El rescate de mascotas es mucho más que el deseo de “tener plata y abrir un albergue”

“Cómo quiero tener plata para comprar un terreno y abrir un albergue”, es una expresión de deseo que usualmente se lee en redes sociales. La tarea del rescate de animales no es una cuestión estrictamente económica sino mucho más que eso. Mirtha Ortigoza, propietaria de Cangápolis, tiene trabajo a tiempo completo y su familia está compuesta de cuadrúpedos.


Fuente: Óscar López D. (@oscarlode) / Antonella Eguren (@AntonellaEgurav)

En la ciudad de Limpio, pasando el barrio Mora Cue de Luque, se ubica la granja-refugio Cangápolis. Antes se recibían allí a todo tipo de animales pero ahora las puertas están abiertas solo a los caballos que se jubilan del desgastante -y a veces mortal- trabajo de estirar carros.

La propiedad es de Mirtha Ortigoza, hija del conocido preso político Napoleón Ortigoza quien permaneció durante 26 años en las mazmorras stronistas por un supuesto homicidio. Al salir en libertad, el capitán de Caballería demandó al estado y le ganó. Con el dinero en mano, le preguntó a su hija cuál era su deseo y ella le expresó que quería tener un sitio para cuidar a animales rescatados.

Como Napoleón era de Caballería, el pedido a su hija fue el rescate de equinos y el deseo fue cumplido por Mirtha desde el año 2003 en el que fue adquirida la granja.

Durante una charla con HOY Digital, Mirtha dijo que su principal ventaja es no tener hijos ni marido por lo que sus únicas misiones son las de cuidar de su madre y de sus caballos. Cangápolis no es solo una granja, a simple vista es un espacio integral donde los animales que viven allí pueden coexistir, cada uno en sus espacios. Esa organización lleva tiempo, y mucho, lo cual es bien sabido por la propietaria.

“Vivo entre Asunción y Cangápolis. A mi gente no le gusta el campo”, espetó Ortigoza quien sabe que su trabajo no va a durar para siempre por lo que ya está formando nuevos equipos de rescatistas de élite de los cuales saldrán los futuros administradores de Cangápolis.

Cada uno de los caballos que vive en la granja tiene su historia. Unos fueron rescatados estando agonizantes, otros ya perdieron algunos sentidos y algunos simplemente fueron abandonados por carreros que huyeron de la vergüenza colectiva que les generó haber hecho trabajar a sus equinos hasta el desmayo.

No todos los caballos son rescatados en forma gratuita. Con la mayoría de los propietarios hay que negociar. Para ello, Mirtha mantiene asociaciones con personas de buen corazón, entre las cuales se encuentra Marys Llorens quien le ofrece una ayuda cuando la ama de Cangápolis ya no puede costear la compra de un equino.

Pero sostener la granja no es nada fácil y mucho menos económico. Solo en sueldos de los capataces y en comida para los animales, se invierten más de G. 10 millones. A esta cifra se deben sumar los imprevistos como los servicios veterinarios, los cuales consigue gracias a un sistema de trueque de servicios.

Con buen trabajo y buena comida, Mirtha explicó que en dos meses ya se pueden ver mejoras en los caballos, siempre dependiendo el estado de salud en el que llegan al refugio. Varios de los equinos dejaron el ardiente asfalto en el que nacieron y, al ver por primera vez un campo, se revuelcan de las felicidad. No necesitan expresar palabras porque su gratitud es visible y emocionante.



Ortigoza comentó que hubo una yegua que fue torturada por su dueño y que fue abandonada agonizando. Le habían puesto creolina en los ojos y no podía pararse porque en los cascos tenía cortes. El propietario del animal huyó por tener orden de captura y la Fiscalía le concedió a la rescatista la potestad del animal.

Esta yegua que llegó prácticamente sin vida a Cangápolis, hoy es una de las hembras más rudas del establo y ya se la conoce por su nombre de “Pequeña Flor”.

Finalmente, Mirtha dio un mensaje a las personas que quieren dedicarse a este trabajo. Mencionó que no es fácil y no es cuestión de tener dinero y abrir un albergue. “Tenés que dejar de lado muchas cosas, no hay feriados, no hay marido, no hay hijos…. si vas a administrar un refugio de animales tenés que estar al frente y estar a la par del personal. Es difícil, no es imposible”, mencionó.

Para saber más del centro de rescate equino Cangápolis, puede escribir a la propietaria al (0983) 813-900.

 

Las historias detrás del árbol: la emoción de los abuelitos y la travesía por el bosque

Pura emoción e historias increíbles se vivieron este fin de semana en la expedición de los "Colosos de la Tierra", el concurso que premia al árbol más grande del país. La primera jornada tuvo su parada en el departamento de San Pedro y Caaguazú.


Fuente: @juancitoriveros

El viernes, los expedicionistas vivieron la primera historia en el departamento de San Pedro, específicamente en la localidad de Choré. Allí, la delegación de unas 60 personas, fue recibida por el señor Catalino Vera de 85 años que presentó a su imponente Timbo de más de 200 años.

La historia de don Catalino conmovió a todos los integrantes de la expedición, quien comentó que conoció al árbol hace unos 40 años atrás y a pesar de las innumerables veces en que se le ofreció echar el árbol, no lo hizo por el respeto que tiene hacia la naturaleza.

Visiblemente emocionado, don Catalino contó que pese a las condiciones humildes en la que viven él y su esposa, ña Herme de 85 años, jamás se les pasó por la cabeza tocar el árbol. “Él (su Timbo) es el verdadero dueño de la tierra”, dijo.

Este Timbo fue el séptimo árbol finalista visitado en toda la expedición de los “Colosos de la Tierra”. Además, es el único postulado en el Departamento de San Pedro.

La expedición posteriormente se trasladó hasta la localidad de Vaquería en el departamento de Caaguazú, donde la señora Beatriz Borges presentó a su gran Lapacho rosa de unos 25 a 30 metros de altura.

Los profesionales del área forestal que acompañaron la comitiva, indicaron que este Tajy tendría alrededor de 300 años, teniendo en cuenta su gran porte.

Para culminar, la primera jornada de esta segunda expedición, los integrantes de “Colosos de la Tierra” fueron hasta la localidad de Carayaó, donde los esperaba un inmenso Yvyra Pytã en medio de un bosque húmedo.

La experiencia tuvo la particularidad que la noche cayó en medio de la expedición y la travesía tuvo que realizarse con los últimos rayos del sol y con toda la adrenalina que eso conlleva.

“Colosos de la Tierra” a través de los años se convirtió en la campaña de concientización ambiental más grande de la región, con el involucramiento de ciudadanos de todos los departamentos del país que postulan sus árboles, el público en general que sigue el concurso y con el importante apoyo de más de 95 medios de comunicación.

Los árboles ganadores serán denominados “Colosos de la Tierra”. Cada ganador recibirá un galardón confeccionado por el artista Juampi Pistilli, 2 paquetes todo incluido de Ecoturismo, 2 adhesiones a la cena anual de A Todo Pulmón y 1 smartphone. La premiación se realizará el miércoles 5 de septiembre en Rakiura - Luque.

Edición: @AntonellaEgurav

 

Dismorfia Snapchat, la peligrosa obsesión por parecer a las selfies editadas en la vida real

Una nueva tendencia se está dando en los centros de cirugías plásticas y es el objetivo de parecerse a uno mismo pero con fotos editadas con los filtros de Snapchat.

Según la publicación de Infobae, un nuevo fenómeno se instala convirtiéndose en la nueva obsesión de quienes están pendientes de las apariencias extremas.

Se trata de la Dismorfia de Snapchat, en el cual consiste en que las personas traen sus propios selfies, generalmente editados con una aplicación de teléfono inteligente y pidiendo que se parezcan más a sus propias fotos, según un artículo publicado recientemente en JAMA Facial Plastic Surgery por investigadores del departamento de dermatología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Boston.

La tendencia está causando gran preocupación entre los expertos debido al efecto negativo sobre la autoestima de las personas y su potencial para desencadenar el trastorno dismórfico corporal, una enfermedad mental grave clasificada en el espectro obsesivo-compulsivo.

“Esta es una tendencia alarmante porque esos selfies editados con filtros, a menudo, presentan una apariencia inalcanzable y están borrando la línea de la realidad y fantasía para estos pacientes”, comenta el artículo.

Neelam Vashi, profesor asistente de dermatología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Boston y uno de los autores del artículos, comentó a The Washington Post que la “Dismorfia Snapchat” es la consecuencia de que las personas ahora pueden corregir cualquier imperfección con facilidad.

Y es que en la popular aplicación móvil presenta más de 20 filtros diferentes que los usuarios pueden alternar simplemente deslizando los dados por la pantalla.

Además de agregar coronas de flores u orejas de perrito, los filtros pueden poner pecas, pestañas más largas, ojos más anchos y una piel perfecta, entre otras cosas. Facebook, Instagram y Twitter también permiten a las personas editar sus fotos antes de subirlas a las respectivas plataformas.

Otra aplicación que da la posibilidad de crearnos una imagen muy diferente a la realidad de cada uno es Facetune. Por el módico precio de USD 3.99, los usuarios pueden tener acceso a una gran cantidad de herramientas de edición que pueden hacer de todo, desde blanquear los dientes hasta reducir la frente, la nariz o la cintura de las personas. La aplicación ha sido alabada como “un trabajo de edición de Photoshop en la palma de tu mano” e incluso, algunos, la han tildado de “mágica”.

Mientras que la gente usa filtros o software de edición para correcciones menores como borrar imperfecciones o rellenar labios, Vashi dijo que los procedimientos cosméticos tradicionales, en gran medida, no pueden reproducir la “solución instantánea” que las personas ven en sus fotos editadas.

“A veces tengo pacientes que dicen ‘Quiero que cada punto se vaya y quiero que se vaya hoy o mañana’ porque es lo que la fotografía filtrada les ha dado”, apuntó. “Marcan una cosa, y se van. Eso no es realista. No puedo hacer eso. Puedo mejorar mucho a la gente, pero me tomará mucho más tiempo que una semana y no será al ciento por ciento”.

Sin embargo, el término “Dismorfia Snapchat” fue acuñado este año por el médico estético británico Tijion Esho.

“La generación de hoy en día no puede escapar al ‘efecto Truman’ porque nacieron en una era de plataformas sociales donde sus sentimientos de autoestima se pueden basar puramente en la cantidad de likes y seguidores que tienen, lo que está relacionado con lo bien que se ven o lo geniales que son estas imágenes”, agregó al respecto durante una entrevista con The Independent.

Mientras que varios expertos, desde cirujanos plásticos hasta psicólogos, han advertido contra la dismorfia de Snapchat, Vashi dijo que es poco probable que las personas cambien su comportamiento en un futuro cercano.

 

Su esposa y una canción lo salvaron en el Ycuá: “ya no te puedo acompañar"

Uno de los testimonios más fuertes de amor y resistencia es el de Francisco Núñez. Su esposa perdió la vida en el incendio del Ycua Bolaños aquel 1 de agosto del 2004 y él estaba con ella antes de separarse por última vez. Una canción y una arenga de la mujer lo salvaron para que sus cinco hijos no queden huérfanos.


Fuente: Óscar López (@oscarlode)

El pasado 30 de julio, dos días antes del decimocuarto aniversario del incendio del Ycua Bolaños, el usuario de la red Twitter @Kikerock77_ (Enrique Núñez) posteó un hilo donde habló de una historia que para él, hasta ese momento, era desconocida. Su padre, Francisco Manuel Núñez Carpellni, le contó por primera vez en 14 años todo lo que pasó aquella mañana de domingo en la que 400 personas perdieron la vida.

El hilo de los tuits generaron una gran repercusión y varios internautas recordaron a la madre de Enrique, doña Norma Elisa Ferreira, una conocida docente oriunda de la ciudad de Coronel Oviedo.

“Yo tenía cuatro niños y una nena. Desde ese día me quedé como papá y mamá. Cuando ella me dejó tenía dos universitarios y los demás eran chicos”, contó Francisco quien desde Formosa, donde reside y trabaja, contó su historia a HOY Digital.

Aquella mañana del 1 de agosto, Francisco Núñez no estaba en Formosa porque había peleado con un cliente. En ese entonces, vivía con su esposa y sus hijos cerca de La Piedad, en el barrio Mbocayaty de Asunción.

Él y su esposa acordaron ir al supermercado Stock, ubicado frente al Hospital Central del Instituto de Previsión Social (IPS) para comprar carne ya que ese día se festejaban los cumpleaños de dos de sus hijos. Los Núñez Ferreira acostumbraban a ir al super en familia, pero ese día los más chiquitos se quedaron porque estaban muy entretenidos jugando videojuegos y por ello solo fue el matrimonio.

A las 10:00, se disponían a salir de su casa pero un vecino les atajó para conversar sobre temas inherentes a la comisión vecinal teniendo en cuenta de que se estaban organizando para construir un desagüe cloacal. La charla les generó un retraso considerable y la esposa de Francisco le recomendó ir al supermercado Ycuá Bolaños porque les quedaba más cerca.

EL SUEÑO DE FRANCISCO

La noche anterior, Francisco había tenido un sueño. “Yo vivo en la Argentina. Soy aficionado a la música. Soñé que me fui a un festival de chamamé de día. Había lindo sol pero era muy aburrido para ella. Ella quería salir pero la salida estaba toda amurallada. No había posibilidad de salir hasta que termine la peña. Tuve que salir para alegrarla”, recordó. Doña Norma se limitó a decirle: “qué raro que es tu sueño”, sin siquiera suponer que pudo haber sido una premonición de lo que iba a pasar más adelante.

Tan normal era la jornada que ese día, antes de ir al supermercado, Francisco le cargó combustible a su camioneta, una Isuzu cero kilómetro. Le pidió “tanque lleno” al playero y su esposa exclamó: “¿tanque lleno? se ve que trajiste mucha plata”. Él le respondió que sí y seguidamente la mujer le pregunta: “¿puedo comprar lo que yo quiera?”, consulta que nuevamente tuvo una respuesta positiva.

EL INCENDIO

Ya en el supermercado, Francisco y Norma fueron directo a la góndola de carne. Él estaba alardeando de su supuesto conocimiento sobre carnes cuando empezó a escuchar el ruido de la chapa. “El ruido era tatatatatatata. Como un ruido de granizo. Ella me preguntó: ‘¿qué es ese ruido?’ y yo le dije: ‘está cayendo granizo’. Ella me dijo ‘¿cómo granizo?’ y se reía”, recordó.

“Cuando me dijo ‘mirá un poco atrás’ vi una bola de fuego. Sin ruido, sin humo, sin explosión. Eso que decían de que hubo explosión era una mentira. Después recién vino, una hora después, la explosión. Vino cuando estaba ya en el piso tirado. Corrimos. Pensaba irme hacia el depósito donde vienen los carniceros pero después me fui hacia la rampa donde estaba la camioneta estacionada y ahí justo se me cayó ella”, dijo Francisco entre sollozos.

Francisco siguió con su relato: “me agaché y le grité con voz de mando de militar ‘¡levántese, levántese!’ y ya no podía. Ahí la gente me empujó y me caí frente a ella. La gente encima nuestro se quedó en la orilla. Se caía la gente encima nuestro. No podía mover ni la pierna ni el brazo ni la cara”.

“MUÑEQUITO DE CUERDA”

En el periodismo se escucha de todo. Hay historias, falsas, verdaderas, simples, complejas y también hay emotivas. Una de las más difíciles que me tocó escribir -a nivel personal- es la de los últimos momentos de Francisco y Norma, juntos.

El hombre recordó que hasta hoy busca en los karaokes una canción, poco conocida ya por generaciones contemporáneas pero con un simbolismo muy elevado, que es “Muñequito de cuerda”, cuya interpretación del mexicano Pedro Infante es la más popular. Como su título lo dice se trata de un muñeco de cuerda que necesita que se le dé cuerda para poder sobrellevar cualquier tipo de pesar en la vida.

En algunas ocasiones, cuando Francisco no tenía ganas de ir a trabajar. Norma utilizaba la melodía de “Muñequito de cuerda” para pedirle a su marido que vaya a trabajar porque sus hijos lo necesitan. “En ese entonces teníamos cuatro hijos y ella me cantaba: ‘No me importa si no trabajás. Se está terminando el pañal, va a faltar leche mañana’, y ahí me levantaba con ganas de trabajar”, recordó.

El día del incendio, ya bajo una montaña de personas, Norma le dijo a Francisco: “No vas a creer lo que me dijo. Me cantó y me dijo: ‘mirá Francisco. Yo ya no puedo ayudarte. Ya no tengo más piernas. No me duele nada. Vos tenés que defenderte. Tus hijos te van a necesitar mañana. Mañana tu hijo te va a necesitar. Yo ya no puedo más’.

En ese momento, Francisco empezó a intentar zafar de la cantidad de gente que estaba sobre él. Fue hacia la derecha del estacionamiento y en lugar de ir hacia la rampa para salir, fue hacia una columna. En un momento expresó que el mensaje de su esposa pudo haber sido producto de su mente, lo cierto es que esa voz fue la que lo convirtió en sobreviviente.

“Yo ahí me quedé. Cuando ahí entré pasó un calor fuertísimo. Mi cinto, mi camisa y mi anteojo se derritieron. Yo no me quemé. Solo ampollas tenía. Ahí me arrastré hacia Artigas. Pegado por el muro entre cadáveres calientes. Ahí se cayó el muro de cristales sobre Artigas y alguien me levantó. No podía respirar normalmente. Pedía agua pero no me daban porque no podía”, relató.

LA PEOR NOTICIA

Ya luego de reponerse, empezó a preguntar por su esposa. Un hermano suyo le dijo que estaba internada en el Hospital Central del IPS. Como Francisco estaba internado, se escapó y fue a buscar a Norma. Su ánimo se cayó cuando la mujer que estaba recibiendo atención médica no era la madre de sus hijos y empezó a manejar la posibilidad de que ella haya sobrevivido al siniestro.

Cuando fue a su casa se encerró en su pieza, ya resignado y consternado por lo ocurrido. Una costurera llegó hasta donde él y le dijo que vaya hasta la Caballería a reconocer el cadáver de su esposa. Francisco pudo saber que uno de los cuerpos era el de Norma, por las cicatrices en la pierna que tenía de un accidente automovilístico.

La madre de Norma, Bonifacia Ferreira, una mujer sana y fuerte, sufrió una descompensación luego de enterarse de la muerte de su hija y un mes después, falleció. Fueron pérdidas muy fuertes para la familia ya que ambas fueron por culpa del incendio.

Los días de Francisco fueron terribles y hasta hoy sufre secuelas de aquel episodio. Ya no puede dormir con la luz apagada y siempre que va a un lugar chequea si es posible escapar de un eventual siniestro. La vida lo preparó y la oportunidad que le dio Norma antes de morir hizo que el hombre siga con su vida. Hoy, es una de las tantas voces que quedaron huérfanas de un ser querido y que siguen pidiendo que se haga justicia por la catástrofe más cruenta de la historia del país.