Constatan alta informalidad laboral en sector transportista

El Viceministerio de Trabajo realizó operativos de control en la vía pública y encuestó a conductores del transporte público con el fin de obtener informaciones de las empresas que no cumplen con las normas laborales De los 144 conductores encuestados, 20 no cuentan con seguro del Instituto de Previsión Social (IPS).

El primer control se realizó el jueves 12 de 8 a 15 horas en San Lorenzo, kilómetro11, ruta Mariscal Estigarribia y estuvo a cargo de la Dirección General de Fiscalización Laboral. De los 54 trabajadores del volante, 6 no cuentan con IPS.

La segunda verificación se realizó el martes 17, de 8 a 15 horas, Acceso Sur, zona Viaducto 4 Mojones. En el operativo encuestaron a 48 conductores, 8 no tienen IPS.

El jueves 19, se realizó en la Ciudad de San Lorenzo, sobre la avenida Mariscal López, zona Yberá, ahí fueron encuestados 42 conductores, de los cuales 6 no contaban con IPS. En total fueron verificados 144 unidades de transporte público y 20 conductores no cuentan con seguro social.

El director de Fiscalización Laboral, Salud y Seguridad Ocupacional, Luis Navarro, manifestó que los controles en las rutas seguirán y los vehículos inspeccionados serán al azar. “Estamos trabajando para dar cumplimiento a las leyes laborales y así tener los registros de las empresas de transporte que incumplen la ley, luego de tener todos los datos la fiscalización haremos en el local de las empresas. Los trabajos seguirán y será en forma aleatoria”, expresó Navarro.

Cabe resaltar que los operativos en las rutas realiza el Ministerio de Trabajo con funcionarios del IPS y del Viceministerio de Transporte.

 

El recuerdo de la "pesada mochila" hallada tras el enfrentamiento en el norte

Hans Lindstrom, sobrino de Luis Lindstrom, comentó una de las experiencias de su tío durante su cautiverio. El relato tiene que ver con las evidencias halladas en las últimas horas tras el enfrentamiento en el norte que terminó con tres abatidos del grupo criminal, Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP).

“Me hacían cargar una pesada mochila, decía mi tío, todos debíamos cargar una y la mía era probablemente la más pesada porque era la que llevaba todas las cosas del campamento, me tenían como su sirviente. Caminábamos todas las noches hasta el amanecer”, indicó Hans Lindstrom a través de su cuenta de Twitter, añadiendo la fotografía con una serie de evidencias que pertenecería a los miembros abatidos del EPP.

Explicó que de acuerdo a lo comentado por su tío, Luis Lindstrom, tenían una pequeña radio a pila con un cable largo atado a su antena. “Por las mañanas arrojaba el cable bien alto por la rama de un árbol para captar señal y así escuchar las noticias del día. Sabíamos por la prensa lo que hacía la policía”, sostuvo.

Siguiendo con el relato de Lindstrom, precisó que cuando estaban cerca de una población, comían pollo y hasta gaseosa, pero cuando se encontraban lejos, les daban una cucharada de miel de abeja por la mañana y otra a la noche.

“Te daban una botella de agua y con eso te tenías que manejar, no les gustaba ir a buscar agua. Si te dan una botella de agua nomas qué vas a hacer, te vas a bañar o vas a guardar para tomar? No me pude bañar en 40 días!”, escribió Lindstrom, según lo comentado por su tío.

“Cuando salíamos a algún camino, para cruzar primero cruzaba uno adelante y dejaba una huella, después todos teníamos que cruzar pisando esa misma huella y el último se ponía una raqueta tipo pyta jovái por la bota para borrar la huella así nadie sabría cuántos cruzamos ni adonde”, agregó.

Luis Lindstron fue secuestrado por el EPP en julio de 2008 y tras más de un mes de permanecer en cautiverio fue liberado. Unos años después, en mayo de 2013 fue asesinado por miembros del grupo criminal en Tacuati, departamento de San Pedro.

 

El contrato PARTE II

Con el cuerpo de Lorenzo en la morgue aguardando una identidad precisa, y las causas de la muerte, la Policía se paraba frente a la encrucijada de una muerte con cabos sueltos. Los problemas entre la víctima y su esposa daban algunas señales de lo que podrían ser las primeras pistas de los investigadores.


Fuente: La Nación

Por Óscar Lovera, periodista de La Nación.

Resultaba muy extraño para la Poli­cía de Homicidios esa profunda desavenencia de los padres de Lorenzo y su esposa. Problemas sue­len existir, pero acusar de homicidio era realmente un punto a investigar. Ese ins­tinto natural de investiga­dor los condujo a poner una atención mayor sobre Jor­gelina. Ella pasó a ocupar el primer lugar en las dudas conducentes al asesino, en el segundo se sostenía la parti­cipación de otra mujer, la que mantuvo una relación extra marital con la víctima. Esta duda se sostenía porque ella podría sentirse traicionada tras el retorno de la esposa de Lorenzo, provocando el fin de aquellos escapes furtivos.

Necesariamente encontra­rían en el informe forense el peso extra en la investiga­ción, y con ello lograrían disi­par sus dudas sobre la identi­dad del asesino.
–Doctora, llegó el reporte del forense, se lo dejo en la oficina –mencionó el asistente de la fiscala Heinroth, mientras ella consentía con la cabeza.

EL PICAHIELO

Ella caminó hasta su escri­torio, tomó asiento y exten­dió el brazo hasta sujetarlo. El encabezado fue lo primero que le arrebató el aliento, fue solo la punta del iceberg lo que habían notado en la revi­sión primaria del cadáver.

Sus pupilas se dilataron a medida que barría con ellas cada línea escrita por el forense. Lorenzo fue asesi­nado con brutalidad.

“Siete profundas heridas de un arma blanca en pecho y abdomen, se establece como causales de la muerte de Lorenzo Ramón Reyes. Podemos establecer como instantánea. Un golpe fulmi­nante con un picahielos per­forándole la arteria carótida externa, muy próxima con la bifurcación de la interna. Herida profunda.

El corte provocó la perforación de los grandes vasos sanguíneos, atravesando desde el lado derecho hacia el izquierdo. El diagnóstico de la muerte se establece en shock hipovolémico por múltiples heridas de arma blanca”.

¿Quién pudo causarle una muerte tan violenta? Se pre­guntó la fiscala mientras exa­minaba en sus pensamien­tos, sus recuerdos próximos, quiénes del entorno coinci­dían con el perfil de vengati­vos. El caso de Lorenzo fue complicado porque en su entorno era muy apreciado por su carácter tranquilo y esto no arrojaba enemi­gos con intenciones crue­les que desemboquen en un asesinato de este tipo. Ene­migos en lo comercial, no tenía amenazas que lo pon­gan como objetivo de algún grupo criminal.

Era algo misterioso en su vida privada, eso sí, y le res­taba bastante panorama a los investigadores para enten­der si la sombra que busca­ban estaba en ese ámbito de su vida. Esto hacía que pier­dan muchos detalles sobre cuál de las dos relaciones arrojaba probabilidad de ser la detonante de un cri­men pasional. Una vida sen­timental desordenada, por de pronto la investigadora Heinroth –al igual que la Policía– reforzó su tesis inci­piente sobre Jorgelina, su esposa y Victoria, su amante.
–Hay datos que no concuer­dan en lo que dijo esta mujer, doctora. No me cierra su ver­sión, lo tarde que denunció la desaparición de su marido y lo que hizo durante esos días –con convicción y mirándola intimidante, el subcomisa­rio Richard Vera presentó una orden de inspección a Heinroth. Vera era el inves­tigador policial asignado a la cuasa, para él Jorgelina men­tía y debía convencer a la fis­cala de ordenar la interven­ción de su teléfono móvil, y el que utilizaba Lorenzo, su celular no fue encontrado y como el crimen no tenía una connotación de robo, espe­raban encontrarlo. Tenía un presentimiento y ello se saciaría de monitorear estos aparatos.

UN CABO SUELTO

La fiscala accedió, firmó la orden y con ella Vera fue hasta la telefonía para entre­gar el documento, esto le per­mitiría cruzar las líneas con las antenas y de estar activas podían localizar las zonas donde estuvo Jorgelina, una menor coincidencia con las sospechas era motivo para ordenar su detención.

–Este teléfono, propiedad de Ramón Reyes Florentín, sigue activo oficial –dijo la operadora de la sala técnica.

–Dame la triangulación, ¿a qué celda nos lleva? Consultó Richard alertado por el dato, aunque no sorprendido. Su intuición ya lo había prepa­rado para ese instante.
–El teléfono sigue activo, pero con otra línea. La ubicación es en la Villa Marangatú, ciudad de Villa Elisa, departamento Central –respondió la mujer y al mismo tiempo le indicaba en la pantalla el mapa sate­lital.

–¿A nombre de quién está esa línea, señorita? –Richard tuvo otra intuición, una aún más perturbadora. Lo que escucharía a continuación le daría toda la razón.

–Bartola Prieto Ferreira es la titular, señor…

Bartola es hermana de Jor­gelina, en su poder estaba el teléfono de Lorenzo ¿qué hacía con el celular de la víc­tima? Esa pregunta retum­baba en el pensamiento del subcomisario, comenzó a imaginar un plan que se gestó en el propio entorno familiar, pero aún faltaba el motivo.

–Señor, de esta otra línea a nombre de Jorgelina Prieto Ferreira, este es el reporte que me solicitó sobre la ubica­ción –la operadora le entregó las copias y luego se retiró a su escritorio. Richard la miró fijamente sin comprender aún lo que tenía en sus manos, ese dato no lo anticipó y ter­minó por dejarlo asombrado.

El teléfono móvil de Jorgelina fue utilizado en varias ocasio­nes en la zona donde encon­traron el cuerpo. El lapso de tiempo en que ejecutaron esas comunicaciones coin­cide con la data de muerte de Lorenzo, unos seis días antes. Ella estuvo presente cuando lo mataron, siguiendo esta lógica, pensó Vera. Para él el crimen comenzaba a tener algo de luz.
El caso para el subjefe de Homicidios estuvo aun más confuso cuando un dato llegó a la estación. Un infor­mante de los barrios bajos de la capital les aseguró a un par de agentes que en los últimos tiempos se buscó a un par de asesinos, a alguien que tuviera ganas de hacer “un trabajo”. Pero quizás eso no fue lo que más retuvo su interés, sino el hecho que el contratista era uno de ellos, un policía.

EL CAMARADA

–Jefe, hoy por la mañana, uno de nuestros informantes en la Chaca nos comentó sobre un contrato que andaba cir­culando, un pedido siendo más claro. Un hombre fue a preguntar quién quería “un trabajito…” –mencionó uno de los oficiales al mando de Richard Vera.
–¿Y eso cómo fue? ¿Abier­tamente preguntó? –Res­pondió Richard acomodán­dose en la silla de la oficina de Homicidios.

–Al parecer es conocido del barrio Ricardo Brugada, lo cierto es que buscó a un par que pudieran matar. Pero eso no es lo más importante, este tipo hizo esto unas sema­nas antes de la aparición del cuerpo en la ribera de Lim­pio. A lo mejor están conec­tados los dos casos, nadie va y pide un pistolero y a los pocos días aparece uno muerto así –sentenció con buen tino el agente ante la mirada com­placiente de Vera.

–Y puede ser, tiene sentido. ¿Ya saben quién es ese que buscaba a los sicarios? –inte­rrogó nuevamente Richard.

–Esta es la parte que nos resulta aún más llamativa, jefe. El contratista –al pare­cer– es uno de nosotros. No sabemos aún quién es, no queremos avivarlo si el dato es real. Según nuestro contacto, el policía estuvo un tiempo trabajando en la comisaría de la zona, luego lo trasladaron.

Este dato dividiría el depar­tamento de Homicidios en dos equipos de investiga­ción. Uno de ellos seguiría los rastros de Jorgelina, la vigilaría, en sigilosa espera de un error que les permi­tiera aprovechar el momento y detenerla. El otro equipo seguiría el dato del contra­tista en el ribereño barrio Ricardo Brugada.

Quizás pudieran conectarse en un punto, la línea del tiempo cargaba con mucha coincidencia.

Continuará…

 

Cierre o reinvención, la disyuntiva de las mipymes paraguayas tras la pandemia

Locales cerrados, carteles de "se alquila", comercios que tratan de sobrevivir con ofertas y restaurantes sin clientes pero con motos en las puertas esperando un pedido configuran el nuevo paisaje urbano poscuarentena.


Fuente: EFE

En nuestro país, las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) generan el 66 % de la mano de obra nacional y buscan ahora, levantadas ya todas las fases de la cuarentena, reponerse del impacto económico.

No hay cifras oficiales del número de mipymes que desaparecieron desde marzo, cuando el Gobierno decretó la cuarentena total para contener el coronavirus, porque como explicó a Efe el viceministro de Mipymes del Ministerio de Industria y Comercio (MIC), Isaac Godoy, "en el sector no existe un sistema de información segmentado".

"Una mayoría de las mipymes no cierran la empresa, simplemente, temporalmente, dejan de operar, pero la empresa no es cerrada oficialmente", comentó Godoy.

Aún así, para hacer una estimación de puestos de trabajo perdidos, recurrió al informe de empleo de la Dirección General de Estadísticas, Encuestas y Censos (Dgeec).

Entre julio y septiembre de 2020, hubo 59.153 empleos menos en los tres sectores que en el mismo periodo del año anterior, al pasar de 3.378.074 empleados en 2019 a 3.318.921 trabajadores este año.

"Los datos me dicen que dos de cada tres paraguayos trabajan en mipymes, puedo estimar que el 66 % de estos trabajadores (sin empleo) son de mipymes", expuso.

Según la deducción del ministro, de esas nuevas 59.153 personas desempleadas en el tercer trimestre, unas 39.000 trabajaban en mipymes.

DEMORA EN LAS AYUDAS

A lo largo de la cuarentena, la Asociación de Emprendedores del Paraguay (Asepy) realizó una serie de encuestas para conocer la situación de sus socios ante el impacto económico de la pandemia.

En marzo, cuando se decretó el cierre total, el 81 % de los encuestados temía pérdidas de ventas y clientes, y un 57 % no veía posibilidad de mantenerse más allá de un mes, según los datos facilitados a Efe por Asepy.

"Eso nos hizo levantar la bandera roja y dar la alarma de que las medidas que el Gobierno planteaba no eran suficientemente ágiles (...) tenían algunos datos sobre cómo hacerlo, pero los créditos no lograban llegar", comentó el presidente de Asepy, Bruno Defelippe.

Por su parte, el viceministro reconoció que "hubo demoras por la gran cantidad de créditos", pero defendió que, gracias a los fondos públicos, se concedieron unos 90.000 créditos por un monto aproximado de 70 millones de dólares.

CIERRE O REINVENCIÓN

A mediados de abril, Enrique Zorrilla anunció en Instagram el cierre de "El zorro y la cigüeña", el hotel boutique que había inaugurado en el centro de Asunción a finales de 2019.

Los primeros días de la pandemia, su socio y él decidieron mantener abierto el hotel, pero cada decreto del Gobierno les ahogaba un poco más.

"Vimos que la situación era insostenible. Despedimos a los ocho trabajadores que teníamos con nosotros y les liquidamos con todo lo que correspondía", contó a Efe.

Zorrilla había invertido 400 millones de guaraníes (unos 57.000 dólares) en el hotel, pero con el cierre tuvo que vender todo el mobiliario para saldar las deudas con los proveedores.

"La vida continua, hay que dar vuelta a la página y hay que seguir. Yo no puedo estar esperando a que ocurra un milagro y que reciba la ayuda del Gobierno", agregó.

Algo más de suerte tuvo Antonio Olmedo, que abrió la pizzería "La Celestina", en las afueras de Asunción, medio año antes del inicio de la cuarentena.

Olmedo definió el impacto de la pandemia como "desastroso" y lamentó la falta de soluciones y la dificultad para acceder a los créditos del Gobierno.

"Yo cerré la atención al público pero seguí produciendo, hicimos una variación en el negocio y producimos pizzas congeladas. Con eso, más o menos, paliamos la situación y es lo que nos permitió seguir en el rubro", dijo.

No obstante, reconoció que tardó unos cuatro meses en volver a reflotar su negocio.

Como él, Ximena Vera también tuvo que esperar algún tiempo hasta que pudo volver a su trabajo como cosmetóloga a domicilio.

Con la cuarentena, Vera se quedó sin empleo durante tres meses y solo un mes consiguió un subsidio de 500.000 guaraníes (71 dólares) del programa Pytyvo del Gobierno, por lo que se las ingenió para vender ofertas de tratamientos faciales con pago adelantado para mantenerse.

En junio, volvió a su rutina laboral, aunque con un ritmo inferior al que tenía antes de la pandemia.

"Para mucha gente es un lujo. Es un tratamiento facial, no es imprescindible. Antes de la pandemia yo tenía ocho o nueve clientes al día, pero ahora son cuatro o cinco", señaló a Efe.

EMPRESAS EN 72 HORAS

Sus historias son algunas de las de tantos emprendedores, microempresarios y cuentapropistas que vieron cómo la pandemia transformaba o destruía sus proyectos.

Desde Asepy, la petición al Gobierno es que dé incentivos para la creación y formalización de las empresas, facilite el acceso a la financiación, y garantice la protección social al emprendedor y la asistencia técnica de calidad.

El viceministro de Mipymes aseguró a Efe que el MIC está trabajando en mejorar el apoyo a los emprendedores, y avanzó que a finales de este mes comenzará la implementación de la Ley de Empresas de Acciones Simplificadas (EAS), para agilizar la creación de empresas formales en 72 horas.

Esto con la vista puesta en la aparición de nuevos proyectos por cuenta propia que el MIC prevé que aparezcan tras las crisis.