allá.

En la zona de los ríos Tigris y Éufrates, donde se localizan las primeras proto-civilizaciones y centros urbanos conocidos en toda la historia humana, la gran preocupación era la sequía. Y la historia/mito/leyenda de Tammuz era la forma que tenían los habitantes de la antigua Mesopotamia de entender los cambios de estación y sus consecuencias.

Tammuz era el dios de los pastores y la vegetación. Su pareja, la diosa Inanna, decidió bajar al reino de los muertos, pero quedó atrapada. Para salvarla, Tammuz acordó pasar seis meses en la oscuridad del mundo inferior y los otros en la tierra. Cada vez que Tammuz bajaba, el calor marchitaba los campos y los animales dejaban de reproducirse. Cuando regresaba, las lluvias se hacían sentir en toda su gloria, la hierba crecía de nuevo y la vida florecía.

Por su parte, los griegos tenían al buen dios del vino, Dionisio. Según la épica helena, cuando era un niño, unos titanes lo despedazaron y se lo comieron. Sin embargo, su corazón fue rescatado y Dioniso volvió a nacer del muslo de su padre, el todopoderoso Zeus.

Los griegos plasmaron en Dionisio la fuerza de la vida que no se puede apagar (la uva se aplasta para fabricar vino, pero la planta vuelve a dar frutos la temporada siguiente).

En Fenicia y Siria existía la figura de Adonis, muy parecida a la de Dionisio. Adonis era un joven cazador de gran belleza que falleció al ser atacado por un jabalí. La diosa del amor, Afrodita, lloró tanto su pérdida que los dioses permitieron que Adonis pasara parte del año en el mundo de los muertos con Perséfone y la otra en la superficie. Su regreso coincidía con el inicio de la primavera.

DE LA NATURALEZA A LA SALVACIÓN DEL ALMA

Con el paso de los siglos, las ciudades crecieron y prosperaron y las personas empezaron a filosofar sobre cuestiones que nada tenían que ver con las cosechas. El arquetipo del Dios resucitado había mutado de enfoque: dejó de ser el argumento sobre las plantas y se convirtió en una respuesta al miedo a la nada. La discusión se centró en lo que sucede con cada persona cuando le llega su hora.

Es así que llegamos al caso iranio. Mucho antes de la influencia romana, en Persia se adoraba a Mithra, un dios asociado a la luz y el fuego. Según las tradiciones de su culto, Mithra nació de una roca y tuvo grandes hazañas, entre ellas sacrificar a un toro sagrado cuya sangre dio vida al universo.

Después de completar su misión en la tierra, Mithra compartió una última cena con sus compañeros y subió al cielo en un carro de fuego. Sus seguidores creían que Mithra no había desaparecido, sino que velaba por ellos desde las alturas. Prometía que, al final de los tiempos, regresaría de entre los muertos y otorgaría la vida eterna a quienes hubieran sido honestos y valientes.

Y el ejemplo más conocido por el mundo occidental; Jesús de Nazaret. A diferencia de Osiris o Dioniso, cuyas historias se situaban en un tiempo mítico, la historia de Jesús se localiza en un momento y lugar muy concretos: la agitada provincia romana de Judea en el siglo I.

Jesús fue condenado a morir en la cruz; un castigo cruel, humillante y de carácter público. Su martirio y posterior fallecimiento fueron atestiguados por multitudes, pero tres días después, sus seguidores afirmaron que el sepulcro donde depositaron sus restos estaba vacío.

La tradición indica que Jesús reapareció en contados momentos, comió con su gente y les mostró sus heridas antes de subir a los cielos. La gran novedad que trajo el relato cristiano fue que la resurrección no era exclusiva de los dioses, sino una promesa directa para toda la humanidad: el amor, el perdón y el bien podían vencer a la muerte física.

Más o menos por los mismos años en que se atestigua al Jesús histórico, existió un filósofo llamado Apolonio de Tiana. Este sabio neopitagórico recorrió el Imperio Romano y otros lugares distantes; como la India, Persia y Babilonia, haciendo discursos sobre la virtud, curando a enfermos y defendiendo a los desfavorecidos.

Se cuenta que Apolonio profetizó con la célebre frase “algo grande sucederá y no sucederá” y le dieron facultades de escapista profesional al no haber cadena de la que no pueda zafar. También se le imputó algún que otro milagro. Cuando murió, surgieron múltiples relatos sobre él: se decía que ingresó a un templo cuyas puertas se cerraron solas y se escucharon voces celestiales. Más tarde, se dijo que habría aparecido ante varios de sus discípulos para convencerlos de que el alma no muere y que él había pasado a una existencia superior.

Debido a su vida austera y a impresionantes decisiones (como renunciar a la fortuna familiar), para muchos ciudadanos de Roma, Apolonio fue la prueba de que el hombre podía superar los límites de la carne.

Al otro lado del océano, en el continente americano, la cultura tolteca -y más tarde la azteca- adoraba a Quetzalcóatl. La serpiente emplumada era un dios que trajo las artes, la agricultura y la moral a su pueblo. En sintonía con el mito de Osiris, Quetzalcóatl sintió gran vergüenza al ser engañado por sus enemigos y por ello decidió abandonar su reino. Llegó a la costa del mar, se vistió con sus mejores galas y se prendió fuego en una pira funeraria. De sus cenizas volaron aves de hermosos colores y su corazón subió al cielo para convertirse en el planeta Venus (la estrella de la mañana).

Quetzalcóatl prometió que volvería algún día del oriente para restaurar la justicia y la paz, una creencia que marcó profundamente la historia de la región, al compararse con el dogma católico durante la conquista.

La necesidad de creer en la victoria sobre la muerte tuvo su propio capítulo en tiempos más recientes. En el siglo XVII, en el Imperio Otomano, un hombre llamado Sabbatai Zevi afirmó ser el Mesías esperado por el pueblo judío. Consiguió miles de seguidores entusiasmados en toda Europa y Oriente Medio. Cuando las autoridades turcas lo arrestaron y lo obligaron a convertirse al islam bajo amenaza de muerte, muchos sufrieron una gran decepción.

Un grupo numeroso de seguidores de Sabbatai se negó a aceptar la realidad. Aseguraban que la conversión era solo una apariencia, una especie de muerte simbólica, y que Sabbatai volvería pronto con todo su poder para salvar al mundo.

MISMA ILUSIÓN, DISTINTO NOMBRE

El arquetipo del Dios resucitado busca consuelo frente al mayor de los temores.

Hoy en día el paradigma cambió; quizás no tanto de fondo, sino de forma. Cada vez son más las personas que ya no van a los templos ni creen en los relatos de la tradición. Igual, el deseo de “ser eterno” continúa en el mismo lugar.

Actualmente, intentamos zafar de la muerte a través de la ciencia y la tecnología. Cambiamos las oraciones por los laboratorios y los altares por las pantallas. Se habla de congelar nuestros cuerpos para despertar en el futuro, de modificar nuestros genes, de detener el envejecimiento o de copiar los recuerdos y la mente en una computadora para vivir dentro de una red digital. En esencia, el objetivo es el mismo.

El ser humano está convencido de que, si en el pasado creímos que los dioses podían vencer a la muerte, hoy nosotros deberíamos ser capaces de encontrar la forma de hacer lo mismo.