Miércoles de la tercera semana de Pascua

“Esta es la voluntad del que me envió: que no pierda a ninguno de los que me confió…”. Jn 6, 39


Dios no quiere perder a ninguno de sus hijos. Él tiene un verdadero interés por cada uno de nosotros. Para Dios no es lo mismo si yo estoy en el buen camino o en el equivocado. Él siempre está buscando recuperar a aquellos que se desvían. Jesús fue enviado por el Padre al mundo justamente con esta misión: recuperar a todos los que estaban perdidos. Por eso él está buscando a cada hijo de Dios desviado, herido o muerto en el pecado. Y los que él rescata se hacen colaboradores de él en esta misión. Paz y bien.

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Jueves de la séptima semana del tiempo durante el año

“Si tu mano te hace pecar, córtala, porque más te vale entrar en la Vida manco que ir con las dos manos a la Gehena”. Mc 9, 43


Estas palabras nos suenan muy duras y nos asustan, pero ellas tienen un sentido figurado. El Evangelio manda cortar una de las manos, arrancar un ojo, sacar un pie…; sin embargo, el pecado que consigo realizar con la mano derecha, muy probablemente lo haré también con la izquierda. Ciertamente, lo que tengo que hacer es evitar las ocasiones de pecado (encuentros, bebidas, redes sociales…) y esta renuncia ya es muchas veces muy dolorosa como lo sería el cortar un miembro del cuerpo. Paz y bien.

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Miércoles de la séptima semana del tiempo durante el año

“No se lo impidan, porque nadie puede hacer un milagro en mi nombre y luego hablar mal de mí”. Mc 9, 39


Tantas veces queremos adueñarnos de Dios y de su Palabra; nos creemos los únicos autorizados a hablar de Él. Cuántas veces tenemos la tentación de los apóstoles, que querían prohibir a alguien hacer milagros en nombre de Cristo solo porque no era del grupo de ellos. Sin embargo, Jesús nos reprende: el bien no puede ser prohibido. Nadie tiene legítima autoridad para impedir que se realice el bien. Si lo hace, es un abusador de poder. El bien, sea quien sea el autor, debe ser promovido. Paz y bien.

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Martes de la séptima semana del tiempo durante el año

“El que quiere ser el primero debe hacerse el último de todos y el servidor de todos”. Mc 9, 35


Naturalmente, todos buscamos o deseamos ser el primero. Jesús reconoce como legítimo este deseo y propone un modo original para lograrlo: hacerse servidor de todos. Para Jesús seré el primero, el más importante si me pongo en el último lugar. Esto significa vencerme a mí mismo por completo. Solo una fe robusta puede sostener este bajarse por completo, este hacerse último. Sin ella, hasta bajaremos un poquito, pero inseguros y no conseguiremos ir al último lugar. Francisco de Asís y Teresa de Calcuta son ejemplos de que es verdad lo que dijo Jesús. Paz y bien.

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