Para la risa, Cuevas pretende “fiscalizar” a fiscales del Brasil

La “Comisión Especial” de Diputados, creada para investigar supuestos nexos de Paraguay con el “Lava Jato”, es una broma de mal gusto -por decir lo menos- y una bofetada a los organismos brasileños que tienen a su cargo esclarecer uno de los mayores escándalos de corrupción en la historia de América Latina. A estos, que ya lograron el apresamiento de ex presidentes, senadores, diputados y empresarios archi poderosos, y que develaron los vínculos con otros gobiernos de la región, “se les habría escapado” la participación paraguaya. Pero eso puede subsanarse, dijeron, mediante el concurso de media docena de nuestros legisladores, de “indiscutible solvencia” e “intachable moral”, virtudes resaltantes de los proyectistas, entre quienes se destaca… ¡Miguel Cuevas!

Los diputados ni siquiera consideraron la utilidad de que participen los senadores. No constituyeron una Bicameral, instrumento previsto en nuestra Constitución. Nada de eso. En la sesión del último miércoles, algunos avivados aprovecharon el momento de algarabía que se produjo tras el rechazo del veto a la jubilación de los médicos y “madrugaron” a los demás, que aprobaron la moción sin tener la menor idea de su contenido.

Así lo reconoció uno de los firmantes del proyecto, el diputado liberal Carlos Silva. Este declaró a la 970 AM que “acompañó la propuesta a pedido de los colegas” y, al preguntarle los motivos por los cuales se creó la citada comisión, atribuyó el hecho a “los rumores publicados en la prensa”, pero aclarando que personalmente no manejaba ningún indicio del supuesto nexo paraguayo con el “Lava Jato”.

La irresponsabilidad de los diputados resulta sorprendente, pero no es un caso aislado. Antes el Senado hizo algo parecido, en el llamado “caso Messer”, cuyo promotor y luego presidente del cuerpo fue un senador que no es senador, como Rodolfo Friedmann. Messer es investigado por la justicia brasileña y por la paraguaya. No había razón, pues, para que el Congreso haya intervenido en el asunto, salvo que sus objetivos fueran otros, como vincular de algún modo a dicha persona con el ex presidente Cartes, el verdadero blanco. Y así terminó la “gestión” de dicho organismo, sin pena, ni gloria.

Ahora formaron otra comisión, en Diputados, para “investigar” al banco de HC y sus presuntos nexos con el “Lava Jato”, algo que nunca insinuó el ministerio público del Brasil, en cuyas pesquisas no existe la palabra “Paraguay”.

Pero volvamos al punto de partida. Que estos zánganos de la política, ignorantes por excelencia y demostradamente corruptos, como los propiciadores de la “comisión”, tengan la osadía de querer “intervenir” en el sonado caso que conmociona al Brasil, ya es demasiado, rompe con el sentido básico de la ubicación y, por eso mismo, a cualquiera causa risa.

Esperemos que genere lo mismo entre quienes nos miran desde el exterior, para que la imagen de nuestro país no se siga deteriorando como consecuencia de las decisiones de nuestras propias autoridades, que ni siquiera son capaces de dimensionar el daño que pueden ocasionar con su proceder inconsciente.

 

El líder que no lidera… no es líder

Desde el 15 de agosto del 2018 hasta ahora, mucho se ha hablado de la falta de liderazgo del presidente de la república. Sin embargo, nunca se había puesto de manifestó con tanta intensidad, como ocurrió en los últimos días. Apenas dos legisladores, uno de los cuales usurpa el cargo, acompañaron su decisión de vetar la ley de jubilación para los médicos, lo que significa que el grueso del oficialismo en el Congreso le dio la espalda, al igual que sus aliados del liberalismo y grupos menores como el PDP, entre otros . Fue la crónica de una derrota segura, aplastante, que ni Abdo Benítez, ni sus colabores más cercanos, fueron capaces de leer.

El tema en cuestión, las jubilaciones, no se trató en el Parlamento de manera rápida o inesperada. La legislatura anterior ya lo debatió y aprobó, con Marito como uno de sus principales animadores, pero entonces no había prosperado. Se presentó en este nuevo período, con ciertas modificaciones, de discutió y contó con la aprobación casi unánime de ambas cámaras. Y en todo el proceso, el presidente no dijo ésta boca es mía, no emitió sonido, ni una palabra.

Algunos, en su candidez, supusieron que el silencio obedecía a que Marito mantenía la misma postura que en el pasado, que estaba de acuerdo con el proyecto de ley y, en consecuencia, su intervención era innecesaria. Pero tras la aprobación del Congreso, pasaban los días y no salía el decreto de promulgación, ni tampoco de objeción, hasta que al agotarse el plazo se produjo esto último, desatando el fundado malestar del gremio médico.

En opinión de ciertos analistas, el presidente en realidad quería que éste fuera el desenlace. Todo habría sido parte de un plan para dejar sentada una postura de rechazo ante los organismos financieros internacionales, que presionan en todo el mundo por la elevación de los años para jubilarse, pero solo en teoría, dejándolo correr en la práctica. Ésta interpretación es, sin embargo, demasiado benévola para alguien que vive pendiente de la gradería y de los mensajes a través de twitter para tratar de conquistar adhesiones. No; sería atribuirle la capacidad de “hilar muy fino”, que no es una de sus cualidades.

La razón es más simple. El hombre no tiene uña de guitarrero o, mejor, no tiene condiciones de líder, que si bien es un rasgo presente en la mayoría de los presidentes, no impugna necesariamente a quienes carecen de dicha aptitud… siempre y cuando tengan la sabiduría de actuar en equipo y acertar a la hora de elegir a sus integrantes.

Seguir hablando acerca del “estilo diferente de liderazgo”, en el caso de Marito, es una pérdida de tiempo. El líder que no lidera, no es líder.

 

ABC amenaza estabilidad del sistema financiero

La “guerra” desatada por el grupo ABC Color contra el Banco Basa puede analizarse desde distintos ángulos, como el resentimiento manifiesto hacia Horacio Cartes, o sus inocultables fines de rapiñarle (a favor de su banco Atlas) un segmento muy apetecible de sus operaciones financieras; en este caso, de la exportación de reales al Brasil, regladas y autorizadas por el Banco Central. Sin embargo, el mayor de los problemas, que trasciende ampliamente los marcos de una disputa político-comercial y se convierte en un tema de suma importancia para el país, es que, con su desleal proceder, ABC AMENAZA LA ESTABILIDAD FINANCIERA, uno de los pilares fundamentales en el cual se sostiene la economía.

Este diario, propiedad de la familia Zuccolillo, pretende instalar que “el banco de Cartes está vinculado al Lava Jato”, el mayor escándalo de corrupción de toda América Latina, destapado en Brasil hace unos años. Pero miente. La realidad es que en las investigaciones oficiales del sonado caso, Paraguay y Basa no son mencionados ni siquiera de paso. Las únicas referencias al respecto, utilizadas hasta el hartazgo por ABC color, son las aparecidas en una publicación brasilera, aunque no formula acusaciones, sino plantea interrogantes y desliza dudas, más por ignorancia del periodista que por otra cosa.

A esta campaña se sumó en la víspera otro componente, tan o más grave que el anterior. Las redes sociales fueron utilizadas, desde cuentas falsas, como instrumentos para instar a los clientes de Basa a que retiren “con urgencia” sus depósitos, obviamente con el objetivo de provocar una corrida bancaria que le represente la pérdida de una parte importante de su cartera, además de un costo muy elevado.

Los perjuicios que ABC puede producir son incalculables, no solo para Basa, sino para todo el sistema financiero, cuya buena salud depende en primer término de su credibilidad, contra la cual está disparando a diario, sin ningún argumento o indicios medianamente serios. Lo único que aparece a la vista es que un banco paraguayo estaría metido en la red de corrupción del Brasil y en el lavado de dinero, con la anuencia del BCP, que autorizó y auditó las operaciones, por cierto, idénticas a las realizadas por Atlas y también Continental, a los que el diario y sus periodistas jamás mencionan.

Aún está fresca en la memoria de muchísimos paraguayos lo que significó la crisis financiera del año 95, que se produjo en otras circunstancias, dejando a miles y miles de familias en la calle, y a la economía paraguaya desangrada, en estado calamitoso.

Con su “guerra”, su fobia política y su voracidad por el dinero, ABC representa hoy ese mismo peligro, letal para los intereses de todos los paraguayos.

 

Disparen contra… ¿Benigno?

El veto del Poder Ejecutivo a la ley de jubilaciones para los médicos desató una lluvia de críticas, en su mayoría, dirigidas al ministro de Hacienda, Benigno López. Es “el malo de la película”, el blanco de los cuestionamientos de “propios” y “extraños”, como si de él dependiese este tipo de decisiones. Pero no es así. Quien firma el decreto, el dueño de la lapicera, es el presidente de la república, en tanto que el Congreso tiene la última palabra, la facultad de aceptar o rechazar lo dispuesto por Abdo Benítez en esta materia.

López realiza una labor técnica, no política. A él la corresponde la tarea de dictaminar sobre la viabilidad de la normativa, cómo afectará a la salud de las cajas fiscales, algunas claramente deficitarias y, en consecuencia, a la economía y a todos los paraguayos. Su dictamen puede ser simpático o antipático, generalmente es lo último, como en el caso en cuestión, pero no es el responsable de la determinación, que recae pura y exclusivamente en los políticos.

Marito refrendó dicho dictamen y sobrevino el veto. Es cierto, “se tomó su tiempo”, agotó los plazos y finalmente se pronunció por la objeción, a contramano de lo que había sostenido cuando era senador, lo que aportó una alta dosis de confusión y otra de crispación en el gremio de los médicos. Ocurre que no es lo mismo propiciar determinados proyectos desde la oposición, sobre todo cuando ésta tiene como tarea prioritaria hacerle fracasar al gobierno, que estar del otro lado del mostrador, como ya le sucedió en otros varios casos.

En este escenario, seguir tiroteando contra el secretario de Estado es un acto de torpeza o, lo más probable, un intento desesperado por desviar la atención y no asumir, desde la llamada clase política, sus propias responsabilidades.

En esto debemos ser absolutamente claros. Ahora está en manos de los congresistas, de nadie más, darle la razón al presidente, aceptando el veto, o decirle “no” y ratificar la ley de jubilación para los médicos.

Un capítulo especial será, desde luego, el que escriban los legisladores del oficialismo y los aliados del gobierno en el Parlamento que, juntos, son amplia mayoría. Habrá que ver si Mario Abdo ejerce su liderazgo sobre los senadores y diputados de Colorado Añetete, y si mantiene las fluidas relaciones con sectores del liberalismo y grupos menores, como el partido de la familia Filizzola-Masi y otros.

Esta será la clave, dado que, aunque resulte paradójico, los parlamentarios de Honor Colorado seguramente acompañarán el veto, como lo vienen haciendo con una serie de determinaciones de carácter económico. En consecuencia, si a ellos se sumaran los votos del bloque añetete, serían suficientes para que el veto del Ejecutivo quede firme.

Los legisladores tienen la pelota en su cancha. Por lo general, actúan y levantan sus manos en función a cuán fuerte les griten desde la gradería que, en este caso, probablemente sea intenso. Habrá medidas gremiales, ya comenzaron “sentatas” y otras manifestaciones de protesta, y se prepara una huelga general que se iniciará el próximo 3 de junio.

Veremos por tanto lo que finalmente resuelvan sobre este tema de singular importancia, cuyas consecuencias, buenas o malas, les endilgaremos a ellos.