La hora: cuándo escribirla en números y cuándo en palabras
Así como no se aconseja mezclar bebidas, tampoco se recomienda mezclar números y palabras para escribir la hora, que, por cierto, no tiene abreviatura, sino un símbolo que es la h. Repasamos las reglas que dicta la RAE.
En textos de carácter narrativo o discursivo, sean literarios o periodísticos, la hora se escribe con palabras: Eran las diez de la noche cuando sucedió el hecho. Los portones se abren a las cuatro de la tarde. No se recomienda la combinación: las 10 de la noche.
También se aconseja usar palabras cuando se expresa un horario aproximado. Ejemplo: A eso de las ocho de la mañana comienzan a venir. Alrededor de las siete y media amanece con otoño.
Además, se usan palabras para el modelo de doce horas, en el que el día se divide en dos periodos de doce: las tres de la mañana, las diez de la noche, las doce del mediodía, etc.
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CON NÚMEROS
Cuando se utiliza el modelo de veinticuatro horas o en informes técnicos, científicos, actas y convocatorias que requieren la máxima precisión, se utilizan los números.
Ejemplos: La conferencia será a las 13:00 h. El vuelo sale a las 18:00. Tanto con el símbolo h como sin él es posible escribir la hora, con la acotación de que los símbolos no llevan puntos, salvo que se ubiquen al final de una oración y se necesite un punto seguido o final.
Según la Ortografía de la lengua española, para separar los elementos que integran la expresión de la hora deben utilizarse los dos puntos: 13:27. En el uso común, fuera de textos técnicos, es también válido el empleo del punto: 13.27. En cualquiera de los casos, el signo de separación se escribe pegado a los dígitos que lo preceden y lo siguen.
La sección RAE del diario HOY tiene como fin promover el buen uso del idioma español, con el sustento de lo que dicta la RAE, máxima autoridad de la lengua que, con el correr de los años, va cambiando algunas reglas y proponiendo adaptaciones, según la necesidad.
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Diminutivos con s o con c: la fórmula para no confundir el cito y el sito
A la hora de pasar una palabra a su diminutivo, a menudo surge la duda sobre el uso de la s o la c antes de la terminación ito. En esta nota eliminamos para siempre esa duda en sencillos pasos.
Cuando la palabra original ya tiene una s al final o en la última sílaba, lo único que debe añadirse es la terminación ito, sin hacer ningún reemplazo ni pensar en otra letra. Ejemplos:
Casa: casita
Cosa: cosita
Mesa: mesita
Grueso: gruesito
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En cambio, cuando el término en cuestión no tiene s, ahí aparece la c para construir el diminutivo.
José: Josecito
Café: cafecito
Pie: piecito o piececito o su plural piecitos.
LA Z DE LA CONFUSIÓN
Cuando la z irrumpe en escena, necesita un reemplazo para que la palabra se convierta en diminutivo:
Taza: tacita
Luz: lucecita
Pez: pececito
Cruz: crucecita
Con estos tres escenarios posibles, a partir de ahora desaparecen las dudas sobre los diminutivos. Ante cualquier incógnita, guarde esta nota y vuelva a leerla antes de dormir, con una tacita de té sobre su mesita de luz y un osito de peluche al lado.
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Canterano, cantera y cantero: las diferencias
En el mundo futbolístico, a menudo se utiliza la palabra canterano para referirse a los semilleros de un club, es decir, a quienes provienen de la cantera, un término que, a su vez, tiene otras acepciones. También existe el cantero. Revisamos qué significa cada uno.
Según el Diccionario de la lengua española, cantera es el sitio donde se saca piedra, greda u otra sustancia análoga para obras varias. También puede aludir al talento, ingenio y capacidad que muestra alguna persona.
Aunque para el contexto futbolístico, como cuando decimos que un jugador proviene de la cantera de un club, la definición aparece en la tercera acepción y es la siguiente:
Lugar, institución, etc., de procedencia de individuos especialmente dotados para una determinada actividad. Ejemplo: Roque Santa Cruz es de la cantera del Olimpia. Esta facultad ha sido siempre una buena cantera de investigadores.
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En tanto, al buscar la palabra canterano, la definición va directamente a ese ámbito: adj. Dicho de un deportista: Que procede de la cantera de su equipo.
En cuanto al término cantero, si del jardín se trata, la acepción es la quinta: Cuadro de un jardín o de una huerta. Se le atribuye a Paraguay, Argentina, Bolivia, México, Uruguay, Panamá, Cuba, Ecuador y Dominicana.
También significa cada una de las porciones, por lo común bien delimitadas, en que se divide una tierra de labor para facilitar su riego.
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Inicia junio y la RAE recuerda el origen del nombre del mes
Procedente del latín, al igual que muchas palabras del español, junio tiene un significado y un origen. Revisamos qué dice la RAE respecto a este y otros meses.
El nombre de este mes procede del latín «Iunius». Actualmente se suele relacionar con la diosa Juno, pero el «Diccionario de autoridades» (1734) explicaba así este nombre: «Se le dio este nombre porque se dedicó a los Juniores del Pueblo, o menores en edad».
Además, julio, proviene del latín julius en alusión al líder Julio César. Este mes, anteriormente se llamaba quintilis, pues, cuando entonces, era el quinto mes del calendario romano original.
Agosto, en alusión a César Augusto, primer emperador de Roma (27 a.C.-14 d.C.). y el fundador del Imperio Romano.
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Los siguientes meses tienen un significado relacionado a la numeración: septiembre, nombrado por los romanos por la palabra en latín, septem. En aquel entonces era el mes número siete. Lo mismo octubre por octo que significa ocho, noviembre de novem o nuevo y diciembre, del latín decem.
De hecho, originalmente los meses eran diez, pero agregaron a enero y febrero para ajustar el tiempo al año solar. Enero procede de Ianarius, que a su vez venía de Jano, dios de los romanos. Febrero, de febraius, en alusión a la festividad romana llama Februa.
Marzo era llamado Martius, en honor a Marte. Abril, del latín aperire o abrir, por el florecimiento en la agricultura y también por Afrodita, la diosa griega del amor. Finalmente, mayo, de Maius, la diosa de la fertilidad y la primavera, Maia.
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