Gotas de paz

Martes de la decimosexta semana del tiempo durante el año

308 - “Todo aquel que hace la voluntad de mi Padre, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre”. Mt 12, 50

Jesús tiene bien clara su misión: convencer a las personas de que lo más importante es hacer la voluntad de Dios. No son los títulos que posea, los vestidos de marca o hábitos religiosos que usa, los cargos de alto rango que ocupe o el parentesco o la amistad que tenga con quien sea. Lo que hace que alguien sea estimado como cercano a Dios tiene solo un criterio: asumir en su vida concretamente su Palabra. Hasta la persona más pobre y sencilla puede ser como un hermano o una madre para Jesús. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Santa María Magdalena

498 - «María Magdalena fue a anunciar a los discípulos: “He visto al Señor”». Jn 20, 18

Hoy la Iglesia nos recuerda el día de santa María Magdalena. Esta es una mujer que nos tiene mucho que decir. Ella fue la primera evangelizadora, la primera en llevar la buena noticia de la resurrección incluso a los propios apóstoles. Pero ella es también ejemplo vivo del milagro que Dios puede hacer en nuestra vida: de mujer pecadora a una mujer santa. No tengamos miedo, Dios en su amor, quiere perdonar nuestros pecados, por más grandes que ellos sean. Él quiere hacer de nosotros anunciadores de su buena noticia. Dios confía en nosotros, aun conociendo nuestra historia. Paz y bien.

 

Gotas de paz

XVI Domingo del Tiempo Ordinario (C)

“Marta, Marta, tú te inquietas y te preocupas por muchas cosas. En realidad, una sola es necesaria” Lc 10, 41-42

Tengo certeza que, en el lugar de Marta, podría estar nuestro nombre, pues la llamada de atención que hace Jesús viene como “anillo al dedo” a casi todos nosotros. ¿Quién tiene tiempo para estar con el Señor? ¿Para estar sentado escuchando su Palabra? ¿Para mirarle a los ojos y dejar que él vea mi corazón? En nuestros días, la respuesta más común cuando se refiere a las cosas de Dios, es: “¡no tengo tiempo!” Los quehaceres de la vida diaria ocupan todo nuestro tiempo. El mundo vive un ritmo frenético y nosotros en medio a esta avalancha no podemos organizarnos de modo diferente.

Pero el evangelio nos dice que este no es un problema de la pos-modernidad, es mucho más antiguo de lo que pensamos. Es una debilidad del hombre de todos los tiempos. Infelizmente todos tenemos una fuerte tendencia a la distracción, a llenarnos de preocupaciones y de inquietudes para no tener tiempo a las cosas esenciales. Tenemos miedo de lo esencial. Esto significa que no podemos colocar toda la culpa a la cultura, cuando la solución está mucho más en nosotros mismos. Somos nosotros que debemos tomar las riendas de la vida y no dejar que nuestras malas tendencias, o la cultura nos hagan sus marionetas. Es claro que este evangelio no es un elogio a los perezosos. A aquellos que no quieren trabajar y piensan que los demás le deben sustentar. Ciertamente no. También María era una mujer trabajadora, pero ante la visita de Jesús, ella supo dejar todo para estar con él. Marta infelizmente estaba ciega por sus preocupaciones y pensaba que eran más importantes sus quehaceres que “perder tiempo” estando escuchando a Jesús.

Muchas veces me he encontrado con personas que se justifican diciendo: “infelizmente yo no puedo participar de la Iglesia, no puedo ir a la misa, no puedo acompañar a mis hijos en la catequesis… porque ¡estoy muy ocupada!” ... y me da la impresión que por detrás de estas palabras está la idea de que aquellos que participan son personas desocupadas, que van a la Iglesia para llenar su tiempo. Pero, en verdad, sabemos que el tiempo es una cuestión de prioridad. El tiempo siempre nos alcanza para hacer todas las cosas que creemos que son realmente importantes. Por eso aquellos que dicen: “no tengo tiempo para Dios” (esto es para participar de la comunidad eclesial), están en la verdad afirmando, con la práctica de sus vidas, que él no es importante para ellos, o sea, que existen otras prioridades que le quitan el puesto a Dios. Y la vida va pasando, a veces con días llenos de cosas inútiles. Ocupadísimos con futilidades, nos olvidamos que “una sola cosa es necesaria” y para justificarnos o protegernos, hasta criticamos a aquellos que gastan su tiempo con la Vida.

Todos tenemos mucho que aprender de María. Aprender a priorizar. Aprender a discernir lo que es necesario para nuestras vidas. Aprender a “perder tiempo” para ganar la Vida. Aprender a no ser esclavos de los quehaceres. (Ciertamente sin ser irresponsable.)

Creo que es muy oportuno una palabrita sobre el domingo, día del Señor. El Papa Juan Pablo II ha insistido mucho sobre este tema. El domingo es día santo. La sociedad nos presenta solamente como un día de reposo y entretenimiento. Otros lo ven como un día para hacer otros trabajos. Pero la fe nos dice que es un día para estar en primer lugar con el Señor, también para estar en familia, para descansar y así descubrir la grandeza de la vida, que es mucho más que una rutina de trabajo. Pero, insisto, la prioridad de este día es el Señor. La eucaristía, como puesto privilegiado para el encuentro con él, no debe ser simplemente una alternativa entre tantas, debe ser la prioridad del domingo, a partir de la cual las otras cosas también pueden ser hechas. Saber dar tiempo a Dios es una característica de hombres libres, que saben determinar su propio tiempo, como hizo María.

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.

Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

Sábado de la decimoquinta semana del tiempo durante el año

303 - “Muchos seguían a Jesús y él les sanaba a todos”. Mt 12, 15

Cuando una persona decide seguir a Jesús, sin dudas su vida se transforma. El encuentro con el Señor, la escucha de su Palabra, la fe que nace en los corazones, sin duda les hace entrar en un profundo proceso de sanación. No puedo encontrarme con él y ponerme en su camino sin que mi vida cambie. La palabra de Jesús no solo ilumina mi intelecto, sino que obra en mi corazón, me libera de cargas innecesarias, me compromete en el servicio y me hace renacer a una vida nueva. Haz la prueba. No te quedes solo mirando desde lejos. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Viernes de la decimoquinta semana del tiempo durante el año

302 - “Sus discípulos, hambrientos, se pusieron a arrancar espigas y comérselas en día sábado”. Mt 12, 1

Las reglas existen para ayudar a las personas a vivir mejor y todos debemos estar dispuestos a respetarlas; sin embargo, a veces la vida nos pone delante de situaciones tan particulares en las cuales se justifica el quiebre de una regla para que la vida sea defendida. Por eso, no debemos absolutizar las reglas como si ellas estuvieran por encima de todas las cosas o como si todas tuvieran el mismo valor. En la jerarquía de los valores descubrimos que hay momentos en que lo justo es saltar alguna exigencia de la norma para salvaguardar un bien mayor. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Jueves de la decimoquinta semana del tiempo durante el año

301 - “Mi yugo es suave y mi carga, ligera”. Mt 11, 30

Muchos piensan que seguir a Jesús es algo muy difícil, exigente y, a veces, hasta castrante, pues todo es prohibiciones, vetos y represión. Sin embargo, esto no corresponde a su propuesta. Lo primero que él quiere es que experimentemos su amor misericordioso, siempre listo para socorrernos en nuestras necesidades. Después, si queremos seguirlo, entonces él, sin imposiciones arbitrarias, nos hará descubrir desde nuestra condición concreta su propuesta de felicidad, que nunca nos exige más de lo que él mismo nos da. Con Cristo no perdemos, pues lo que nos pide no son sus caprichos, sino lo que nos puede hacer verdaderamente felices. Pruébalo. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Miércoles de la decimoquinta semana del tiempo durante el año

300 - “Nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquél a quien el Hijo decida revelárselo”. Mt 11, 27

Qué privilegio el nuestro, el haber sido elegidos por el Hijo amado de Dios para conocer el corazón del Padre eterno. Por más que en la meditación muchos líderes religiosos de todo el mundo llegaron a intuir ciertos aspectos de Dios, también hicieron afirmaciones equivocadas sobre Él, pues sus doctrinas –aun siendo bonitas– siguen siendo construcciones humanas. Solo en Cristo Jesús, verbo encarnado, tenemos la propia revelación de Dios y llegamos al conocimiento profundo de su misterio. El Hijo quiere revelarlo a nosotros también; estudiemos los evangelios y descubriremos el misterio del amor de Dios. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Martes de la decimoquinta semana del tiempo durante el año

299 - “Jesús se puso a recriminar a las ciudades donde había realizado la mayoría de sus milagros, porque no se habían arrepentido”. Mt 11, 20

Cuando Jesús realiza un milagro en mi vida no es solo para que yo me ponga feliz y vuelva a hacer exactamente lo mismo que hacía antes. Siempre debo preguntarme qué es lo que Dios quiere de mí. Habiendo sentido su poder en mi historia, qué puedo hacer para ser más fiel a su Palabra. No puedo estar siempre pidiéndole que me socorra en mis desastres sin buscar mejorar mi vida, pues un día también a mí me recriminará: «Si otros hubiesen tenido las gracias que te di, serían mucho mejores». Paz y bien.

 

Gotas de paz

Lunes de la decimoquinta semana del tiempo durante el año

298 - “No piensen que he venido a traer paz a la tierra. No vine a traer paz, sino espada”. Mt 10, 34

Estas palabras de Jesús nos causan mucha perplejidad, pues sabemos que él es el príncipe de la paz y le escuchamos diciendo a los discípulos: “La paz esté con ustedes.” Es necesario, por lo tanto, entenderlas. Jesús no vino para generar una paz ilusoria o falsa entre el bien y el mal, entre lo justo y lo injusto. En este caso, él vino para enfrentarlos y que el bien venza al mal, para que la justicia prevalezca. No le interesa una paz hipócrita o superficial. La paz de Jesús nace de la lucha. Paz y bien.

 

Gotas de paz

XVI Domingo del Tiempo Ordinario (C)

“Marta, Marta, tú te inquietas y te preocupas por muchas cosas. En realidad, una sola es necesaria” Lc 10, 41-42

Tengo certeza que, en el lugar de Marta, podría estar nuestro nombre, pues la llamada de atención que hace Jesús viene como “anillo al dedo” a casi todos nosotros. ¿Quién tiene tiempo para estar con el Señor? ¿Para estar sentado escuchando su Palabra? ¿Para mirarle a los ojos y dejar que él vea mi corazón? En nuestros días, la respuesta más común cuando se refiere a las cosas de Dios, es: “¡no tengo tiempo!” Los quehaceres de la vida diaria ocupan todo nuestro tiempo. El mundo vive un ritmo frenético y nosotros en medio a esta avalancha no podemos organizarnos de modo diferente.

Pero el evangelio nos dice que este no es un problema de la pos-modernidad, es mucho más antiguo de lo que pensamos. Es una debilidad del hombre de todos los tiempos. Infelizmente todos tenemos una fuerte tendencia a la distracción, a llenarnos de preocupaciones y de inquietudes para no tener tiempo a las cosas esenciales. Tenemos miedo de lo esencial. Esto significa que no podemos colocar toda la culpa a la cultura, cuando la solución está mucho más en nosotros mismos. Somos nosotros que debemos tomar las riendas de la vida y no dejar que nuestras malas tendencias, o la cultura nos hagan sus marionetas. Es claro que este evangelio no es un elogio a los perezosos. A aquellos que no quieren trabajar y piensan que los demás le deben sustentar. Ciertamente no. También María era una mujer trabajadora, pero ante la visita de Jesús, ella supo dejar todo para estar con él. Marta infelizmente estaba ciega por sus preocupaciones y pensaba que eran más importantes sus quehaceres que “perder tiempo” estando escuchando a Jesús.

Muchas veces me he encontrado con personas que se justifican diciendo: “infelizmente yo no puedo participar de la Iglesia, no puedo ir a la misa, no puedo acompañar a mis hijos en la catequesis… porque ¡estoy muy ocupada!” ... y me da la impresión que por detrás de estas palabras está la idea de que aquellos que participan son personas desocupadas, que van a la Iglesia para llenar su tiempo. Pero, en verdad, sabemos que el tiempo es una cuestión de prioridad. El tiempo siempre nos alcanza para hacer todas las cosas que creemos que son realmente importantes. Por eso aquellos que dicen: “no tengo tiempo para Dios” (esto es para participar de la comunidad eclesial), están en la verdad afirmando, con la práctica de sus vidas, que él no es importante para ellos, o sea, que existen otras prioridades que le quitan el puesto a Dios. Y la vida va pasando, a veces con días llenos de cosas inútiles. Ocupadísimos con futilidades, nos olvidamos que “una sola cosa es necesaria” y para justificarnos o protegernos, hasta criticamos a aquellos que gastan su tiempo con la Vida.

Todos tenemos mucho que aprender de María. Aprender a priorizar. Aprender a discernir lo que es necesario para nuestras vidas. Aprender a “perder tiempo” para ganar la Vida. Aprender a no ser esclavos de los quehaceres. (Ciertamente sin ser irresponsable.)

Creo que es muy oportuno una palabrita sobre el domingo, día del Señor. El Papa Juan Pablo II ha insistido mucho sobre este tema. El domingo es día santo. La sociedad nos presenta solamente como un día de reposo y entretenimiento. Otros lo ven como un día para hacer otros trabajos. Pero la fe nos dice que es un día para estar en primer lugar con el Señor, también para estar en familia, para descansar y así descubrir la grandeza de la vida, que es mucho más que una rutina de trabajo. Pero, insisto, la prioridad de este día es el Señor. La eucaristía, como puesto privilegiado para el encuentro con él, no debe ser simplemente una alternativa entre tantas, debe ser la prioridad del domingo, a partir de la cual las otras cosas también pueden ser hechas. Saber dar tiempo a Dios es una característica de hombres libres, que saben determinar su propio tiempo, como hizo María.

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.

Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

Sábado de la decimoquinta semana del tiempo durante el año

303 - “Muchos seguían a Jesús y él les sanaba a todos”. Mt 12, 15

Cuando una persona decide seguir a Jesús, sin dudas su vida se transforma. El encuentro con el Señor, la escucha de su Palabra, la fe que nace en los corazones, sin duda les hace entrar en un profundo proceso de sanación. No puedo encontrarme con él y ponerme en su camino sin que mi vida cambie. La palabra de Jesús no solo ilumina mi intelecto, sino que obra en mi corazón, me libera de cargas innecesarias, me compromete en el servicio y me hace renacer a una vida nueva. Haz la prueba. No te quedes solo mirando desde lejos. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Viernes de la decimoquinta semana del tiempo durante el año

302 - “Sus discípulos, hambrientos, se pusieron a arrancar espigas y comérselas en día sábado”. Mt 12, 1

Las reglas existen para ayudar a las personas a vivir mejor y todos debemos estar dispuestos a respetarlas; sin embargo, a veces la vida nos pone delante de situaciones tan particulares en las cuales se justifica el quiebre de una regla para que la vida sea defendida. Por eso, no debemos absolutizar las reglas como si ellas estuvieran por encima de todas las cosas o como si todas tuvieran el mismo valor. En la jerarquía de los valores descubrimos que hay momentos en que lo justo es saltar alguna exigencia de la norma para salvaguardar un bien mayor. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Jueves de la decimoquinta semana del tiempo durante el año

301 - “Mi yugo es suave y mi carga, ligera”. Mt 11, 30

Muchos piensan que seguir a Jesús es algo muy difícil, exigente y, a veces, hasta castrante, pues todo es prohibiciones, vetos y represión. Sin embargo, esto no corresponde a su propuesta. Lo primero que él quiere es que experimentemos su amor misericordioso, siempre listo para socorrernos en nuestras necesidades. Después, si queremos seguirlo, entonces él, sin imposiciones arbitrarias, nos hará descubrir desde nuestra condición concreta su propuesta de felicidad, que nunca nos exige más de lo que él mismo nos da. Con Cristo no perdemos, pues lo que nos pide no son sus caprichos, sino lo que nos puede hacer verdaderamente felices. Pruébalo. Paz y bien.