Abdo debe exigir a Brasil que respete a nuestro país

Alarma la disociación superlativa que hay entre la dirigencia política y la sociedad, entre nuestras autoridades, en su más amplia acepción, y los problemas que son de real interés nacional, de máxima importancia para los paraguayos. Ellos están “en lo suyo”, en sus cuestiones particulares (¿negocios?), o en el marketing para intentar mejorar la imagen, o en las vendettas contra sus adversarios. Llegan hasta ahí, a lo sumo. La gente, mientras, es castigada por una crisis económica no asumida, pero que se siente cada vez con más fuerza a la hora de pagar las cuentas y, en el caso de toda la zona de frontera con Brasil, por una medida que adoptó el Banco Central de ese país, fulminante para el comercio, cuyas consecuencias sociales serán devastadoras.

Lo que está pasando en Ciudad del Este, así como en Salto del Guairá y Pedro Juan Caballero, es la expresión más avanzada de la indolencia del gobierno, que no mueve un dedo para evitar el colapso inminente de la actividad comercial, principal actividad económica de dichas capitales departamentales.

El jueves pasado, el Banco Central del Brasil le “sugirió” al único banco del vecino país autorizado a importar reales del Paraguay, que suspendiera dichas operaciones, las cuales se ejecutan con toda normalidad en el sistema financiero internacional. Sus implicancias serán tremendas, veamos por qué.

Los brasileños compran sus productos con reales, los comerciantes los cambian en los bancos por dólares y realizan los pagos para nuevas importaciones y éstos los remiten a un banco del Brasil, el autorizado para importar de nuestro país la moneda brasileña. O mejor dicho, remitían…

Al cortarse esa cadena, tras la “sugerencia” de la banca central brasileña, los bancos privados se verán obligados a no recibir reales y, lo mismo, los comerciantes, que no tendrían donde cambiarlos por dólares. Al menos no de manera lícita. El comercio formal, en consecuencia, se iría al tacho, junto con miles de puestos laborales, y crecerían la informalidad, las transacciones en el mercado negro, etcétera, etcétera.

Hasta aquí, podría tratarse de una bravuconada más del Brasil, muy grave por cierto, pero las cosas se tornan mucho más preocupante dada la inacción del Banco Central y del gobierno nacional, que probablemente ni huelan la dimensión del problema en puertas y que, si no actúan, les estallará en el rostro.

Abdo, su inepto ministro de relaciones Exteriores y la desdibujada titular de Industria y Comercio, además del BCP, deben salir de la burbuja en la que viven, de la “zona de confort” en la cual se mueven, rompan con la burocracia y reclamen a sus pares del Brasil que cesen con el atropello a los intereses de nuestro país.

No es un pedido de favor, sino una exigencia, sin importar que lo hagamos ante “el coloso” de Sudamérica que, como cualquier hijo de vecino, está obligado a no alterar el normal funcionamiento del sistema financiero, en este caso, en lo concerniente a la importación-exportación de dinero.

Marito afirmó días pasados que las relaciones con Brasil y su mandatario, Jair Bolsonaro, son maravillosas. No le pedimos pruebas de tanto, sino algo más elemental, básico en el comportamiento de cualquier presidente: Que exija respeto.

 

Autoridades ni huelen los problemas

Cuando Basanomics comenzó a alertar sobre la desaceleración de la economía, hace ya varios meses, el desmentido oficial fue rotundo: “No ocurre tal cosa”, dijeron, ratificando que para este año se esperaba un crecimiento del PIB del 4 por ciento. Los datos de la realidad, sin embargo, fueron demostrando que el gobierno estaba completamente equivocado, obligándolo a modificar los pronósticos hacia abajo, levemente por cierto. Pero en el segundo trimestre se mantiene la tendencia negativa y sus consecuencias ya son inocultables. Disminuyó el consumo, cayeron las importaciones, la soja se vino a pique, aumentaron todos los precios, se depreció el guaraní y bajaron las recaudaciones, en un contexto regional cada vez más crítico. Como corolario, la expansión económica se reducirá a un modesto… ¡2 por ciento!

Las alarmas de sectores empresarios no son por tanto exageradas. El presidente del Centro de Importadores, Neri Giménez, informó ayer que el consumo promedio de los paraguayos experimentó una reducción del 25% en lo que va del año y las importaciones bajaron más de 15%; mientras que la Cámara Nacional de Comercio y Servicios advirtió sobre la pérdida de puestos laborales, a raíz de la falta de respuestas oficiales a los problemas de la economía.

Ambas entidades se pronunciaron ayer, comunicados mediante, expresando su malestar por la situación, como hace tiempo no lo hacen los gremios empresarios, sin diplomacia, en tono áspero.

Los reclamos no distan mucho a los formulados por sus colegas de otras ramas: Elevar con urgencia la inversión pública, revirtiendo la pobre ejecución presupuestaria, pero dan un paso más y proponen suspender -por ahora- el tratamiento del proyecto de reforma tributaria, que no es prioridad en este momento y solo genera más incertidumbre a la desfavorable coyuntura. Lo prioritario, sostienen, es debatir un plan para reactivar la economía y ponerlo en marcha cuanto antes.

El planteamiento suena más que razonable, pero su ejecución depende de que las autoridades dimensionen correctamente la gravedad del momento; algo poco probable. Estas parecen más interesadas en llevar adelante la reforma impositiva como sea, minimizar los problemas o echarle la culpa de todo a los países vecinos, a la caída de los “commodities” y, por supuesto, al anterior gobierno, pero no en asumir las cosas como son e impulsar políticas concretas para disminuir sus efectos negativos.

En cuanto a los congresistas, no hay mucho que decir. Salta a la vista que se encuentran disociados de las cuestiones que al país más interesa. Están de espaldas a la sociedad, dedicados al “chiquitaje” de las vendettas políticas y hacer hasta lo indecible con tal de seguir libando las mieles del poder, por no decir robando.

Lo antedicho, sin embargo, no es inmutable. Las autoridades y la dirigencia política en general tendrán que escuchar las voces de quienes reclaman soluciones, desde los más variados estamentos. Es una carrera contra el tiempo, en la que toda demora se traducirá luego en mayor costo, que desde luego lo pagará la ciudadanía, pero se lo cobrará, de algún modo, a quienes pudiendo evitarlo no lo hicieron.

 

Mario siempre con cara de “yo no fui”

A veces sorprende el grado extremo de irrealidad que viven quienes ejercen el poder político, en ciertos casos, o el cinismo con el cual justifican sus inconductas, en otros. No sabemos en cuál de ellos se encuadra el intendente de Asunción, Mario Ferreiro, pero una cosa es segura: Su capacidad de autocrítica es nula, todos los cuestionamientos a su gestión tienen alguna explicación “razonable” y, por poco, debemos pedirle disculpas por los “injustos” reproches de los que frecuentemente es objeto. Los verdaderos culpables son, según él, quienes le antecedieron en el cargo, o la lluvia, o los vecinos, pero nunca asume sus propias responsabilidades.

Esta “patología” propia de no pocos poderosos, ayer se hizo nuevamente visible en Mario. Habló en algunos medios sobre la donación del gobierno de Taiwan al Estado paraguayo, de U$S 66 millones, para la construcción de 2.400 viviendas sociales. De acuerdo a sus expresiones, “todo marcha normalmente”, nunca se interrumpieron las conversaciones con el ministerio de Urbanismo (MUVH) -encargado de ejecutar las obras- y, en siete días, se suscribirán todos los documentos pertinentes, incluyendo la transferencia de la propiedad municipal a favor de dicha cartera de Estado. Pero la verdad es otra, diametralmente opuesta.

La donación taiwanesa data del año pasado. En octubre se puso en marcha la mesa de trabajo entre el MUVH y la Municipalidad de Asunción, pero lo que debía concretarse en un breve plazo, fue postergándose de manera inexplicable hasta el presente, ocho meses después de iniciadas las conversaciones. Y como no se produjo la transferencia de la propiedad municipal al citado ministerio, el inicio de obras ni se dibuja aún en el horizonte.

Ferreiro ahora habría cambiado de postura, pero no sin antes haberse divulgado ampliamente los perjuicios que acarrearían su inocultable indolencia, empezando por el redireccionamiento de la donación hacia otros fines, para desgracia de las 2.400 familias, que seguirían viviendo en zonas inundables. En otras palabras, no lo hizo por propia iniciativa, sino por presión de la prensa o, mejor, de sectores muy específicos de ella, ya que la mayoría de los medios encubrió las irregularidades endilgadas a Ferreiro en los últimos años.

En otra nota periodística, Ferreiro fue consultado sobre el tema referido a los 32.000 millones de guaraníes previstos en el presupuesto 2018 para obras de desagüe pluvial en Asunción que, a mayo de este año, no se ejecutó un solo centavo. Y su respuesta fue del mismo tenor que la anterior: La demora obedeció, según sus palabras, al engorroso proceso licitatorio que recién ahora culminó.

¿Cómo?. ¿Más de un año para realizar dos licitaciones? Entre paréntesis, también se “apuraron” estas adjudicaciones luego de las lluvias que dejaron bajo gua a la Capital, y se publicara la existencia de un millonario rubro para solucionar el problema que estaba sin utilizar.

Estos son los hechos. La pregunta es cómo pude alcanzarse semejante nivel de desidia, si bien su contracara, la eficiencia y laboriosidad, no son precisamente el rasgo dominante de los altos funcionarios en la actualidad. Las hipótesis son variadas, desde la simple ineptitud del intendente hasta las que atribuyen al “congelamiento” de dichos rubros en ciertos bancos de plaza, para generar intereses que tienen como destino las arcas de una supuesta “caja paralela”, de la cual se benefician altos exponentes de la administración municipal.

Mario ya está en la fase final de su mandato, por lo cual es harto improbable algún cambio en lo que resta antes de que se despida y se convierta en solo un mal recuerdo. Ya no será aquel Mario que a tantos agradaba, el de los programas mañaneros, sin otro compromiso más que el de hacer entretenida la jornada.

 

Para la risa, Cuevas pretende “fiscalizar” a fiscales del Brasil

La “Comisión Especial” de Diputados, creada para investigar supuestos nexos de Paraguay con el “Lava Jato”, es una broma de mal gusto -por decir lo menos- y una bofetada a los organismos brasileños que tienen a su cargo esclarecer uno de los mayores escándalos de corrupción en la historia de América Latina. A estos, que ya lograron el apresamiento de ex presidentes, senadores, diputados y empresarios archi poderosos, y que develaron los vínculos con otros gobiernos de la región, “se les habría escapado” la participación paraguaya. Pero eso puede subsanarse, dijeron, mediante el concurso de media docena de nuestros legisladores, de “indiscutible solvencia” e “intachable moral”, virtudes resaltantes de los proyectistas, entre quienes se destaca… ¡Miguel Cuevas!

Los diputados ni siquiera consideraron la utilidad de que participen los senadores. No constituyeron una Bicameral, instrumento previsto en nuestra Constitución. Nada de eso. En la sesión del último miércoles, algunos avivados aprovecharon el momento de algarabía que se produjo tras el rechazo del veto a la jubilación de los médicos y “madrugaron” a los demás, que aprobaron la moción sin tener la menor idea de su contenido.

Así lo reconoció uno de los firmantes del proyecto, el diputado liberal Carlos Silva. Este declaró a la 970 AM que “acompañó la propuesta a pedido de los colegas” y, al preguntarle los motivos por los cuales se creó la citada comisión, atribuyó el hecho a “los rumores publicados en la prensa”, pero aclarando que personalmente no manejaba ningún indicio del supuesto nexo paraguayo con el “Lava Jato”.

La irresponsabilidad de los diputados resulta sorprendente, pero no es un caso aislado. Antes el Senado hizo algo parecido, en el llamado “caso Messer”, cuyo promotor y luego presidente del cuerpo fue un senador que no es senador, como Rodolfo Friedmann. Messer es investigado por la justicia brasileña y por la paraguaya. No había razón, pues, para que el Congreso haya intervenido en el asunto, salvo que sus objetivos fueran otros, como vincular de algún modo a dicha persona con el ex presidente Cartes, el verdadero blanco. Y así terminó la “gestión” de dicho organismo, sin pena, ni gloria.

Ahora formaron otra comisión, en Diputados, para “investigar” al banco de HC y sus presuntos nexos con el “Lava Jato”, algo que nunca insinuó el ministerio público del Brasil, en cuyas pesquisas no existe la palabra “Paraguay”.

Pero volvamos al punto de partida. Que estos zánganos de la política, ignorantes por excelencia y demostradamente corruptos, como los propiciadores de la “comisión”, tengan la osadía de querer “intervenir” en el sonado caso que conmociona al Brasil, ya es demasiado, rompe con el sentido básico de la ubicación y, por eso mismo, a cualquiera causa risa.

Esperemos que genere lo mismo entre quienes nos miran desde el exterior, para que la imagen de nuestro país no se siga deteriorando como consecuencia de las decisiones de nuestras propias autoridades, que ni siquiera son capaces de dimensionar el daño que pueden ocasionar con su proceder inconsciente.