El 2023 cerraría como el año más caluroso de la historia

Después de un mes de septiembre con temperaturas récord, 2023 será casi con seguridad el año más caluroso jamás registrado, afirmó este viernes una agencia estadounidense. 


Fuente: AFP

 

“Existe una probabilidad superior al 99% de que 2023 sea el año más caluroso jamás registrado”, aseguró la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés).

Una predicción fatídica que llega semanas antes de que los líderes mundiales se reúnan en noviembre en Dubái para la COP28, una cita durante la cual abordarán el futuro de los combustibles fósiles, los principales culpables del calentamiento global.

Septiembre fue el mes más caluroso en 174 años de registros globales, confirmó la NOAA. El Observatorio Europeo Copernicus anunció este récord a principios de octubre.

“Septiembre de 2023 fue el cuarto mes consecutivo con temperaturas récord”, afirmó en un comunicado Sarah Kapnick, científica jefa de la NOAA.

“No sólo fue el mes de septiembre más caluroso registrado, sino, con diferencia, el más atípicamente caluroso” en los registros de la agencia, precisó.

“Para decirlo de otra manera, septiembre de 2023 fue más caluroso que el julio promedio de 2001 a 2010“, añadió.

La temperatura global en septiembre fue 1,44° C por encima del promedio del siglo XX, según la agencia estadounidense.

Copernicus también estimó a principios de septiembre que 2023 sería probablemente el año más caluroso de la historia.

Estudio explica por qué los humanos no aguantarían un viaje a Marte

“Aunque un astronauta podría llegar a Marte, podría necesitar diálisis en el camino de regreso”, advirtió uno de los investigadores.

Los vuelos espaciales alteran la estructura y función de los riñones, que sufren daños permanentes por la radiación cósmica, determinó un nuevo estudio, publicado la semana pasada en la revista Nature Communications. El hallazgo supone que cualquier misión a Marte sería un peligro con consecuencias irreversibles para la salud de los astronautas.

Si bien los problemas como la pérdida de masa ósea, el debilitamiento del corazón y la vista, y el desarrollo de cálculos renales se conocen desde el primer alunizaje en 1969, nadie había estudiado previamente los cambios que se producen en los riñones y otros órganos por estar en el espacio durante períodos prolongados.

Se analizaron los datos de más de 40 misiones espaciales a la órbita baja con humanos y ratones, la mayoría de ellas a la Estación Espacial Internacional, así como de 11 simulaciones de vuelos espaciales con ratones, en siete de las cuales las dosis de radiación cósmica eran equivalentes a las de misiones a Marte de 1,5 a 2,5 años. Así, los científicos descubrieron cambios alarmantes tanto en los riñones humanos como en los de animales.

Los túbulos renales responsables de ajustar el equilibrio de calcio y sal mostraron signos de encogimiento después de menos de un mes de exposición a las condiciones espaciales, lo que los investigadores achacaron a los efectos de la microgravedad. Los riñones de los ratones expuestos a radiación cósmica durante 2,5 años sufrieron daños permanentes y pérdida de función, algo que deberían tener en cuenta los astronautas que se plantean la posibilidad de emprender un viaje a Marte de tres años.

“Si no desarrollamos nuevas formas de proteger los riñones, diría que aunque un astronauta podría llegar a Marte, podría necesitar diálisis en el camino de regreso. Sabemos que los riñones son tardíos en mostrar signos de daño por radiación; cuando esto se hace evidente, probablemente sea demasiado tarde para prevenir la falla, lo cual sería catastrófico para las posibilidades de éxito de la misión”, advirtió uno de los autores del estudio, Keith Siew, del University College de Londres (UCL).

El tamaño de los senos puede influir en un proceso fisiológico vital

Más de veinte mujeres fueron sometidas a un análisis dentro de una cámara climática para establecer la relación entre el tamaño de los pechos y la sudoración en la zona.

Un grupo de científicos de la Universidad de Southampton, en Reino Unido, sugiere que la transpiración en la zona del pecho en las mujeres depende del tamaño de sus senos, según queda patente en los resultados de su estudio, publicado a principios de este mes en la revista Experimental Physiology.

Para llevar a cabo el experimento, 22 mujeres de entre 18 y 55 años con tallas de sujetador que iban desde la más pequeña a extra grande, fueron sometidas a análisis dentro de una cámara climática a una temperatura de alrededor de 32 grados centígrados con una humedad relativa de aproximadamente el 53 %.

Todas las participantes debían cumplir algunos requisitos, como llevar una vida saludable con práctica regular de ejercicio físico durante al menos 30 minutos tres veces por semana, no padecer enfermedades musculoesqueléticas o neurológicas, no llevar implantes mamarios no haberse sometido a cirugía de revisión mamaria o mastectomía.

Para establecer la relación entre el tamaño de los pechos, la densidad de las glándulas sudoríparas y la sudoración local en la zona situada por encima y por debajo de los pezones, así como en la zona del esternón, las participantes se sometieron a 45 minutos de ejercicio en una cinta de correr en la cámara climática.

Durante el experimento, se registraron parámetros fisiológicos, como la temperatura corporal central, la frecuencia cardiaca y los gases exhalados. Aplicando análisis de correlación y regresión a los datos recogidos, los científicos descubrieron que la densidad de glándulas sudoríparas en la zona del pecho y, por consiguiente, la sudoración local de esta zona disminuía linealmente a medida que aumentaba el tamaño de los senos.

Según destacan los investigadores, los resultados del estudio tienen importantes aplicaciones y pueden ser tenidos en cuenta por los fabricantes de sujetadores deportivos a la hora de desarrollar prendas que satisfagan mejor las necesidades de las mujeres, con tallas diferentes, de tal forma que resulten más cómodos y funcionales.

VIDEO| Descubren a una madre calamar de aguas profundas incubando y se llevan una sorpresa

El caso asombró a los científicos, porque los huevos eran dos veces más grandes que los de otros moluscos de este tipo.

Robots submarinos descubrieron a una hembra de calamar de aguas profundas que no solo estaba cuidando huevos sorprendentemente grandes, de 11,6 mm de diámetro, sino que resultó ser de una especie nueva.

El hallazgo ocurrió en 2015, durante una expedición al golfo de California en México, cuando el robot Doc Ricketts, del Instituto de Investigación del Acuario de la Bahía de Monterey (MBARI, por sus siglas en inglés), encontró a una madre calamar protegiendo un conjunto de huevos.

Si bien los investigadores de MBARI habían visto calamares de aguas profundas incubando, este caso los sorprendió, porque los huevos eran dos veces más grandes que los de otros moluscos de esta especie, indica un comunicado de la institución.

Al analizar las imágenes de video recolectadas en expediciones anteriores al golfo de California y estudiar especímenes de aspecto similar, el equipo determinó que probablemente se tratara de una especie no descrita de la familia ‘Gonatidae’.

El cuidado materno es común entre los pulpos, pero raramente se ha observado en calamares. La mayoría de las especies de este molusco dejan grupos de huevos adheridos al fondo marino o expulsan miles de ellos para que floten en la columna de agua, la masa acuática que va desde la superficie hasta los sedimentos del fondo.

“La cría exige mucho de una madre calamar. No come mientras lleva los huevos y termina muriendo cuando estos eclosionan. Pero su sacrificio aumenta las posibilidades de supervivencia de la descendencia”, explicó Henk-Jan T. Hoving, el autor principal de la investigación, publicada en la revista Ecology.

A pesar de los avances, los científicos tienen muchas preguntas sin responder sobre los calamares de las profundidades marinas, entre otras cosas, porque nunca han podido observar a hembras maduras ni sus huevos desovados.