Una dulce acción que alimenta a decenas de perros y gatos en Loma San Jerónimo

A diario unos 45 perros y gatos, logran alimentarse mediante la acción solidaria de dos mujeres del barrio Loma San Jerónimo. Ambas se dedican a la elaboración y venta de tortas y otros productos dulces, con los cuales compran los balanceados para los animales en situación de calle.


Fuente: Por Juan Riveros (@juancitoriveros)

Por Juan Riveros (@JuancitoRiveros)

Lourdes Bael, es una de las precursoras de esta actividad que lleva ya más de 6 años. Comentó que todo inició cuando abrió su pizzería “La Candela” en el barrio Loma San Jerónimo, junto con una amiga. El lugar era constantemente visitado por dos perros que se acercaban al momento del cierre del local para recibir un poco de comida.

A estos dos perros, fueron sumándose también otros caninos y también gatos. Con el correr de los meses, los animales a los que había que dar de comer, crecieron en cantidad y por ende, los gastos de alimentación aumentaron.

Fue allí que nació la idea de Lourdes, de ofrecer una promoción que ayude a cubrir los gastos de la alimentación de los animales. El cliente que se acercara con una bolsa de balanceado, tenía como beneficio una pizza a mitad de precio. La iniciativa tuvo gran éxito y con eso se logró juntar una gran cantidad de productos para dar de comer a los perritos y gatitos.

Pero los gastos no solo son para la alimentación, sino también para la medicación y castración de los animales, que en su mayoría están en situación de calle. Todo se fue llevando gracias al apoyo de la ciudadanía y también la colaboración de algunas organizaciones animaleras.

Sin embargo, el negocio de la pizzería tuvo un brusco cambio con la pandemia. Las ventas bajaron y se volvió insostenible el local, hasta que Lourdes y su amiga decidieron cerrar y dedicarse a otro rubro: el de la venta de tortas y dulces. Siempre con el firme objetivo de seguir dando de comer a los animalitos.

Hoy a casi un año de dicho cambio, siguen las promociones en beneficio de los animales. Los productos estrellas que están ofreciendo son la “Torta tres leche” y los “Chocolates en frascos”, cuya gran parte de la ganancia es destinada para la compra de los balanceados.

Lourdes explicó que la venta en el mes de mayo no fue la esperada, por lo que se propuso repuntar en estos días y lograr juntar la cantidad de dinero necesario para la compra suficiente de balanceados para todo junio.

Mencionó que en promedio para alimentar a los perros durante todo el mes, se necesitan unos 75 a 90 kilogramos de balanceados y 50 a 70 kilogramos para los gatos.

Lourdes agradeció el apoyo que recibe de toda la ciudadanía con sus aportes para los animales y sostuvo que mediante la solidaridad de la gente es que todavía está pudiendo dar de comer a los perritos y gatitos.

El número telefónico para realizar los pedidos de tortas y dulces, así como para colaborar con la compra de balanceados es el (0981) 232 749.

 

14.000 contra 200: la tenaz resistencia de seis días que evitó la derrota paraguaya

Rodeados, heridos y sin comida, munición ni agua. Conoceremos a través de Martín Ortíz Jiménez, y sus descendientes, la historia de los 200 paraguayos que contuvieron dos columnas bolivianas durante seis interminables días en un paraje denominado Reducto Cabo Cabral, evitando -sin saber- un golpe que pudo ser mortal para el Ejército nuestro en el marco de la batalla de Cañada Strongest, en la Guerra del Chaco.

Por Gonzalo Cáceres - Periodista

De la contienda que enfrentó a paraguayos y bolivianos hace más de 80 años en el ‘infierno verde’ aún brotan emocionantes historias. Historias que merecen ser divulgadas y reconocidas como justo homenaje para aquellos que hicieron el mayor de los sacrificios.

Preste atención que descubriremos uno de los episodios más gloriosos del abnegado espíritu paraguayo en el conflicto chaqueño.

MARTÍN

Muchos de los soldados del Ejército Paraguayo eran muy jóvenes, o con bastantes inviernos a sus espaldas, para combatir en tan inhóspito escenario y en circunstancias más que exigentes. El implacable Chaco rendía honor a la temible fama que se ganó gracias a su clima extremo, su flora y fauna, y las dificultades propias del terreno.

De entre aquellos abnegados hombres se destacó un chico moreno, delgado y de talla mediana, oriundo de San Ignacio-Misiones. Su nombre: Martín Jiménez.

Cuentan que Martín era visto como el ‘hermanito’ de la RI-16 ‘Mariscal López’, pero sorpresa de su oficial, el capitán Joel Estigarribia, hacía gala de polenta a la hora de sacarle el jugo a la ametralladora, como ningún otro operario.

Martín llevaba ya un tiempo en campaña, protagonizando escaramuzas donde mostró su valía. El chico se había ganado el respeto de los suyos repeliendo a plomazo limpio las arremetidas del enemigo. Fue tal su efectividad que se desplazaba libre en las marchas mientras que su pesada arma era trasladada por sus compañeros, de picada en picada, abriéndose paso por kilómetros y ante la amenazante presencia del enemigo.

Hasta que llegó el día que lo cambió todo…

EL CONTEXTO: LA TRAMPA BOLIVIANA

El Ejército paraguayo planeaba cercar al Segundo Cuerpo boliviano en el fortín Ballivián. La idea pasaba por aislarlo del grueso de sus fuerzas y así forzar una rendición. Parecía factible, en los papeles previos.



El movimiento comenzó a finales de abril de 1934, pero la 7ª y 2ª División del Ejército paraguayo ignoraban que a esa altura los bolivianos ya habían descubierto sus intenciones. La 8ª División boliviana fue utilizada como carnada, lo que hizo que –al avanzar-, los paraguayos quedasen en medio de la 9ª, 8ª y 3ª Divisiones enemigas. La jugada de los bolivianos tenía tufo a masacre porque el comando paraguayo mordió el anzuelo.

A mediados de mayo, la reforzada 9ª División boliviana (6 regimientos, con una batería, más un cuerpo de zapadores -unos 14.000 hombres-) marchó en dos columnas hacia la retaguardia de las dos Divisiones paraguayas. Por el norte, y en la retaguardia de la 2ª División paraguaya, avanzaron dos regimientos de la 3ª División boliviana, que tenían la misión de unirse a las columnas de su 9ª División.

La planificación boliviana rozaba la perfección, pero -para fortuna de las tropas paraguayas- la ejecución tuvo falencias. Aquellas dos columnas de la 9ª División boliviana habían revelado su posición.

EL BATALLÓN DE ESTIGARRIBIA

El comando paraguayo creyó que la fuerza enemiga detectada no era nada más que una columna menor. Al efecto, se envió a la RI 16 ‘Mariscal López’ a su intercepción. El batallón comandado por Joel Estigarribia propició el primer encontronazo, al tiempo de constatar la gravedad de su situación (no se trataba de un número menor) y que había sido rodeado.



Por ello, y ante semejante desventaja, el batallón del capitán Estigarribia se atrincheró en un inasequible paraje conocido como Reducto Cabo Cabral. Quedó encerrado en medio de esas importantes fuerzas bolivianas que -sin necesidad estratégica alguna- buscaban aniquilarlo.

Martín descargó toda la furia de su ametralladora (posiblemente una Madsen danesa) sobre las columnas bolivianas, obligándoles a replegarse y utilizar gran cantidad de recursos (en lugar de dejarlos atrás y seguir con la maniobra).

Los bolivianos llegaron al extremo de emplear un triple cerco sobre la obstinada RI 16, constituida a esa altura por unos 200 soldados, todos heridos.

El mismo Martín había recibido un balazo en la pierna. Con el transcurrir de los días la cosa fue a peor, haciéndole vivir un auténtico calvario. Fiebre e intensos dolores, más la agobiante humedad y la presión de tener a la muerte soplándole la nuca, Martín se las arregló para ‘limpiar’ la zona comprometida. Había que hacer lo que fuese con tal de evitar la gangrena.

“La bala había entrado y salido, por lo que tenía un orificio importante. Pasaban los días y se le había agusanado. Y olía. Él decía que tuvo que usar ramitas de los árboles, que metía en su herida cada tanto para sacarse los gusanos”, cuenta el nieto de Martín, Lilio Escobar.

Y es que se puede decir que Martín encontró la fortaleza necesaria en su estirpe guerrera. Según cuentan sus descendientes; ‘Santa’ Jiménez, la abuela materna de Martín, formó parte de aquel maltrecho rejunte de niños, niñas, lisiados, mujeres y ancianos que hizo frente a los hombres del Ejército brasileño en Acosta Ñu, la nefasta tarde en que Gastón de Orleáns, Conde de Eu, marcó con saña su infame huella en la Guerra Grande.

Tras seis días de intensos combates -y de romper dos de las tres líneas del cerco boliviano- el capitán Joel Estigarribia, ante la falta de municiones, agua y alimentos, ordenó la rendición de sus tenaces hombres. “Ya no tenemos ni una gota de agua desde el 21 por la tarde y a fin de aplacar en algo la sed, mascábamos tunas y caraguatás, que para mayor ignominia no había por parte alguna una sola planta de Yby’a. Lo poco que sacábamos de las tunas y los caraguatás no nos satisfacía, ya que estábamos muy sedientos, el jugo de la tuna era amargo y al beberlo nos quemaba la garganta. No teníamos hambre, solo queríamos agua y no había”, relató Estigarribia en sus diarios.

Soldado paraguayo y una ametralladora Madsen de fabricación danesa. Foto: Portal Guaraní.



Culminada la refriega, las comandantes de la 9ª División creían que habían capturado al menos una división entera del Ejército Paraguayo, pero fue grande su sorpresa. Cuentan que un oficial zapateó de la rabia al descubrir que habían sido contenidos durante tanto tiempo por este reducido grupo de feroces paraguayos. “Abuelo contaba con gracia que el oficial Quintanilla estaba muy enojado. Zapateó todo de la rabia”, rememora Lilio.

Situación del batallón de Estigarribia. Triple cerco. Foto: Portal Guaraní.



Joel Estigarribia fue increpado por los oficiales enemigos. Es que al no bajar las armas, y resistir hasta más no poder, produjo un importante coste en vidas, municiones y tiempo a los bolivianos, en una pelea que tenía perdida desde el primer momento. Los captores tuvieron las circunstancias a su favor, de igual forma indultaron a los titánicos defensores de reducto Cabo Cabral.

Así lo atestigua un poema del sargento 1º Lorenzo Delvalle:

“(…) Lucharon como antaño honrando la tricolor

Con heridas, hambre y sed, como Otaño en Boquerón,

Seis días y noches de batalla, sin descanso, sin apoyo,

demostraron ante el mundo la bravura del criollo.

Ciento ochenta ‘esqueletos’ en aquel reducto Cabral

se defendieron con bravura sin declinar su moral

En seis días de batalla porfiada y desigual (…)”.

CLAVE

La loable acción del R.I. 16 ‘Mariscal López’ entorpeció la maniobra boliviana. Frustró el que pudo ser un golpe sin igual, al ganar tiempo y así permitir la retirada del grueso de las formaciones y toda la artillería paraguaya.

Sin embargo, 1.456 paraguayos (67 oficiales y 1.389 soldados) fueron capturados, entre ellos Martín y su hermano Julián.

Sobre el punto, el historiador Fabián Chamorro explicó que el batallón de Estigarribia salvó al Paraguay del descalabro total. Si ese plan resultaba, hubiese cambiado el curso de la Guerra. “Es realmente heroico lo que hicieron, porque imagináte si el Paraguay perdía esas fuerzas, hubiese sido catastrófico, y se hubiese perdido muchísimo tiempo en volver a mover esas tropas (asumiendo que se pudiese reclutar todo un cuerpo de ejército)”, alegó.

CAUTIVO

El botín humano de Cañada Strongest fue despachado primero a Villa Montes y luego a campamentos en La Paz.

Los paraguayos, según la versión del propio Martín, fueron tratados de manera digna. “Abuelo nunca habló mal (de los bolivianos) y del tiempo que pasó en La Paz. Dijo que le cuidaron y le curaron la pierna, porque pasó mucho tiempo en el hospital. Estuvo rodeado de médicos y soldados que le trataron bien. Nunca mencionó que fuese torturado, ni humillado”, relata Lilio.

El intercambio cultural resultó provechoso para Martín. Aprendió algo de quechua y aimara, lenguas indígenas de gran popularidad en Bolivia, y así adquirió conocimientos de plantas y procedimientos medicinales. “Recuerdo que abuelo siempre nos daba la papa china. Hervido, como caldo. Él no enfermaba, tampoco nosotros, eso aprendió de los bolivianos”.

De la estadía de Martín en suelo boliviano poco más se sabe. Aunque sí hubo uno que otro episodio constatado. A raíz de su herida en la pierna, recordando siempre la importante infección que sufrió y el largo tratamiento al que fue sometido, Martín no estuvo disponible para las obras públicas en las que fueron utilizados los prisioneros paraguayos.

Cuentan que, una vez recuperado, fue seleccionado para una expedición del Ejército boliviano a los Andes, con el fin de encontrar un pasaje que conecte con la frontera chilena. De este proyecto se sabe que se realizó en los últimos meses de la guerra del Chaco. Martín formó parte del grupo, pero fue abandonado días más tarde en una cueva. “Le dejaron (enfermo) a su suerte. Abuelo contaba que se salvó de milagro. Decía que fue picado por muchas abejas y que su veneno, o la sustancias que desprendía del aguijón, fue una suerte de antídoto. Pudo recuperarse y volvió a La Paz por sus medios, del resto de la expedición no supo decir qué pasó”.

RETORNO A CASA

Unos 2.500 soldados paraguayos fueron sometidos a situación de cautiverio. El Ejército paraguayo había capturado cerca de 25.000 soldados bolivianos (otras versiones sitúan la cifra en 17.000).

Al cumplirse el primer aniversario del fin de las hostilidades, en 1936, los gobiernos de ambos países sentaron las bases en las Conferencias de Paz para el intercambio de prisioneros.

Martín fue electo para una segunda expedición a los Andes, por la ruta que semanas antes por poco acaba con su vida, pero no iría. A mediados de 1936 ingresó al programa de canje de prisioneros y volvió al Paraguay. Su hermano Julián, en cuya búsqueda había marchado al frente, también sobrevivió a la guerra y retornaría un tiempo después a San Ignacio.

Ficha de Martín Ortíz Jiménez (se puede ver el agregado del primer apellido, tras el reconocimiento por su padre). Foto: Gentileza.



VIDA POSTERIOR

Martín ni cumplía los 20 años de edad cuando comenzó a gestionar los papeles que garantizarían su estatus de veterano, exprisionero y mutilado de guerra.

La pensión que le tocó era baja (30% de los jornales de la época) y había que rebuscarse la vida. Es así que participó en la construcción de rutas en el interior y abrazó distintas profesiones, entre ellas las de poeta y torero.

Volvió a su natal San Ignacio (Misiones), donde se crió en el lecho formado por su tía Lidia, quien ocupó el lugar de su madre Evarista, que falleció siendo él aún pequeño. Lidia cuidó de los huérfanos que dejó su hermana como si de sus propios hijos tratase, por ello es que Martín se referiría a ella cariñosamente como “che sy” (mi mamá).

Se aferró al pilar que le quedaba, porque no conocía a su padre. Solo sabía que el hombre se apellidaba Ortíz (solo fue reconocido por su madre, siendo hasta allí Jiménez su único apellido) y que era oriundo de Yegros (Caazapá). Sin saber qué había sido de él.

En una de sus rondas por las oficinas de asistencia para veteranos, Martín se llevó la sorpresa de su vida. “Y así fue una tarde, estando en la fila, comienza a hablar con un joven que decía era de Yegros. Entonces abuelo le comenta (al joven) que su papá era de Yegros, que su apellido era Ortíz. Ese joven le dijo que él también se apellidaba Ortíz y que el señor de quien hablaban, era su tío”. En algún momento entre 1937 y 1939, el referido joven, que terminó siendo primo de Martín, concertó un encuentro con Francisco Ortíz, que terminaría por otorgar el apellido que Martín portó hasta el final de sus días.

“Abuelo contaba que cuando el tren se acercaba a la ciudad (Yegros), asomó la cabeza y desde su lugar podía ver a un hombre, a lomo de su caballo, en la esquina misma de la estación. Abuelo no le conocía, pero sabía, él sabía que ese señor que estaba esperando en esa esquina era su papá”, cuenta su nieto.

Martín (centro) contrajo nupcias, según versiones de la familia, en dos ocasiones. Foto: Gentileza.



Don Martín Ortíz Jiménez concertó al menos dos matrimonios y de él surgió una extensa prole. Vivió sus días rodeado de su familia y amigos, y falleció el 18 de octubre de 1.994 a los 78 años de edad. Lilio recuerda, con profunda tristeza, el olvido al que fue sometido su abuelo -al igual que muchos ‘chacoré’- que no recibió honores militares –a correspondencia de su sacrificio- ni reconocimiento alguno del Estado en su última morada.

*Artículo originalmente publicado el 15 de mayo del 2019 bajo el título “De héroes y hazañas: Martín Ortíz y los bravos de reducto Cabo Cabral”.

 

Ansiedad: un enemigo silencioso que afecta a la salud física y mental

Sentir ataques de ansiedad por diversas situaciones en la vida, está dentro del rango normal. No obstante, debe ser una llamada de atención cuando es prolongado y desencadena a síntomas físicos que también afecta al estado de ánimo, el sueño, entre otros.


Fuente: Carol Salinas

A la ansiedad lo podemos describir como una sensación de nerviosismo, inquietud preocupación por algo o alguien. En algunas ocasiones esto conlleva al individuo a sentirse ansioso, ¿Pero quién no sintió ansiedad en algún momento de su vida es normal sentirlo?

No obstante, el problema sería tener esta sensación contantemente y a su vez genere problemas en nuestro día a día ya sea a nivel laboral, familiar social.

“La ansiedad es un rasgo de la personalidad o también puede aparecer por ciertos estresores de la vida, otras veces un estado muchas veces gestado desde la infancia con padres abusivos, manipuladores o en un ambiente familiar caótico. Algunos son fatalistas, otros evitan lo que les angustia y otros canalizan más su ansiedad buscando controlar casa aspecto y persona que les sea posible a su alrededor”, expresó la psicóloga Paola Zapata en contacto con nuestro medio.

Pero, cómo saber cuándo se padece de un ataque de ansiedad, teniendo en cuenta que pueden tener varios desencadenantes.

Según citó la profesional, los ataques de ansiedad pueden tener un desencadenante específico, como un examen, problemas en el lugar de trabajo, un problema de salud o un problema sentimental.

No es una afección diagnosticable y es menos severo que un ataque de pánico

Se suele desarrollar gradualmente cuando una persona se siente ansiosa e implica síntomas físicos, como latidos cardiacos acelerados o un “nudo en el estómago”.

Ahora bien, teniendo en cuenta todo lo anterior mencionado, la ansiedad puede manifestar también síntomas como: preocupación y depresión, intranquilidad, problemas para dormir, dificultad para concentrarse, irritabilidad, tristeza y sensación de presión y de estar apresurado.

Todos estos signos citados también van acompañados de signos físicos como: cambios en la frecuencia cardíaca, tensión en la cabeza o cuello, dolor de cabeza, náuseas o diarrea, sudoración, boca seca, opresión en la garganta y dificultad para respirar, estremecimiento o temblores y sensación de desmayos.

Si los síntomas persisten y son más prolongados e intensos, pueden afectar al individuo con problemas de salud física que pueden surgir como: resfriados e infecciones frecuentes, enfermedad cardíaca, presión arterial alta y diabetes.

TRATAMIENTO

Las opciones de tratamiento para la ansiedad y los problemas relacionados incluyen:

• Terapia cognitivo-conductual (TCC)

• Medicamentos, como algunos tipos de antidepresivos

• Grupos de apoyo para personas con afecciones específicas

“Cualquier persona que se sienta abrumada por la ansiedad debe consultar a un profesional de la salud. Obtener ayuda de manera temprana puede ayudar a prevenir que surjan otros problemas”, aconsejó la psicóloga.

 

Definitivamente, ¿quién se hará cargo del Parque Caballero?

Produce una profunda indignación ver cómo ese inmenso pulmón capitalino que otrora fuera la residencia de Bernardino Caballero hoy está convertido en un vertedero. Y más aún que nadie absolutamente se decide a ponerlo en condiciones.


Fuente: bruno ortigoza

El Parque Caballero es un lugar donde se respira tranquilidad. Posee una espesa y muy verdosa vegetación, camineros apacibles y con un poco de mano de obra, la apariencia podría quedar mucho más atractiva.

Reiteradas veces se hicieron notas similares a esta. No será la última vez tampoco que se realicen, pero el panorama del lugar es verdaderamente desolador.

El lugar está abierto al público. Las familias concurren a tomarse un respiro en los pocos rincones rescatables que quedan para el esparcimiento y es el sitio preferido de los ribereños, quienes suben las angostas escaleras que conectan al parque con el populoso recodo asunceno para un picado de futbol o el tradicional piquivoley. Algunos van allí para otros menesteres…

Pero está definitivamente abandonado. A lo largo y ancho del lugar hay montículos de basura de toda clase, alimañas, mosquitos y los niños están expuestos a picaduras de insectos o incluso a situaciones de riesgo mayor, dada la inseguridad reinante y la poca o nula vigilancia policial.

Cuando allá por 1762 empezó la construcción del lugar, por el mismo corrían hermosos manantiales, propiciando paisajes dignos de ser perpetuados en fotos o cuadros.

El hecho de ser un patrimonio de la ciudad tampoco movió a las autoridades a brindarle el cuidado que amerita. Si supiera José Díaz de Bedoya, primer propietario del lugar cómo está la que fuera su casa, probablemente saldría del oscuro de sus catacumbas a convertir al sitio en lo que fue en sus inicios.

Don José vivió allí mucho tiempo con Juana María de Lara, su esposa. La nieta de esta, María Concepción Díaz de Bedoya se casó con los presidentes Juan Bautista Gill y Bernardino Caballero. Este último se quedó con el terreno.

Con el tiempo, el mismo Caballero procedió a vender el terreno por partes. Después decidió convertirlo en parque y así se volvió uno de los lugares más visitados por la gente, atendiendo al paisaje que brindaba con sus vegetaciones, sus cristalinos manantiales y el imponente paso de la Bahía a su alrededor.

El 31 de mayo de 1919 se dispone la compra del terreno a iniciativa de Julia Álvarez, la segunda esposa de Caballero y en 1925 pasa a manos de la Municipalidad, que con el correr de los años lo dejaría ahí tirado y sin que ninguno de sus administradores haya hecho algo por revitalizarlo.

Ciertamente se han emitido resoluciones en su favor, como la declaración de monumento nacional en 1976, pero por encima de lo apacible que es el lugar, es más que evidente el estado de ruina en el que se encuentra.

Donde se ubica la piscina, que posee medidas oficiales para la competición, los lugareños la convirtieron en contenedor de basura.

El pórtico de acceso tiene dos baños sexados que en un calamitoso estado de abandono se volvieron nidos de alimañas y criaderos de los tan temidos como odiados mosquitos pro dengue.

Con el espesor de sus noches, el Parque Caballero es tierra de nadie y es, aunque muchos no quieran aceptarlo, hospedaje de delincuentes de bajo rango, quienes utilizan el lugar como escondrijo y otros, para momentos de descargo hormonal, dando rienda suelta a las pasiones libidinosas.

Nadie quiere, puede o se anima a rescatar ese lugar. La primera opción parece ser la más aproximada a la realidad.

Mientras tanto, los años pasan y después de que haya sido residencia de un presidente, hoy quien reina allí es el abandono. Este heredó la propiedad y convive con la desidia como primera dama.