Lunes de la octava de Pascua

114 - “Jesús salió a su encuentro y les saludó, diciendo ¡Alégrense!”. Mt 28, 9

La tristeza es señal de insatisfacción, de dolor, de nostalgia, de duelo, de frustración…
Aquellas mujeres que antes estaban llorando, tan tristes por la muerte de Jesús, después
del encuentro con el ángel, se alegraron, pues llevaban la buena noticia de su
resurrección.
Además, el encuentro personal con el resucitado llevó a la plenitud la alegría que
sentían. Ahora ya no era solo una noticia, sino que ellas le estaban viendo, escuchando y
tocando. Y de la boca de Jesús justamente escuchan esto: “¡Alégrense!”. Hoy el Señor
sale a nuestro encuentro para transformar nuestras tristezas en alegría. Ojalá nos
encuentre. Ojalá lo escuchemos. Paz y bien.

Martes de la segunda semana de Adviento

013 – “El Padre que está en el cielo no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños”. Mt 18, 14

Yo no necesito convencer a Dios para que me salve. Esta es su voluntad. La Palabra de Dios nos dice que Él es como el pastor que no quiere perder ni una sola de sus ovejas, sino que busca a cada una que se descarría. Dios hace de todo para que estemos en su presencia: nos visita de mil modos, nos acompaña, nos bendice, aun cuando ni no nos damos cuenta. Seguro hoy el Señor te está buscando, con la esperanza de poder llevarte de nuevo a la felicidad y la paz. Déjate encontrar por Él.

Paz y bien.

Hno Mariosvaldo Florentino, capuchino.

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Lunes de la segunda semana de Adviento

524-“Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. Lc 1, 28

De entre todas las mujeres de la tierra, ciertamente la Virgen María es la más especial. El Señor mismo la preparó y la preservó de todo mal para que fuera la madre del Salvador. Desde su concepción, el Señor la cuidó para que ella fuese siempre pura pues su misión era singular. En María el sueño de Dios se anticipó lo que seremos al final: santos e inmaculados en el amor; en ella ya fue desde el inicio por un particular privilegio. Es por eso que el ángel ya la reconoce: “llena de gracia”. Madrecita, ayúdanos a decir sí a Dios.

Paz y bien.

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Segundo domingo de Adviento

010 - (año A) «Produzcan el fruto de conversión y no se contenten con decir: “Tenemos por padre a Abraham”». Mt 3, 8

La religión no puede ser solo un moñito en nuestra vida. Pensamos que nos es suficiente llevar una cadenita con una cruz o ir alguna vez a la iglesia o peregrinar a un santuario una vez al año, para creer que ya estoy listo para recibir al Señor. Nuestra fe debe llevarnos a una vida nueva, abandonando los criterios del materialismo o del placer desmedido y asumiendo el servicio y el amor. Nuestra conversión tiene que hacerse visible en la vida concreta. No bastan apenas palabras, debemos cambiar nuestras actitudes.

Paz y bien.

Hno Mariosvaldo Florentino, capuchino.

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