Multitud de feligreses en Caacupé pese a recomendaciones

Una importante cantidad de personas se registra durante la jornada de este domingo en la ciudad cordillerana pese a las recomendaciones hechas por el Gobierno y la Iglesia Católica.

​Lejos de respetar la recomendación de las autoridades nacionales y religiosas, muchas personas fueron este domingo hasta la ciudad de Caacupé para visitar a la Virgen de los Milagros.

Se pudo ver en esta jornada que muchas familias, incluido los niños y los adultos mayores, fueron peregrinando a la Villa Serrana.

Así también se observó en la oportunidad que el vallado instalado en la explanada de la Basílica no fue impedimento para que los devotos de la Virgen María puedan acercarse hasta allí.

Ayer, el obispo de la Diócesis de Caacupé, Ricardo Valenzuela, invitó a todos los fieles a seguir las celebraciones eucarísticas de la Virgen de Caacupé desde sus hogares y evitar las peregrinaciones a fin de prevenir el contagio del Covid-19.

Cabe recordar que las restricciones en el marco de la Festividad de la Virgen de Caacupé se encuentran vigentes desde el sábado 14 de noviembre y se extenderán hasta el próximo 16 de diciembre. El horario de desplazamiento permitido para los pobladores y trabajadores de la zona será desde las 5:00 hasta las 23:00.

 

Constatan alta informalidad laboral en sector transportista

El Viceministerio de Trabajo realizó operativos de control en la vía pública y encuestó a conductores del transporte público con el fin de obtener informaciones de las empresas que no cumplen con las normas laborales De los 144 conductores encuestados, 20 no cuentan con seguro del Instituto de Previsión Social (IPS).

El primer control se realizó el jueves 12 de 8 a 15 horas en San Lorenzo, kilómetro11, ruta Mariscal Estigarribia y estuvo a cargo de la Dirección General de Fiscalización Laboral. De los 54 trabajadores del volante, 6 no cuentan con IPS.

La segunda verificación se realizó el martes 17, de 8 a 15 horas, Acceso Sur, zona Viaducto 4 Mojones. En el operativo encuestaron a 48 conductores, 8 no tienen IPS.

El jueves 19, se realizó en la Ciudad de San Lorenzo, sobre la avenida Mariscal López, zona Yberá, ahí fueron encuestados 42 conductores, de los cuales 6 no contaban con IPS. En total fueron verificados 144 unidades de transporte público y 20 conductores no cuentan con seguro social.

El director de Fiscalización Laboral, Salud y Seguridad Ocupacional, Luis Navarro, manifestó que los controles en las rutas seguirán y los vehículos inspeccionados serán al azar. “Estamos trabajando para dar cumplimiento a las leyes laborales y así tener los registros de las empresas de transporte que incumplen la ley, luego de tener todos los datos la fiscalización haremos en el local de las empresas. Los trabajos seguirán y será en forma aleatoria”, expresó Navarro.

Cabe resaltar que los operativos en las rutas realiza el Ministerio de Trabajo con funcionarios del IPS y del Viceministerio de Transporte.

 

El recuerdo de la "pesada mochila" hallada tras el enfrentamiento en el norte

Hans Lindstrom, sobrino de Luis Lindstrom, comentó una de las experiencias de su tío durante su cautiverio. El relato tiene que ver con las evidencias halladas en las últimas horas tras el enfrentamiento en el norte que terminó con tres abatidos del grupo criminal, Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP).

“Me hacían cargar una pesada mochila, decía mi tío, todos debíamos cargar una y la mía era probablemente la más pesada porque era la que llevaba todas las cosas del campamento, me tenían como su sirviente. Caminábamos todas las noches hasta el amanecer”, indicó Hans Lindstrom a través de su cuenta de Twitter, añadiendo la fotografía con una serie de evidencias que pertenecería a los miembros abatidos del EPP.

Explicó que de acuerdo a lo comentado por su tío, Luis Lindstrom, tenían una pequeña radio a pila con un cable largo atado a su antena. “Por las mañanas arrojaba el cable bien alto por la rama de un árbol para captar señal y así escuchar las noticias del día. Sabíamos por la prensa lo que hacía la policía”, sostuvo.

Siguiendo con el relato de Lindstrom, precisó que cuando estaban cerca de una población, comían pollo y hasta gaseosa, pero cuando se encontraban lejos, les daban una cucharada de miel de abeja por la mañana y otra a la noche.

“Te daban una botella de agua y con eso te tenías que manejar, no les gustaba ir a buscar agua. Si te dan una botella de agua nomas qué vas a hacer, te vas a bañar o vas a guardar para tomar? No me pude bañar en 40 días!”, escribió Lindstrom, según lo comentado por su tío.

“Cuando salíamos a algún camino, para cruzar primero cruzaba uno adelante y dejaba una huella, después todos teníamos que cruzar pisando esa misma huella y el último se ponía una raqueta tipo pyta jovái por la bota para borrar la huella así nadie sabría cuántos cruzamos ni adonde”, agregó.

Luis Lindstron fue secuestrado por el EPP en julio de 2008 y tras más de un mes de permanecer en cautiverio fue liberado. Unos años después, en mayo de 2013 fue asesinado por miembros del grupo criminal en Tacuati, departamento de San Pedro.

 

El contrato PARTE II

Con el cuerpo de Lorenzo en la morgue aguardando una identidad precisa, y las causas de la muerte, la Policía se paraba frente a la encrucijada de una muerte con cabos sueltos. Los problemas entre la víctima y su esposa daban algunas señales de lo que podrían ser las primeras pistas de los investigadores.


Fuente: La Nación

Por Óscar Lovera, periodista de La Nación.

Resultaba muy extraño para la Poli­cía de Homicidios esa profunda desavenencia de los padres de Lorenzo y su esposa. Problemas sue­len existir, pero acusar de homicidio era realmente un punto a investigar. Ese ins­tinto natural de investiga­dor los condujo a poner una atención mayor sobre Jor­gelina. Ella pasó a ocupar el primer lugar en las dudas conducentes al asesino, en el segundo se sostenía la parti­cipación de otra mujer, la que mantuvo una relación extra marital con la víctima. Esta duda se sostenía porque ella podría sentirse traicionada tras el retorno de la esposa de Lorenzo, provocando el fin de aquellos escapes furtivos.

Necesariamente encontra­rían en el informe forense el peso extra en la investiga­ción, y con ello lograrían disi­par sus dudas sobre la identi­dad del asesino.
–Doctora, llegó el reporte del forense, se lo dejo en la oficina –mencionó el asistente de la fiscala Heinroth, mientras ella consentía con la cabeza.

EL PICAHIELO

Ella caminó hasta su escri­torio, tomó asiento y exten­dió el brazo hasta sujetarlo. El encabezado fue lo primero que le arrebató el aliento, fue solo la punta del iceberg lo que habían notado en la revi­sión primaria del cadáver.

Sus pupilas se dilataron a medida que barría con ellas cada línea escrita por el forense. Lorenzo fue asesi­nado con brutalidad.

“Siete profundas heridas de un arma blanca en pecho y abdomen, se establece como causales de la muerte de Lorenzo Ramón Reyes. Podemos establecer como instantánea. Un golpe fulmi­nante con un picahielos per­forándole la arteria carótida externa, muy próxima con la bifurcación de la interna. Herida profunda.

El corte provocó la perforación de los grandes vasos sanguíneos, atravesando desde el lado derecho hacia el izquierdo. El diagnóstico de la muerte se establece en shock hipovolémico por múltiples heridas de arma blanca”.

¿Quién pudo causarle una muerte tan violenta? Se pre­guntó la fiscala mientras exa­minaba en sus pensamien­tos, sus recuerdos próximos, quiénes del entorno coinci­dían con el perfil de vengati­vos. El caso de Lorenzo fue complicado porque en su entorno era muy apreciado por su carácter tranquilo y esto no arrojaba enemi­gos con intenciones crue­les que desemboquen en un asesinato de este tipo. Ene­migos en lo comercial, no tenía amenazas que lo pon­gan como objetivo de algún grupo criminal.

Era algo misterioso en su vida privada, eso sí, y le res­taba bastante panorama a los investigadores para enten­der si la sombra que busca­ban estaba en ese ámbito de su vida. Esto hacía que pier­dan muchos detalles sobre cuál de las dos relaciones arrojaba probabilidad de ser la detonante de un cri­men pasional. Una vida sen­timental desordenada, por de pronto la investigadora Heinroth –al igual que la Policía– reforzó su tesis inci­piente sobre Jorgelina, su esposa y Victoria, su amante.
–Hay datos que no concuer­dan en lo que dijo esta mujer, doctora. No me cierra su ver­sión, lo tarde que denunció la desaparición de su marido y lo que hizo durante esos días –con convicción y mirándola intimidante, el subcomisa­rio Richard Vera presentó una orden de inspección a Heinroth. Vera era el inves­tigador policial asignado a la cuasa, para él Jorgelina men­tía y debía convencer a la fis­cala de ordenar la interven­ción de su teléfono móvil, y el que utilizaba Lorenzo, su celular no fue encontrado y como el crimen no tenía una connotación de robo, espe­raban encontrarlo. Tenía un presentimiento y ello se saciaría de monitorear estos aparatos.

UN CABO SUELTO

La fiscala accedió, firmó la orden y con ella Vera fue hasta la telefonía para entre­gar el documento, esto le per­mitiría cruzar las líneas con las antenas y de estar activas podían localizar las zonas donde estuvo Jorgelina, una menor coincidencia con las sospechas era motivo para ordenar su detención.

–Este teléfono, propiedad de Ramón Reyes Florentín, sigue activo oficial –dijo la operadora de la sala técnica.

–Dame la triangulación, ¿a qué celda nos lleva? Consultó Richard alertado por el dato, aunque no sorprendido. Su intuición ya lo había prepa­rado para ese instante.
–El teléfono sigue activo, pero con otra línea. La ubicación es en la Villa Marangatú, ciudad de Villa Elisa, departamento Central –respondió la mujer y al mismo tiempo le indicaba en la pantalla el mapa sate­lital.

–¿A nombre de quién está esa línea, señorita? –Richard tuvo otra intuición, una aún más perturbadora. Lo que escucharía a continuación le daría toda la razón.

–Bartola Prieto Ferreira es la titular, señor…

Bartola es hermana de Jor­gelina, en su poder estaba el teléfono de Lorenzo ¿qué hacía con el celular de la víc­tima? Esa pregunta retum­baba en el pensamiento del subcomisario, comenzó a imaginar un plan que se gestó en el propio entorno familiar, pero aún faltaba el motivo.

–Señor, de esta otra línea a nombre de Jorgelina Prieto Ferreira, este es el reporte que me solicitó sobre la ubica­ción –la operadora le entregó las copias y luego se retiró a su escritorio. Richard la miró fijamente sin comprender aún lo que tenía en sus manos, ese dato no lo anticipó y ter­minó por dejarlo asombrado.

El teléfono móvil de Jorgelina fue utilizado en varias ocasio­nes en la zona donde encon­traron el cuerpo. El lapso de tiempo en que ejecutaron esas comunicaciones coin­cide con la data de muerte de Lorenzo, unos seis días antes. Ella estuvo presente cuando lo mataron, siguiendo esta lógica, pensó Vera. Para él el crimen comenzaba a tener algo de luz.
El caso para el subjefe de Homicidios estuvo aun más confuso cuando un dato llegó a la estación. Un infor­mante de los barrios bajos de la capital les aseguró a un par de agentes que en los últimos tiempos se buscó a un par de asesinos, a alguien que tuviera ganas de hacer “un trabajo”. Pero quizás eso no fue lo que más retuvo su interés, sino el hecho que el contratista era uno de ellos, un policía.

EL CAMARADA

–Jefe, hoy por la mañana, uno de nuestros informantes en la Chaca nos comentó sobre un contrato que andaba cir­culando, un pedido siendo más claro. Un hombre fue a preguntar quién quería “un trabajito…” –mencionó uno de los oficiales al mando de Richard Vera.
–¿Y eso cómo fue? ¿Abier­tamente preguntó? –Res­pondió Richard acomodán­dose en la silla de la oficina de Homicidios.

–Al parecer es conocido del barrio Ricardo Brugada, lo cierto es que buscó a un par que pudieran matar. Pero eso no es lo más importante, este tipo hizo esto unas sema­nas antes de la aparición del cuerpo en la ribera de Lim­pio. A lo mejor están conec­tados los dos casos, nadie va y pide un pistolero y a los pocos días aparece uno muerto así –sentenció con buen tino el agente ante la mirada com­placiente de Vera.

–Y puede ser, tiene sentido. ¿Ya saben quién es ese que buscaba a los sicarios? –inte­rrogó nuevamente Richard.

–Esta es la parte que nos resulta aún más llamativa, jefe. El contratista –al pare­cer– es uno de nosotros. No sabemos aún quién es, no queremos avivarlo si el dato es real. Según nuestro contacto, el policía estuvo un tiempo trabajando en la comisaría de la zona, luego lo trasladaron.

Este dato dividiría el depar­tamento de Homicidios en dos equipos de investiga­ción. Uno de ellos seguiría los rastros de Jorgelina, la vigilaría, en sigilosa espera de un error que les permi­tiera aprovechar el momento y detenerla. El otro equipo seguiría el dato del contra­tista en el ribereño barrio Ricardo Brugada.

Quizás pudieran conectarse en un punto, la línea del tiempo cargaba con mucha coincidencia.

Continuará…