Gotas de paz

Martes de la vigesimonovena semana del tiempo durante el año

425 - “Estén preparados, ceñidos y con las lámparas encendidas”. Lc 12, 35

La vigilancia continua es el ideal de la vida cristiana. El mundo, la comodidad, los placeres ejercen sobre nosotros una continua fascinación, pero, tocados por Cristo, debemos saber resistir a estas tentaciones y mantenernos siempre en la espera de nuestro día. Deberíamos verificarnos constantemente si estamos listos para partir, esto es, si estamos al día con la caridad, si no estamos en falta con nadie, si estamos en comunión con Dios y con su Iglesia. Si encontramos que algo no está bien, no debemos esperar o pensar: “otro día voy a solucionar esto”, pues puede no haber otro día. Hoy es el día de la gracia. Aprovéchalo. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Lunes de la vigesimonovena semana del tiempo durante el año

424 - “Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?”. Lc 12, 20

Hay personas que gastan sus mejores energías buscando acumular bienes: casas, joyas, automóviles, acciones, ahorros… Parece que están hipnotizadas u obsesionadas por acumular, olvidándose de que nuestros días aquí son limitados y que nada de lo que acumulamos lo llevamos. Supuestamente, quieren dejar a los hijos en buena situación, pero es solo una excusa de quien esta hechizado por las riquezas. Cada uno debe trabajar normalmente para tener lo necesario para sí y su familia. La vida en Cristo debe liberarnos de la esclavitud de la acumulación. Es necesario equilibrar trabajo, familia, religión y vida social, pues la muerte no nos perdona. Paz y bien.

 

Gotas de paz

XXIX Domingo del Tiempo Ordinario (C)

“Para inculcarles la necesidad de orar siempre sin desanimarse, Jesús les contó esta parábola: …” Lc 18, 1

De las primeras palabras del evangelio de este domingo, ya podemos entender la dirección de la reflexión que la Iglesia nos propone: nuestra oración debe ser constante.

Cuando queremos descubrir qué aspecto del evangelio dominical la Iglesia quiere reforzar, debemos leer la primera lectura, que siempre nos muestra en el Antiguo Testamento una prefiguración de lo que nos dice el evangelio.

En el libro del Éxodo encontramos un relato en el cual se presenta una batalla entre el Pueblo de Dios y otro pueblo que les había atacado. Nos dice que mientras ellos luchaban Moisés se subió a una montaña para orar: cuando Moisés tenía los brazos levantados los Israelitas vencían, cuando Moisés bajaba los brazos los israelitas perdían. Como Moisés en un cierto momento ya no aguantaba más tener los brazos levantados por el cansancio, entonces dos otras personas sostuvieron sus brazos levantados hasta la victoria. Los brazos levantados de Moisés son símbolo de la oración, que debe ser siempre constante.

Los desafíos de la vida son muchos. Nuestra lucha contra el mal y contra sus tentaciones no debe tener pausa. Si “cruzamos los brazos” el mal empieza a vencer, y nosotros comenzamos a hundirnos. Para que el mal crezca no necesitamos hacer nada, basta ser pasivos y él ya nos arrastrará. Pero para permanecer en el bien necesitamos buscarlo con perseverancia y esfuerzo, es necesario estar activos.

La oración es el instrumento que nos ha dejado Dios, para que podamos vencer al mundo. ¡Y el mundo sabe de esto! Por eso el enemigo siempre está intentando romper con nuestra vida de oración, pues es el mejor modo de debilitarnos.

En nuestros días él encontró un modo muy sutil de hacerlo. Si él nos dijera que la oración no es importante, que no sirve para nada, sería muy directo, y creo que muchos de nosotros no le daríamos crédito. Entonces nos preparó una trampa disfrazada, pero mucho más peligrosa. Cuantas veces nosotros ya escuchamos o hasta dijimos: “la oración es muy importante, pero cada uno debe hacerla solamente cuando tiene ganas.” “A la misa yo voy solo cuanto mi siento bien…” “A veces me da ganas de leer la Biblia, de rezar un rosario, o de entrar en una iglesia y entonces lo hago, los otros días cuando estoy muy ocupado no hago, y muchos días me olvido”. Y tantas otras expresiones.

Esta es la victoria del mundo, que tiene miedo de las personas que perseveran en la oración. Hacer de la oración un evento ocasional significa destruir la fuerza de nuestra fe. Es colocar nuestra vida interior entre las cosas que hasta son importantes, pero que no son necesarias. Pues las cosas que creemos ser necesarias para la vida, las hacemos, aunque no tengamos tanto gusto. Una medicina en un tratamiento, no la utilizamos solo cuando nos da las ganas. A la escuela no se puede ir solo cuando se está inspirado. Quien solo hace lo que le gusta, está condenado a la muerte. Quien reza solamente de vez en cuando, no sirve de nada. Esta oración se pierde, no cambia nada. Se queda siempre en el mismo lugar, no madura la fe, será condenado a un infantilismo espiritual.

Quien quiere ser un cristiano de verdad, tiene que tener un proyecto serio de oración, de contacto con la Palabra, de vida sacramental. Tiene que ser fiel, perseverante, constante. Aunque en algún día no sienta nada, aunque alguna vez tenga que hacer un esfuerzo de vencerse a sí mismo, aunque tenga que renunciar a alguna otra cosa mucho más placentera para ser fiel al encuentro con el Señor.

Pero también es muy importante saber que este proceso de conversión no debe ser hecho solitariamente. Ciertamente tendremos momentos difíciles, muchas veces “nuestros brazos estarán cansados y sin fuerzas para mantenerse levantados” y entonces serán necesarios los hermanos para sostener nuestros brazos, para que nos ayuden a perseverar.

La oración no es importante, es necesaria. Formar comunidad no es importante, es necesario.

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te de la PAZ.

Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

Sábado de la vigesimoctava semana del tiempo durante el año

420 - «Jesús dijo a sus discípulos: “Les aseguro que aquel que me reconozca abiertamente delante de los hombres, el Hijo del hombre lo reconocerá ante los ángeles de Dios”». Lc 12, 8

En la actualidad, existen muchos que quieren hacer de la fe un hecho completamente privado. Según estos, debo vivir mi fe tan secretamente para que nadie se dé cuenta. Sin embargo, esta no es la propuesta de Jesús. Él quiere que demos testimonio público de nuestra fe, sin miedo de lo que pueda suceder, pues él mismo será nuestra defensa. El desafío en este mundo secularizado es dar la cara por Cristo. Esta valentía no quedará sin recompensa. Paz y bien.

 

Gotas de paz

San Lucas, evangelista: 18 de octubre

515 - “En las ciudades… curen a sus enfermos y digan a la gente: «El Reino de Dios está cerca de ustedes»”. Lc 10, 9

El evangelista Lucas, cuya fiesta celebramos hoy, sin dudas cumplió este evangelio. Siendo médico de profesión, tenía siempre una gran sensibilidad hacia los enfermos como se evidencia en su evangelio, y además supo anunciar a todas las personas la cercanía del reino de Dios. Sus parábolas de la misericordia son un icono precioso de este Dios que se acerca a todo hombre, no para juzgarlo o condenarlo sino para sanarlo y salvarlo. También nosotros somos hoy parte de los setenta y dos enviados a todos los lugares donde Jesús debe llegar. Que nuestra cercanía a los que sufren sea un signo de la presencia de Dios. Paz y bien.

 

Gotas de paz

XXVIII Domingo del Tiempo Ordinario (C)

Jesús sanó a diez leprosos. “Uno de ellos, al verse sano, volvió de inmediato. Llegó alabando a Dios en alta voz y echándose a los pies de Jesús, con el rostro en tierra, le daba gracias” Lc 17, 15-16

Creo que este evangelio nos da una oportunidad para reflexionar sobre nuestra relación con Dios y con los demás. Todos necesitamos de la ayuda de Dios y de los otros. Recurrimos a ellos para hacerle pedidos en nuestras dificultades, así como aquellos diez leprosos que gritaban a Jesús para que les sanara.

A veces cuando queremos pedir algo a Dios, le suplicamos de todos los modos posibles, nos arrodillamos dando señal de humildad, hacemos oraciones en que nos pintamos como muy sumisos a su voluntad, y como queriendo convencerlo a que nos dé, lo que necesitamos, prometemos de todo llenándonos de buenos propósitos. Más o menos lo mismo hacemos con los demás. Muchas veces hasta somos muy exigentes. Creemos que Dios tiene la obligación de darnos todas las gracias que deseamos. Y si por acaso algo no nos hace como hemos dicho, entonces nos enfurecemos, y nos quedamos enojados con él. Le criticamos y para colmo hasta hacemos ciertas cosas por despecho, sin darnos cuenta de que los únicos perjudicados seremos nosotros mismos.

Lo más increíble en nuestro comportamiento es que cuando Dios o los demás nos dan lo que estamos suplicando, entonces con mucha rapidez abandonamos la situación de humildad que teníamos antes y con insensibilidad continuamos nuestro camino, sin al menos parar y hacer algo concreto para agradecer por el bien que nos hicieron. En el fondo con nuestro comportamiento dejamos entender que creemos que ellos no hicieron nada más que su obligación. Al igual que los nueve leprosos sanados, en general, no retornamos para agradecer.

Seguramente todos, los diez, estaban contentos con la sanación y en su interior hasta habrán pensado: “¡Qué bueno fue Dios!” Sin embargo, uno solo volvió para alabar concretamente. Los otros nueve siguieron sus caminos. En ellos la gratitud no encontró un modo de expresarse y así quedó solo un sentimiento pasajero. Y por eso, porque la gratitud no fue manifestada, ellos perdieron una excelente ocasión de crear con Jesús una relación más profunda.

Solo cuando nuestros sentimientos son manifestados, ellos pueden colaborar para que nuestra vida sea más auténtica y nuestras relaciones más profundas. Manifestar el sentimiento hace crear lazos con los demás. Cuando manifiesto mi gratitud con alguien, me comprometo con aquella persona y en cierto sentido me dispongo, para de algún modo retribuir el bien hecho. También la persona que recibe la gratitud se siente confirmada en su acción y comprometida para el futuro. Entre estas dos personas crece la unidad.

Tal vez sea por eso que aquellos nueve no volvieron. Estaban contentos con la sanación, pero no querían comprometerse con Jesús. No querían sentirse comprometidos con él. Querían mantener una relación superficial.

Creo que tantas veces nuestra ingratitud, es miedo a sentirnos obligados con el otro. Es miedo a que me pueda pedir algo. Es miedo a crear lazos. Cuando necesitamos, forzados por la situación, somos presionados a pedir, a suplicar… pero después que conseguimos lo que queríamos, sin la presión de la necesidad, entonces el miedo, el egoísmo, la superficialidad nos hacen preferir no manifestar nuestra gratitud, supuestamente para salvaguardar nuestra independencia. Y aunque sea completamente injusto con quien nos hizo el bien, así lo hacemos, pues el egoísmo nos deja ciegos.

En general somos muy sensibles cuando no nos agradecen, (todos deseamos que los otros estén comprometidos con nosotros) pero todos tenemos naturalmente miedo de agradecer.

Jesús nos desafía a vencer este miedo. Él nos invita a romper las cadenas del egoísmo. Pues solo así podremos participar de su reino. Solo así seremos salvados.

De hecho, aquel único leproso, y solo él volvió inmediatamente y manifestó concretamente su gratitud: “llegó alabando a Dios en alta voz y echándose a los pies de Jesús, con el rostro en tierra, le daba gracias”, Jesús le pudo dar lo que más quería, no solo la simple sanación de su cuerpo, más también la salvación integral. Con él Jesús pudo empezar una nueva relación. Él aceptó estar comprometido con Dios.

Oh Jesús, cuantas veces sin percibir también yo hice lo mismo. Cuantas veces como un mecanismo de defensa, no manifesté mi gratitud a mis familiares, a mis amigos, a mis colegas y principalmente a ti, para no sentirme comprometido y obligado. Cuantas veces en mi egoísmo preferí mantener relaciones superficiales, usando y desechando a los demás. Perdóname Señor, y ayúdame a ser diferente. Ayúdame a manifestar concretamente mi gratitud, pues despacito me doy cuenta que no existe otro camino de salvación y ni de felicidad.

El Señor te bendiga e te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.

Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

Sábado de la vigesimoséptima semana del tiempo durante el año

411 - “Felices los que escuchan la Palabra de Dios y la practican”. Lc 11, 28

Para Dios no es importante que yo sea un pariente o un amigo de un gran santo. Esto no me hace tener méritos ni me da algún privilegio. Lo único que cuenta para Él es la vivencia concreta de su Palabra. Este es el caso de la Virgen María, que es bienaventurada por ser la madre de Jesús, pero lo es mucho más porque en toda su vida siempre puso en práctica la voluntad de Dios. De hecho, en el Reino de los Cielos no existen padrinos que llevarán a alguien a la salvación cuando él mismo la haya despreciado. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Viernes de la vigesimoséptima semana del tiempo durante el año

410 - “El que no está conmigo, está en contra de mí; y el que no recoge conmigo, desparrama”. Lc 11, 23

En esta vida no hay como quedarse neutro: o yo colaboro con el crecimiento del bien o estoy automáticamente colaborando para que el mal prospere. Es como la tierra: o planto algo bueno y lo cuido continuamente o espontáneamente crece la yerba mala. No hay como cruzarse los brazos y pensar que no tengo ninguna culpa por lo que sucede: para el bien se necesita esfuerzo y para el mal, basta reposar. Por eso, debo preguntarme: ¿estoy colaborando con el bien o, con mi pasividad, soy un promotor del mal? La omisión también es un pecado. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Jueves de la vigesimoséptima semana del tiempo durante el año

409 - “Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá”. Lc 11, 9

Dios responde a nuestro esfuerzo. Cuando nos interesamos –y con perseverancia ponemos de nuestra parte–, Dios nos bendice y hace que nuestras obras prosperen. Nuestro Dios es un Padre amoroso, que quiere acompañar a sus hijos con gracias especiales cuando oramos, cuando trabajamos, cuando nos esforzamos. Jamás el Señor deja sin respuesta el clamor de sus hijos. Aun cuando lo que pedimos sea un disparate, Él nos escucha y nos regala lo que realmente necesitamos. Pero si nunca pido, busco o llamo…, estaré perdiendo muchas oportunidades de la gracia de Dios en mi vida. Paz y bien.

 

Gotas de paz

Lunes de la vigesimonovena semana del tiempo durante el año

424 - “Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?”. Lc 12, 20

Hay personas que gastan sus mejores energías buscando acumular bienes: casas, joyas, automóviles, acciones, ahorros… Parece que están hipnotizadas u obsesionadas por acumular, olvidándose de que nuestros días aquí son limitados y que nada de lo que acumulamos lo llevamos. Supuestamente, quieren dejar a los hijos en buena situación, pero es solo una excusa de quien esta hechizado por las riquezas. Cada uno debe trabajar normalmente para tener lo necesario para sí y su familia. La vida en Cristo debe liberarnos de la esclavitud de la acumulación. Es necesario equilibrar trabajo, familia, religión y vida social, pues la muerte no nos perdona. Paz y bien.

 

Gotas de paz

XXIX Domingo del Tiempo Ordinario (C)

“Para inculcarles la necesidad de orar siempre sin desanimarse, Jesús les contó esta parábola: …” Lc 18, 1

De las primeras palabras del evangelio de este domingo, ya podemos entender la dirección de la reflexión que la Iglesia nos propone: nuestra oración debe ser constante.

Cuando queremos descubrir qué aspecto del evangelio dominical la Iglesia quiere reforzar, debemos leer la primera lectura, que siempre nos muestra en el Antiguo Testamento una prefiguración de lo que nos dice el evangelio.

En el libro del Éxodo encontramos un relato en el cual se presenta una batalla entre el Pueblo de Dios y otro pueblo que les había atacado. Nos dice que mientras ellos luchaban Moisés se subió a una montaña para orar: cuando Moisés tenía los brazos levantados los Israelitas vencían, cuando Moisés bajaba los brazos los israelitas perdían. Como Moisés en un cierto momento ya no aguantaba más tener los brazos levantados por el cansancio, entonces dos otras personas sostuvieron sus brazos levantados hasta la victoria. Los brazos levantados de Moisés son símbolo de la oración, que debe ser siempre constante.

Los desafíos de la vida son muchos. Nuestra lucha contra el mal y contra sus tentaciones no debe tener pausa. Si “cruzamos los brazos” el mal empieza a vencer, y nosotros comenzamos a hundirnos. Para que el mal crezca no necesitamos hacer nada, basta ser pasivos y él ya nos arrastrará. Pero para permanecer en el bien necesitamos buscarlo con perseverancia y esfuerzo, es necesario estar activos.

La oración es el instrumento que nos ha dejado Dios, para que podamos vencer al mundo. ¡Y el mundo sabe de esto! Por eso el enemigo siempre está intentando romper con nuestra vida de oración, pues es el mejor modo de debilitarnos.

En nuestros días él encontró un modo muy sutil de hacerlo. Si él nos dijera que la oración no es importante, que no sirve para nada, sería muy directo, y creo que muchos de nosotros no le daríamos crédito. Entonces nos preparó una trampa disfrazada, pero mucho más peligrosa. Cuantas veces nosotros ya escuchamos o hasta dijimos: “la oración es muy importante, pero cada uno debe hacerla solamente cuando tiene ganas.” “A la misa yo voy solo cuanto mi siento bien…” “A veces me da ganas de leer la Biblia, de rezar un rosario, o de entrar en una iglesia y entonces lo hago, los otros días cuando estoy muy ocupado no hago, y muchos días me olvido”. Y tantas otras expresiones.

Esta es la victoria del mundo, que tiene miedo de las personas que perseveran en la oración. Hacer de la oración un evento ocasional significa destruir la fuerza de nuestra fe. Es colocar nuestra vida interior entre las cosas que hasta son importantes, pero que no son necesarias. Pues las cosas que creemos ser necesarias para la vida, las hacemos, aunque no tengamos tanto gusto. Una medicina en un tratamiento, no la utilizamos solo cuando nos da las ganas. A la escuela no se puede ir solo cuando se está inspirado. Quien solo hace lo que le gusta, está condenado a la muerte. Quien reza solamente de vez en cuando, no sirve de nada. Esta oración se pierde, no cambia nada. Se queda siempre en el mismo lugar, no madura la fe, será condenado a un infantilismo espiritual.

Quien quiere ser un cristiano de verdad, tiene que tener un proyecto serio de oración, de contacto con la Palabra, de vida sacramental. Tiene que ser fiel, perseverante, constante. Aunque en algún día no sienta nada, aunque alguna vez tenga que hacer un esfuerzo de vencerse a sí mismo, aunque tenga que renunciar a alguna otra cosa mucho más placentera para ser fiel al encuentro con el Señor.

Pero también es muy importante saber que este proceso de conversión no debe ser hecho solitariamente. Ciertamente tendremos momentos difíciles, muchas veces “nuestros brazos estarán cansados y sin fuerzas para mantenerse levantados” y entonces serán necesarios los hermanos para sostener nuestros brazos, para que nos ayuden a perseverar.

La oración no es importante, es necesaria. Formar comunidad no es importante, es necesario.

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te de la PAZ.

Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

Gotas de paz

Sábado de la vigesimoctava semana del tiempo durante el año

420 - «Jesús dijo a sus discípulos: “Les aseguro que aquel que me reconozca abiertamente delante de los hombres, el Hijo del hombre lo reconocerá ante los ángeles de Dios”». Lc 12, 8

En la actualidad, existen muchos que quieren hacer de la fe un hecho completamente privado. Según estos, debo vivir mi fe tan secretamente para que nadie se dé cuenta. Sin embargo, esta no es la propuesta de Jesús. Él quiere que demos testimonio público de nuestra fe, sin miedo de lo que pueda suceder, pues él mismo será nuestra defensa. El desafío en este mundo secularizado es dar la cara por Cristo. Esta valentía no quedará sin recompensa. Paz y bien.

 

Gotas de paz

San Lucas, evangelista: 18 de octubre

515 - “En las ciudades… curen a sus enfermos y digan a la gente: «El Reino de Dios está cerca de ustedes»”. Lc 10, 9

El evangelista Lucas, cuya fiesta celebramos hoy, sin dudas cumplió este evangelio. Siendo médico de profesión, tenía siempre una gran sensibilidad hacia los enfermos como se evidencia en su evangelio, y además supo anunciar a todas las personas la cercanía del reino de Dios. Sus parábolas de la misericordia son un icono precioso de este Dios que se acerca a todo hombre, no para juzgarlo o condenarlo sino para sanarlo y salvarlo. También nosotros somos hoy parte de los setenta y dos enviados a todos los lugares donde Jesús debe llegar. Que nuestra cercanía a los que sufren sea un signo de la presencia de Dios. Paz y bien.