Período de “vacas flacas”

Los datos de la economía pueden resultar abstractos, números fríos y aburridos que dicen poco, pero sin embargo sus efectos en la vida cotidiana de los ciudadanos son muy concretos, en ocasiones negativos. Es lo que pasa en lo relativo a la “caída del consumo”, que los técnicos mencionan casi al pasar en medio de una catarata de estadísticas, pero constituye en realidad uno de los principales termómetros de la situación por la que atraviesan “los comunes”, al decir del diputado Carlos Portillo. Se consume menos porque hay menor cantidad dinero en el bolsillo de los consumidores, de Juana, Pedro y María, de todos, aunque en distintas proporciones; o bien, porque se tiene la misma cantidad, pero “rinde menos” que antes. La pregunta es cuáles son las causas que motivan el hecho y, sobre todo, qué se hace para corregirlas.

Con la misma cantidad de plata compramos menos productos dado que el guaraní se depreció 14% con respecto al dólar, en los últimos 12 meses, y si bien nuestras transacciones son en guaraníes, no en dólares, muchos de los artículos que adquirimos son importados. Pero, además, existen muchas familias en las que alguno de sus miembros quedó desempleado o, si son cuentapropistas, no obtienen trabajo con igual frecuencia.

El problema es que la economía perdió impulso, ya no crece al ritmo en que lo hacía. Según el Banco Central del Paraguay, el Producto Interno Bruto (PIB) bajará de 4%, como pronosticaba hasta hace un mes, a 3,2. La explicación fue la caída de la producción de soja, a 9 millones de toneladas, aproximadamente, y la crisis regional, pero mantuvo sus pronósticos optimistas para el segundo semestre, apostando fundamentalmente a la ejecución de obras públicas, que es un factor dinamizador, sin ninguna duda.

Sin embargo, la caída de la soja será mayor, por debajo de las 8 millones de toneladas, con el agravante que también experimentó una depreciación considerable, situándose por debajo de los US$ 300 la tonelada. A raíz de esto, se estima que dejarán de ingresar al país 1.160 millones de dólares. Mientras tanto, la crisis de los países vecinos no muestra el menor síntoma de mejoría, sino todo lo contrario.

Conclusión, es muy probable que el crecimiento de la economía esté en una franja de entre el 2 y el 3,2%, difícil de determinar ahora qué tan cerca se ubique finalmente de uno u otro guarismo.

Claro, esto implica que sectores de la producción y del comercio, como venden menos, también producen e importan en menores volúmenes e, inmediatamente, recortan sus gastos, entre ellos el de personal, perdiéndose así muchas fuentes de trabajo. Y como corolario, el fisco recauda menos, tanto en aduanas, como en concepto de IVA y el selectivo al consumo, según los datos oficiales.

Esta es la película que transcurre detrás de las estadísticas que se publican. No es la realidad de todos, pero abarca a la producción agrícola, sectores de la industria y del comercio.

En cuanto a lo que se hace, cabe mencionar que hasta hace un mes ni se reconocía la crisis. Ahora el Ejecutivo anunció por segunda o tercera vez que apurará las obras desde el MOPC, que al mes de abril solo ejecutó el 19% de su presupuesto, evidenciando serias dificultades en materia de gestión. Y algo peor sucede en los Ministerios de Urbanismo, Salud y Educación, en donde prácticamente no hubo llamados a licitación de obras públicas.

Tal como están las cosas, todo indica que estamos en los primeros tramos de un período de “vacas flacas”. De las medidas que adopte o deje de adoptar el Ejecutivo, dependerá su magnitud y duración.

 

El debate “Añetete”, tras derrota en CDE

Las primeras explicaciones fueron descabelladas, por decir lo menos. Unos le echaron la culpa de la derrota de la ANR al “clan” Zacarías, otros a Horacio Cartes y no faltó quien llegara al extremo de atribuir los resultados a que “el mejor candidato está preso”, omitiendo que no es precisamente por un accidente de tránsito, sino por narcotráfico. Hasta que el presidente de la república, nobleza obliga decirlo, tuvo la sensatez de la salir a cortar tanto disparate, asumiendo él, como líder del oficialismo, la responsabilidad del fracaso. A partir de ahora se abrirá el debate sobre las causas que lo provocaron, de mucha importancia no solo para los “añetete”, sino para la estabilidad política del gobierno y el futuro electoral del partido colorado.

El asesor político de la presidencia, Daniel Centurión, declaró a la 970 que el factor determinante fue la profunda división en filas republicanas, provocada con la destitución de la intendenta de Ciudad del Este, Sandra McLeod de Zacarías. Esto no pudo superarse durante la corta campaña electoral, dijo, admitiendo que se trata de un tema capital a resolver, como requisito para que no se produzcan hechos similares en futuros compromisos electorales, como los comicios municipales del próximo año.

La pregunta es por qué se llegó a la interrupción del mandato de su propia correligionaria, impulsada en aquel momento por los diputados del oficialismo -y celebrada por Abdo Benítez- quienes inclusive rechazaron la renuncia presentada por McLeod antes de ser juzgada, al solo efecto de humillarla con la destitución.

El problema es político. Desde la victoria de Marito, en abril del 2018, se puso fin a la breve “primavera unitaria” que vivieron los colorados durante la campaña presidencial, sin la cual los números no le hubieran alcanzado para llegar al Palacio de los López. Los vencedores primero tomaron distancia de sus aliados cartistas y después comenzaron a perseguirlos. Incumplieron el acuerdo para que el presidente de la ANR, Pedro Alliana, sea electo titular de la cámara baja, sabotearon la sesión del Congreso para impedir que se trate la renuncia de HC y después le birlaron su banca en el Senado, a pesar de haber sido habilitado por la Corte Suprema, proclamado por el TSJE y ser el candidato más votados en las generales.

Luego se produjo la pérdida de investidura de los senadores González Daher y Oviedo Matto, como parte de una campaña selectiva, presentada bajo el ropaje del combate a la corrupción, pero que nunca salpicó siquiera a los allegados al poder y sus aliados. Y en ese marco, se ejecutó el proyecto para echarle a la intendenta de CDE.

Los ejemplos bastan para ir al fondo de la cuestión. Desde el 23 de abril del año pasado, la estrategia política del nuevo oficialismo fue, por un lado, desprenderse de sus aliados y reducirlos a una fuerza sin ninguna gravitación, de la que se puede prescindir, y por otro lado, retomar las fluidas relaciones que mantuvo antes con sectores de la oposición, para garantizar su sustento político.

Pues bien, esa estrategia, que en los primeros meses pareció darle buenos resultados al oficialismo, es la que está haciendo aguas por todas partes y la que, en Ciudad del Este, fracasó estrepitosamente.

Abdo tiene ahora la necesidad de reorientar la nave, para mantener la gobernabilidad que nunca le garantizarán Efraín, Desirée u otros, y si no quiere seguir asumiendo la culpa por nuevas derrotas electorales. Y para ello tendrá que mirar hacia adentro, aplicando mecanismos que le permitan dirimir las diferencias con sus adversarios en forma democrática, civilizada, sin pretender destruirlos.

Lo acontecido en la capital del Alto Paraná es una señal de alarma que a los colorados, especialmente al sector oficialista, debería retumbar en sus oídos. La disyuntiva que tienen por delante es muy clara: O desandan el camino por el cual hasta ahora transitaron o recibirán nuevas “palizas” en el 2020 y también en el 2023, a manos de otros Miguel Prieto, un joven con muy poca experiencia política y sin ninguna estructura, que les desbancó del poder en uno de sus históricos bastiones.

 

CDE: La derrota colorada tiene nombre y apellido

El principal dato que arroja las elecciones para la intendencia Ciudad del Este no es quién ganó, sin restarle méritos al candidato triunfante, Miguel Prieto, sino quién perdió.

Y éste no es otro que el oficialismo añetete, responsable político de la derrota colorada en uno de sus principales bastiones, en donde había vencido en todos los comicios realizados en las últimas tres décadas. Este sector puso a prueba su política de exclusión y persecución a la disidencia de la ANR, creyendo que así consolidaría y expandiría su poder, conquistando nuevas posiciones. Pero los resultados están a la vista. Fracasó y, si no revisa su estrategia, amenaza con encaminar al partido de gobierno a más resultados adversos en el futuro, como en las municipales del 2020 y las mismas presidenciales de tres años después.

Los resultados de la víspera son la consecuencia lógica de un proceso que arrancó hace meses.

En noviembre del 2018, a su vuelta de un viaje al Vaticano, el presidente Mario Abdo Benítez declaró a la prensa: “Estoy muy contento de que se haya aprobado el juzgamiento para la intervención de Ciudad del Este e invito a la gente a que venga a la plaza ese día. Va a ser una fiesta…El presidente va a estar con la gente”, dijo entonces.

Su apoyo y el de su bancada en Diputados fueron determinantes para la interrupción del mandato de la entonces intendenta Sandra McLeod de Zacarías, a quien, en el afán de humillar, llegaron al extremo de no aceptar la renuncia que presentó con antelación al tratamiento del tema en la cámara baja.

Sin los votos añetete, tal destitución hubiera sido impensable. Y su aprobación, lógicamente, tenía por objeto instalar en lugar de la defenestrada a una figura “bendecida” por el primer anillo. La apuesta del Ejecutivo fue tan grande que, a los pocos días del llamado a elecciones, designó como jefe de campaña nada menos que el Vicepresidente, alineando tras de sí a instituciones claves como Itaipú, Tesai, varios ministerios, además de la gobernación, administrada por dicho sector político.

Pero nada de esto le funcionó, lo que debería llevarle a una serena reflexión y revisión de su política, al menos si pretende que el partido de gobierno tenga chances en los comicios venideros.

Wilberto Cabañas, “el elegido” para representar a la lista 1, tuvo 6.000 votos menos que en las internas de su partido realizadas 40 días antes y 8.000 debajo de los que obtuvo su antecesora en las elecciones del 2015. O sea, miles de colorados no fueron a votar ayer, se quedaron en su casa. Es lo único que explica la victoria de Prieto, aún en el marco de una baja participación electoral, que cayó del 50% en las municipales de hace 4 años, a 40% en ésta.

Lo que ocurrió no es nada extraño. “Los de arriba” habían anunciado con bombos y platillos la unidad, el famoso abrazo republicano, etcétera, pero “los de abajo”, con las heridas recientes sin cicatrizar, eran testigo de cómo atacaban a sus líderes de manera cotidiana, por lo cual se sentaron a “ver pasar el cadáver de su enemigo”.

Por supuesto, se escucharán otras voces y se leerán otros análisis, sobre todo de parte de los vencidos, a quienes cuesta mucho trabajo admitir su responsabilidad. La soberbia que caracteriza a muchos de ellos, más la inercia de un discurso inmaduro, según el cual ellos siempre son los “inocentes”, les llevará probablemente a culpar a Zacarías por los números desfavorables y algunos, inclusive, a Horacio Cartes.

Puro ruido, mediocridad y deshonestidad política. Los hechos son tan contundentes que no tienen nadie a quien echarle la responsabilidad de lo sucedido, y si a pesar de eso lo hace, solo quedarán en ridículo.

La derrota tiene un solo padre, con nombre y apellido: Colorado Añetete, al que más le valdría comenzar a diseñar una nueva política, por su propio bien y por el de su partido, que de otra forma seguirá cosechando otros fracasos.

 

Hacienda tiene tiempo de evitar un grave error

El proyecto de reforma tributaria que remitirá Hacienda al Congreso, la próxima semana, comprende un reordenamiento tributario que permitirá poner en blanco lo que hoy está en gris o directamente en negro. Eso es positivo y nadie cuestiona. Sin embargo, en otra de sus partes se prevé elevar el “techo” del Impuesto Selectivo al Consumo (ISC), lo cual es un auténtico contrasentido, pues lejos de generar mayores ingresos al fisco, como sostienen sus promotores, va a generar aún más contrabando, más desempleo y, en consecuencia, una caída en las recaudaciones. Y tan grave como lo anterior, también se convertirá en un disparador del gasto público, lo que sería fatal para el gobierno.

El proyecto contempla incrementos de tasas que van desde el 40 hasta casi el 200% para 11 productos, como tabaco, bebidas alcohólicas, gaseosas y celulares, entre otros. Dichos topes tal vez podrían establecerse en el marco de una economía en expansión o al menos estable, en cuyos casos, el debate se restringirá a precisar los montos en cada rubro, pero de ningún modo en plena desaceleración, ni de la grave crisis que golpea a la Argentina y el Brasil.

Los datos son inobjetables. El Banco Central del Paraguay (BCP) informó recientemente que redujo las expectativas de crecimiento del Producto Interno Bruto de 4 a 3,2%, lo que en términos monetarios significa 350 millones de dólares menos. Pero sigamos.

Desde Encarnación, hasta Pedro Juan Caballero, pasando por Ciudad del Este y Salto del Guairá, la principal actividad económica (el comercio de frontera) está literalmente destrozada. El peso argentino por el suelo, a 130 y el real a 1.490, provocó una caída catastrófica de las ventas y, al mismo tiempo, el aumento sostenido del ingreso de productos de contrabando.

¿En este contexto pretenden aumentar el ISC?

Cualquiera entiende que el Estado precisa recursos para financiar sus gastos corrientes y, sobre todo, la inversión pública, pero tal como están las cosas, tocar dicho tributo hacia arriba es como pegarse un tiro al pie, al provocar el efecto contrario al que se desea.

Las industrias tabacaleras, cerveceras y de gaseosas perderían competitividad de manera automática, los productos equivalentes, de origen argentino y brasileño, ocuparían un espacio importante en nuestro mercado, sin pagar un centavo de impuestos y, al vender menos por este hecho, las empresas nacionales también tributarían menos.

En consecuencia, no habrá más recaudación, ni se desalentará el consumo de tabaco o alcohol, como sostienen los defensores de elevar estos impuestos. El Estado recibirá menos dinero de esas áreas productivas y los consumidores… cambiarán de marcas por otras más baratas.

La otra consecuencia, grave por cierto, sería de índole social. Al disminuir la producción, las empresas de los ramos afectados por una eventual suba del ISC se verán en la necesidad de reducir su plantel de personal. En esto no hay secretos.

Una consideración final. Quien haya concebido esta fórmula seguramente lo hizo en el afán de robustecer las escuálidas finanzas públicas, pero lo que realmente logrará, además de potenciar el contrabando y disminuir la recaudación, es abrir las compuertas al aumento del gasto público, que el Ejecutivo no podrá financiar después.

¿Por qué?. Porque los congresistas, que entienden poco o nada de economía, o a quienes ésta les tiene sin cuidado, simplemente aprobarán aumentos de todo tipo en el Presupuesto General de la Nación, con el argumento de que “ya dieron al Ejecutivo las herramientas para recaudar”.

Hacienda aún tiene tiempo para disipar estos peligros. Esperemos que impere la razón.