Ciudades de papel: llueve en Paraguay y sus calles desaparecen...

Llueve en Paraguay y las calles se deshacen al simple contacto con el agua. Algunas localidades son más resistentes que otras, que encajan definitivamente en la denominación que lleva este material.

Enero fue sin dudas uno de los meses más intensos en cuanto a lluvias en todo el territorio nacional.

Hasta la Dirección de Meteorología consideró en sus informes respectivos que hubo un excesivo milimetraje en cada una de las precipitaciones, siendo Concepción una de las más afectadas junto con Cordillera.

Pero si bien a veces la naturaleza actúa de manera imprevisible, las mismas sirven para poner al descubierto la extraordinaria mediocridad con la que las autoridades locales trabajan para poner al ciudadano las más mínimas condiciones de vida que como humano se merece.

Calles desaparecidas, puentes colapsados y una serie de rutas internacionales devastadas dejaron a Paraguay y diversas ciudades en aislamiento, más del que ya se pide por causa de la maldita pandemia.

San Lorenzo es por excelencia una de las ciudades que en tiempos de lluvia, sus calles quedan en evidencia plena de un trabajo horrendo.

El “recapado” lo hacen sobre bases tan endebles que a la primera tormenta, todo ese esfuerzo realizado queda hundido en las aguas caídas.

Algunas arterias como De la Victoria, Primer Poblador, Gaspar Rodríguez de Francia, 14 de Mayo, Coronel Morales o Fortín Arce muestran sus destrozos como preciados trofeos de tormenta.

La constitución física de estos pasajes queda cual si hubiera ocurrido un genocidio en la ciudad. Groseros pozos con agua acumulada que no se ven, que los conductores no terminan de descubrir y que consecuentemente perjudican sus amortiguadores y cuyos daños no son problemas del Gobierno, porque no le interesa.

Pero como todo tiene un lado positivo, quienes gozan con estas violentas lluvias, además de los ganaderos y productores frutihortícolas son los talleres mecánicos. No hay rueda que resista a los impúdicos baches que adornan la ciudad universitaria y para seguir andando, es menester parar en uno de estos puestos.

La avenida más intransitable por falta de buen desagüe pluvial es Avelino Martínez, la peor por excelencia o mayoría de votos, como se quiera. En toda su extensión, el tránsito por esa calle es un desafío al que ni los más recios pilotos del Dakar se animarían a someterse.

Para peor, en ciudades como San Lorenzo, Fernando de la Mora, Lambaré o Asunción, muchas de sus calles atraviesan arroyos que ante las soberbias lluvias desbordan a causa del basural que en sus aguas se acumulan. Lo que nos hace concluir que todo el desastre no es sólo bronca de la naturaleza, sino el vuelto a ese gesto de tirar los desechos por la ventana de los buses. Y los arroyos son las víctimas preferidas de los puercos.

Conducir por la capital y sus alrededores, en días de tormenta se vuelve no sólo un caos, sino un sometimiento a la paciencia y al temple. No en vano, quienes visitan Paraguay aducen que en este país es que uno aprende a manejar y desarrollar cualidades al volante.

Ni hablar de semáforos. Se apagan al menor goteo. Avenidas como Mariscal López, que es la vena principal de entrada a la ciudad queda terriblemente devastada y lo sufren los asuncenos, fernandinos y sanlorenzanos.

Compiten mano a mano barrios periféricos de Capiatá, J.A. Saldívar, Ypané, San Antonio, Villa Elisa y más adentro ciudades como Tobati, Itacurubi de la Cordillera, Piribebuy y otras localidades que ven con impotencia cómo sus impuestos quedan desechos en el raudal, al igual que sus heladeras y colchones…

 

Planificación urbana, la gran deuda pendiente en las ciudades paraguayas

La falta de planificación urbana tanto en Asunción como en otras ciudades del país hace que hoy seamos testigos de una serie de problemas como las inundaciones luego de cada tormenta, la aparición de baches en las calles o los embotellamientos en cruces con alta carga de vehículos.

Por Robert Bourgoing (@robertb_py)

Hablar de problemas en Paraguay es hablar de deficiencias en la administración pública y en la falta de inversión en diversos frentes que requieren de atención urgente.

Un aspecto que no suele ser contemplado por ningún municipio al momento de encarar proyectos para sus respectivas ciudades -salvo contadas excepciones- es la planificación urbana, también conocida como planteamiento urbanístico.

En resumidas cuentas, este concepto implica el correcto ordenamiento del uso de suelo y la regulación de las condiciones para su transformación. Esto significa que, al momento de “hacer las ciudades”, se tendrían que haber previsto todos los presupuestos necesarios para que las mismas puedan estar en óptimas condiciones para ser habitables.

Una planificación urbana viene de la mano con aspectos esenciales como el ordenamiento adecuado de las calles, la ubicación estratégica de espacios públicos, la ingeniería en transporte, por citar algunos. Por ello, se debe armar un plan minucioso para lograr que todo funcione a la perfección.

La falta de una adecuada planificación urbana deriva en varios de los problemas que hoy vemos en nuestro país: inundaciones luego de cada lluvia ante la falta de desagües pluviales, calles en mal estado por la utilización de materiales de mala calidad, calles colapsadas por el tráfico vehicular al no existir vías alternativas.

Varios especialistas han señalado estas deficiencias, haciendo notar la falta de visión estratégica por parte de las diferentes autoridades que han pasado a lo largo de los últimos, principalmente en Asunción donde, hasta ahora, han sido escasos los proyectos que han contemplado la dimensión urbana al momento de ser impulsados.

Por citar un ejemplo, Asunción hoy día carece de espacios exclusivos para la circulación de ciclistas -entiéndase, bicisendas-, por lo que se dificulta que los mismos puedan transitar con normalidad sobre las calles y avenidas, lo cual a su vez implica un alto riesgo al tener que circular sobre el espacio destinado para los vehículos.

La coexistencia de los espacios o áreas verdes con la ciudad es un punto en el que muchos urbanistas hacen hincapié y que no puede pasar desapercibido en este análisis. No solo se trata de construir plazas o parques, sino también de hacer que exista una sinergia entre la vegetación y las edificaciones.

El crecimiento acelerado de las ciudades y el consiguiente aumento de la densidad demográfica hacen que varios sitios avancen de manera desordenada, sin tener una distribución adecuada para el normal desarrollo de las actividades de quienes allí habitan. Por ello, se vuelve importante elaborar estrategias que permitan que este crecimiento venga de la mano con un ordenamiento urbanístico que ayude a equilibrar las cosas.

En Paraguay, muchas localidades fueron creadas sin hacerse proyecciones a futuro. Claro ejemplo de ello son algunas calles que, de un tiempo a esta parte, se convirtieron en cruces importantes con una alta carga vehicular, pero que al momento de ser concebidas no tenían las dimensiones suficientes para tal finalidad, haciendo que colapsen con mayor facilidad.

Otro punto que sigue pendiente en ciertas localidades es la previsión de espacios para las veredas al momento de delimitar las calles. Por ello, hay zonas donde un empedrado pasa a convertirse en asfaltado pero sin tener a los costados un sector lo suficientemente ancho para los peatones, obligándolos a bajar hasta la vía principal.

Sin duda alguna, las municipalidades, en conjunto con el gobierno central y las instituciones que de ella dependen como el MOPC, deben articular las estrategias necesarias con el fin de evitar que se sigan dando este tipo de escenarios, todo con el fin de crear las condiciones necesarias para una convivencia armónica entre la población y el espacio que lo rodea dentro de cada ciudad.

 

Pérdida vs Duelo: proceso, duración y cómo afectan a nuestra vida

La pérdida de un ser querido, un puesto de trabajo, la ruptura de una relación afectiva o cambios de cualquier índole genera un proceso de duelo interno. Las fases de las cuales están compuestas y su duración a continuación.


Fuente: Carol Salinas

Para entender mejor el término, HOY Digital se contactó con la psicóloga Paola Zapata, quien explicó que el duelo es un proceso interno que se produce ante la pérdida de una relación afectiva, sea del tipo que sea, pudiendo ir desde un trabajo, un cambio de residencia, la ruptura de una relación de pareja, hasta la muerte de un ser querido.

“Tradicionalmente la duración es muy variable pero podríamos establecer de forma genérica que puede durar entre 2 meses y 2 años” expresó.

Sin embargo, aunque son muchos los factores que intervienen en el tipo de duelo, como circunstancias de la muerte, o pérdida de algún trabajo, personalidad y antecedentes del deudo y, el contexto socio familiar, cada individuo lo procesa y lo pasa de diferente manera, mencionó la profesional.

Es de suma importancia el respetar cada duelo, ya que es una crisis existencial y es una manera de enfrentarnos al caos, pero como toda crisis en nuestra vida nos puede servir para crecer, o por lo contrario puede enfermarnos y debilitarnos.

“Cada pérdida acarreará un duelo y la intensidad del duelo no dependerá de la naturaleza del objeto perdido, sino del valor que se le atribuye, es decir, de la inversión afectiva invertida en la pérdida”, especificó.

Bajo ese concepto y la explicación de qué es una pérdida y cuánto tiempo aproximado puede durar, ¿Cuáles serían los tipos de pérdidas que todo ser humano experimenta a lo largo de su vida?

En primer lugar la especialista citó la pérdida de la vida, que consiste en la pérdida total, ya sea de otra persona o de la propia vida en casos de enfermedades terminales en el que la persona se enfrenta a su final.

Pérdidas de aspectos de sí mismo. Estas son pérdidas que tienen que ver con la salud. Aquí pueden aparecer tanto pérdidas físicas, referidas a partes de nuestro cuerpo, incluidas las capacidades sensoriales, cognitivas, motoras, como psicológicas, por ejemplo la autoestima, o valores, ideales, ilusiones, etc.

Por otro lado, tenemos las pérdidas de objetos externos. Aquí aparecen pérdidas que no tienen que ver directamente con la persona propiamente dicha, y se trata de pérdidas materiales. Incluimos en este tipo de pérdidas al trabajo, la situación económica, pertenencias y objetos.

También están las pérdidas emocionales, como pueden ser rupturas con la pareja o amistades.

Por último, pérdidas ligadas con el desarrollo. Nos referimos a pérdidas relacionadas al propio ciclo vital normal, como puede ser el paso por las distintas etapas o edades, infancia, adolescencia, juventud, menopausia, vejez, etc.

Toda pérdida trae consigo una etapa de duelo, ¿Cuáles son las distintas fases?

Primeramente la negación, que es una reacción que se produce de forma muy habitual inmediatamente después de una pérdida el no aceptar o creer que no está pasando, especificó Zapata.

Le sigue la Ira que a menudo, el primer contacto con las emociones tras la negación puede ser en forma de ira. Se activan sentimientos de frustración de mucha rabia.

Continuamente de una negociación, donde se comienza a contactar con la realidad de la pérdida al tiempo que se empiezan a explorar qué cosas hacer para revertir la situación o para la resignación

Luego la depresión que se produce cuando asumimos la realidad de la pérdida, se comienza a contactar con lo que implica emocionalmente la ausencia.

Y finalmente la aceptación, esto supone la llegada de un estado de calma asociado a la comprensión, no sólo racional sino también emocional, de que la muerte y otras pérdidas son fenómenos inherentes a la vida humana.

“Cada fase del duelo son etapas únicas donde pueden pasar de una a otra naturalmente, en otras ocasiones se necesita acompañamiento terapéutico para no quedar estancadas en ninguna de ellas”, puntualizó la profesional.

 

Con sus limitaciones físicas no se entregan: “Yo puedo. Yo soy muy capaz”

Ellos no son visualizados por la sociedad, pero a pesar de soportar la postergación, no se resignan a aceptar que las limitaciones físicas les represente un impedimento para seguir una vida mínimamente normal y con desarrollo de habilidades. Tienen un motor espiritual que los ayuda a luchar a diario de manera tenaz.

Es el caso de Alejandra Bracho, quien nació en la Cruz Roja Paraguaya con un defecto en la columna vertebral que no la deja caminar normalmente como las demás personas.

La diagnosticaron con parálisis cerebral, con cuadriparesia motora como consecuencia y acompañada de una ceguera en uno de los ojos. Sus padres la rehabilitaron con sostenidos tratamientos, hasta que más o menos quedó en condiciones de desenvolverse por sus propios fueros.

Pero no fueron las terapias de rehabilitación en CERENIF o los medicamentos que consumía los que la pusieron en un nivel de mínima autogestión. “Fue mi mamá la que me impulsó a no dejarme estar. Ella siempre me sostuvo más que papá y cada vez que podía me decía que yo era capaz”, nos cuenta en una entrevista que realizamos en su casa en el barrio Las Palmeras de Luque.

Se emociona al recordar que casi alcanza la edad escolar y aún no sabía escribir, porque el parto forzoso que tuvo su desaparecida madre, doña María del Carmen le impidió que tenga abiertas las manos, debiendo memorizar las clases impartidas por sus profesores.

“Tenía los puños cerrados y con fisioterapias constantes pude por fin abrirlos hasta aprender a escribir”, cuenta. Pero insiste en que todos esos desarrollos fueron posibles porque “mamá evitó siempre tratarme y que me traten con compasión”.

“Lo de tener lástima no cabía en su diccionario. Y me hizo bien porque de haberme tratado con compasión no habría alcanzado a desarrollarme para depender de mí misma”, afirma.

Alejandra se despierta todos los días a las seis de la mañana. Hasta antes de la pandemia se dirigía a la Secretaría de Repatriados donde trabaja desde el 2013, pero ahora pernocta en su casa desde donde sigue activando normalmente.

Terminó satisfactoriamente el colegio en la Comunidad Educativa Amor, Libertad, Voluntad y Amistad (Comunidad ALVA). Pasó luego a la Facultad de Filosofía, donde por trabajo no pudo seguir sus estudios, pero es muy solvente y a la hora de cumplir con sus quehaceres, toma los bastones, camina a la ruta y sube al bus, para demostrar con ejemplos tangibles que no hay impedimento que valga mientras la fuerza de voluntad sea el arma principal de sostén cotidiano.

Pero de todas maneras, como no es una persona normal en cuanto a condiciones físicas como el común de los mortales, la depresión entró a jugar un papel preponderante y cuenta que en el 2000 tuvo un cuadro severo que se agravó con la separación de sus padres.

“No supe lidiar con eso y me tomé treinta cápsulas de Risperidona. Lo único que quería era morir”, afirma, pero tuvo la contención necesaria para sortear ese tramo de debilidad espiritual y continuar viviendo para contar estas experiencias.

DALE! VOS PODÉS!

Myriam Acuña fue otra de nuestras entrevistadas. Es una de las figuras más representativas de Teletón y tiene el reconocimiento de toda la sociedad paraguaya por su enorme entereza y capacidad de superación.

Cuando charlamos con ella en el apacible sofá de su sala, sonrisas de por medio nos contaba su historia, la que una y mil veces fue dada a conocer y también una y mil veces generando emociones por doquier.

Ella al nacer se atoró con el cordón umbilical y con el correr de su crecimiento, sus médicos advirtieron a sus padres que la anoxia de la que fue víctima la tendría atada a una vida imposible de superar, pero con posibilidades de sostenerla con apoyo permanente.

“Mi mamá me respaldó tanto hasta ahora, que una de las dificultades que pude superar fue el por fin atender una llamada. Antes eso era impensable para mí”, cuenta.

De hecho, una de las consecuencias de ese nacimiento traumático es que el habla no lo tiene desarrollado normalmente, pero se la entiende claramente cuando se expresa, porque le pone tantas ganas que basta su predisposición para comprender sus mensajes.

No duda un segundo cuando pone a su madre, doña Myrian Román de Acuña como su tenaz y valiente luchadora. “Me hizo sentir capaz de hacer las cosas, de lograr ser independiente”, comenta.

Afirma que el lema que se colgó al cuello desde sus primeros años de vida es el “¡dale Myrian, vos podés!”. Aquella expresión fue sembrada momento a momento hasta crecer en ella el poder de desenvolverse, aún con un poco de dificultad por sus propios medios.

Lo hace con un andador especial, que no niega que le incomoda demasiado. “Pero aunque me moleste un poco, perdí el miedo y el complejo, porque antes las personas me miraban raro y me hacían sentir mal. Hoy esas sensaciones desaparecieron”, asegura enfáticamente, mientras vuelve a ensayar una sonrisa amplia.

Esa sonrisa que desaparece por unos segundos cuando le consultamos cómo se prepara para el día que su madre ya no esté. Queda en silencio y piensa. Cranea una respuesta, mira al suelo y se contiene. No encuentra la respuesta y sólo atina a mirar sus manos haciendo que el silencio sea el que conteste.

Era evidente. Su madre es su principal apoyo. “Cuento con mis demás familiares pero mamá es la que más está conmigo y no sé qué pasará de mí cuando ya no esté…”, dice casi con resignación.

Pero pronto vuelve al buen semblante y nos cuenta que aunque no haya conseguido trabajo en los medios de comunicación, que es la carrera para la que se preparó, se levanta a diario a las ocho y media, lee libros, se informa en las redes, la televisión y ahonda sus conocimientos en la política.

“Me apasiona la política. Alguna vez tendré un espacio en un medio para hablar de esto”, dice segura de sí misma y de que un día se le abrirán esas rebeldes puertas que siguen cerradas para ella, a pesar de ser la más destacada alumna de la Universidad Autónoma, donde se recibió.

“Eso es lo único que quiero conseguir. Un trabajo”, insiste. Y aunque el fastidio se le note por no poder ser normal, sonríe de nuevo y ello borra cualquier desánimo, el que su amigo Carlos Valdez ayudó junto con su madre a que no tenga cabida en su rutinario vivir.

“En lo emotivo él siempre estuvo a mi lado”, recuerda. De hecho, esa contención fue clave y lo corrobora su mamá, con la que bromea en cierto momento de la nota que se volvió entretenida hasta altas horas de la noche…

CON UNA PIERNA PUEDE CORRER LA CARRERA DE LA VIDA

Este es el caso de Cristian Mendoza Zárate, un joven con carácter y forjado en la fe cristiana que aprendió a sobresalir y sortear cualquier valla que se le ponga en el camino de la vida.

“Muchas personas pasamos dificultades con la discapacidad y nos pierden la paciencia. Otros no te dan trabajo, no te brindan confianza y es triste”, reconoce Cristian, quien trabaja en el Pediátrico Acosta Ñu.

Afirma que “es una problemática que tiene que cambiar, la visión de las personas debe ser modificada en ese sentido” y cree que es a las personas con limitaciones que más oportunidades se les debería brindar.

Cristian tiene una familia formada en los valores religiosos, algo que ayudó a que tampoco se entregase a los designios de la desesperanza. A pesar de no tener las piernas al 100% como los demás, es emprendedor y se proyecta siempre a conquistar espacios. “Dios es nuestra fortaleza y es él quien nos impulsa a no quedarnos”, explica, en tanto expone una sonrisa que lo sindica como un hombre de paz en medio de tantos avatares.

Desde muy joven se apoyó en muletas y con ese compañero de trajín viajaba ida y vuelta en los incómodos buses desde San Lorenzo hasta Asunción, donde trabajaba. Consideración, comprensión o tolerancia fueron los aspectos que jamás encontró en el camino, pero una oración cortita y concisa era su combustible para recargarse de energías, como hasta ahora.

“Dios es mi pierna en todo sentido. El crédito de mis avances se lo doy a él. Con su ayuda sigo en pie. Gracias a su ayuda seguiremos en la lucha”, afirma entusiasta, mientras prepara el tracklist que emitirá en su programa alternativo en la radio online CCM, la que la montó con ayuda de sus familiares en su propia casa.

Allí conduce un espacio en el que toca temas variados y de interés general de 18:00 a 22:00 horas. Desde mucho antes de la pandemia, él se reinventó y no se cansa de repetir que “si no fuera por Dios no habría estado aquí. Es él quien sostiene mis batallas y permite que ante toda circunstancia nos sobrepongamos”.

Alejandra y Myrian no nombraron a Dios. Pero es evidente que él no es un ser abandonador y observa a sus creaciones y en forma tácita, los levanta y les da la oportunidad de vivir plenos, sorteando el fuego de la discriminación. Como ese fuego que en Babilonia, Sadrac, Mesac y Abednego superaron en el horno siete veces calentado por Nabucodonosor, que no tuvo de otra que admitir su poder y los liberó.