Grandes epidemias de dengue en Paraguay: un mal de décadas e impredecible para el futuro

La llegada del verano, sumada a las constantes lluvias, generan el “condimento exacto” para el inicio de un nuevo brote del dengue. En nuestro país, a lo largo de los últimos años ya se dieron grandes epidemias, dejando a su paso el colapso del sistema sanitario, fallecidos y pacientes con secuelas. Todavía estamos a tiempo de prevenir.


Fuente: Por Juan Riveros

Por Juan Riveros (@JuancitoRiveros)

Semanas atrás, desde el Ministerio de Salud ya se advirtió que las previsiones para este verano entrante no son muy alentadoras, ante las condiciones propicias para la entrada de una nueva epidemia del dengue.

Esta situación obliga a mirar hacia atrás, aprender de los errores y aplicar todos los métodos correspondientes para evitar epidemias de gran magnitud.

La aparición del dengue en Paraguay se remonta a la década del 80, con los primeros casos. Sin embargo, la primera epidemia se origina a finales de 1999 e inicios del 2000. De acuerdo a datos oficiales de las autoridades sanitarias, se registraron un total de 24.282 casos clínicos y 4.070 casos confirmados laboratorialmente.

Tras el fin de la primera gran epidemia, a lo largo de los siguientes años se fueron registrando casos de dengue en nuestro país, pero sin la magnitud para alarmar el sistema sanitario. Las autoridades de salud, sin embargo, lo tomaron como un “problema cotidiano” desde el 2009, donde nuevamente se encendieron las alarmas.

En 2011 y 2013, nuevamente se dieron dos grandes epidemias de dengue en Paraguay, con circulación simultánea de varios serotipos, lo que dificultaba más su contención.

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La epidemia del 2013 fue considerada hasta ese entonces como la más mortal en la historia del Paraguay. Las cifras oficiales hablan de más de 130.000 casos confirmados, de unos 150.000 sospechosos. En cuanto a los fallecimientos, se registraron 252 decesos a causa de la enfermedad.

La característica principal de todas las epidemias registradas hasta ese momento era que, los mayores casos se daban en Asunción y Central.

Pasaron nuevamente varios años para que se diera una nueva epidemia del dengue en el país. A inicios de octubre del 2019, las autoridades sanitarias ya advirtieron la posibilidad de la aparición de miles de casos, incluso con el temor de superar a los números registrados en el 2013.

A partir de ese mes, se fueron dando las acciones para evitar la epidemia, con mingas ambientales, concienciación a la ciudadanía y otras tareas preventivas. Sin embargo, no fue suficiente, hasta que, en febrero del 2020, el gobierno declaró la emergencia sanitaria.

En ese lapso, desde octubre del 2019 a febrero del 2020, incluso el presidente Mario Abdo Benítez y la Primera Dama, Silvana López Moreira, cayeron enfermos a causa de la enfermedad. El dengue no solo estaba en Asunción y Central, sino que logró expandirse hacia el interior del país, donde el sistema sanitario no pudo responder a la demanda.

En marzo de 2020, en medio de una gran epidemia del dengue, Paraguay confirmó sus primeros casos de COVID-19, que en ese momento ya se catalogaba como pandemia.

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A finales del mes de marzo del 2020, específicamente el 27 de marzo, el entonces ministro de Salud, Julio Mazzoleni, anunció el fin de la epidemia del dengue. Los números finales fueron de 53 fallecidos, 27.597 casos confirmados y más de 177.000 notificaciones.

Sorpresivamente, posterior a dicha epidemia, durante los meses siguientes se observó una disminución considerable de casos confirmados del dengue. Las autoridades atribuyeron a las restricciones de movilidad implementadas en el marco del COVID-19.

El panorama del dengue al parecer tiende a cambiar en este final del 2023 e inicios del 2024. Desde el Ministerio de Salud, a través de la Dirección de Vigilancia Sanitaria, ya lanzaron una advertencia para estar preparados ante una eventual epidemia, que incluso podría superar a las anteriores.

Las primeras alertas ya fueron lanzadas a finales de septiembre. Desde ese entonces, las notificaciones fueron subiendo semanalmente hasta finales de octubre, donde el Ministerio del Ambiente declaró contingencia ambiental a nivel país, para hacer frente a los criaderos del aedes aegypti.

Al dengue también se le sumaron casos de chikungunya y zika en los últimos años. Todas estas, enfermedades provenientes del mosquito, la plaga a vencer para evitar la transmisión masiva. La contingencia ambiental es por 150 días, siendo una de las primeras medidas adoptadas para evitar el impacto de la epidemia entrante.

“No quiero ser fit”: el cansancio de miles de mujeres y el debate sobre la presión estética

La coach fitness Guise Dancuart rompió esquemas con su primer libro, “No quiero ser fit”, una obra sincera y directa que cuestiona la obsesión por la perfección y reivindica el amor propio. El lanzamiento se agotó en menos de un mes y ya prepara su versión digital.

Lo que comenzó como un proyecto íntimo terminó convirtiéndose en un fenómeno inesperado. Guise Dancuart, entrenadora, atleta y creadora de contenido, lanzó 100 copias de su primer libro, sin imaginar que desaparecerían de las estanterías en pocas semanas.

“Fue un proyecto hecho con muchísimo amor. Pensé en 100 copias y se agotó rapidísimo”, contó en el programa Residentas del canal GEN. “Los mensajes y el feedback que recibí valieron totalmente la pena”.

Pero más allá del éxito editorial, la obra plantea un mensaje poderoso, que consiste en la renuncia a la necesidad de encajar en un modelo de mujer perfecta que se exige desde redes, el entorno y, sobre todo, desde la propia mente.

Guise explica que el nombre del libro surgió de cientos de conversaciones con mujeres que cargan con una presión silenciosa, como ser madre perfecta, profesional perfecta, pareja perfecta y encima, tener el cuerpo perfecto.

“Llega un punto donde decís: ‘yo no quiero ser fit, ya está’. Porque ese ideal de perfección no existe”, afirma. Cuando esa exigencia cae, aparece otra trampa: el descuido.

“Al dejar de lado la idea de perfección, muchas entran en un abandono que termina erosionando el amor propio. Y todo empieza a relacionarse solo con el físico, cuando en realidad es algo espiritual, emocional”.

La autora también analiza cómo las comparaciones en redes sociales destruyen la autoestima. “Vivimos comparándonos con historias de 15 segundos. Con una chica que ya entrenó, desayunó perfecto y está impecable a las 5 de la mañana… y vos estás en bata, con tu café. Compararte con eso es perder siempre”.

Peor aún, también muchas se comparan con “la mujer que fuimos antes”, una versión pasada idealizada que ya no existe.

El libro aborda uno de los puntos más sensibles, que es la forma en que las mujeres se hablan a sí mismas. “Hay cosas que nos decimos que jamás le dirías a tu mejor amiga. ‘Soy fea’, ‘esto no es para mí’, ‘que mal me queda esto’. ¿A quién le dirías eso? ¿Por qué te lo decís?”, cuestiona Guise.

Cada capítulo propone ejercicios, mantras y reflexiones para reconectar con el cuerpo desde un lugar de respeto y bienestar, no desde la crítica. “El fitness y el wellness son una búsqueda de equilibrio personal, no algo para mostrar en Instagram ni para complacer a nadie. Es lo que te hace bien a vos”, agrega.

Guise insiste en una verdad que incomoda, pero libera: que cualquier proceso de cambio va a doler. “La gente viene un día al gimnasio, le duele y no vuelve. Pero los momentos incómodos son parte de la vida. Y son los que más enseñan”.

Subraya que no se trata de entrenar horas, sino de comprometerse con uno mismo. “Si solo podés cuatro minutos, hacé cuatro minutos. Con el tiempo serán diez, quince, veinte. La clave es honrar tu palabra”, resalta.

También invita a dejar la fantasía de que todas las mujeres deben lucir igual. “Me dicen ‘quiero tu panza’. Y yo les digo: ‘Mi panza no vas a tener nunca, porque vos tenés la tuya. Busquemos la mejor versión de la tuya’”.

Dancuart vive un estilo de alimentación disciplinado hace más de 10 años, y comparte recetas simples y accesibles para derribar mitos.

“Cuando empecé, comer avena era de gente enferma. Hacer mantequilla de maní en casa, un delirio. Hoy por suerte ya no. Me gusta mostrar que la comida saludable puede ser rica, fácil y con ingredientes que encontramos en cualquier súper”.

La autora analiza lanzar una nueva tirada del libro y adelantó que prepara una versión digital para ampliar su alcance.

Aguinaldo sí, canasta y fiesta de fin de año no: ¿a qué están obligados los empleadores?

Llega la temporada más esperada por todos, especialmente por los trabajadores, quienes reciben en esta época el ansiado aguinaldo, sin embargo, surge la duda sobre si la entrega de las tradicionales canastas navideñas y los festejos de fin de año son obligatorios o simplemente dependen de la buena voluntad de los empleadores. Esto es lo que dice realmente nuestra legislación.

Empieza diciembre, y todo se vuelve festividad, emoción y expectativas, principalmente, por el pago del decimotercer salario. Ese “premio” al esfuerzo laboral que se realizó en el año.

Según el artículo 243 del Código Laboral, el pago del aguinaldo es de carácter obligatorio y debe abonarse antes del 31 de diciembre de cada año. Su propósito es aliviar financieramente a los trabajadores durante los tiempos de mayores gastos, como las fiestas de Navidad y Año Nuevo.

En esta época, aunque el aguinaldo sea un pago obligatorio, también es una oportunidad ideal para que los empleadores expresen gratitud y reconocimiento a los trabajadores con otros tipos de beneficios, como las famosas canastas navideñas o las fiestas para despedir el año con todos los colaboradores.

Ni la canasta ni la fiesta, los empleadores no están obligados por ninguna ley a brindar estos beneficios, pero según había señalado el experto en empleo, Enrique López Arce, ambas son poderosas armas de motivación.

Para Arce, un trabajador valorado es un trabajador con mayor capacidad de producción y creatividad en el entorno.

Algunas empresas también hacen otro tipo de obsequios a sus trabajadores, como regalos personalizados u otros presentes.

¿Plata o fiesta?

Días atrás, el mismo Arce compartió el resultado de una encuesta que realizó a 2.000 trabajadores, de los cuales, el 97% ya no prefiere una fiesta como tal, sino dinero.

Históricamente los trabajadores optaron por festejos, regalos o canastas, pero según el especialista, el encarecimiento del costo de vida, la carne y otros productos básicos, obligan a optar por el dinero.

Una historia de superación, con un empujoncito formativo y financiero

Celeste López es una joven ingeniera agrónoma oriunda de Caaguazú capital. A lo largo de su carrera universitaria fue dibujando sueños que esperaba cumplir al recibirse. Sin embargo, en el camino se encontró con algunas dificultades financieras y la necesidad de aprender mucho más sobre el manejo del negocio. Conocemos su historia.

Ni la salud ni la educación tienen el mismo nivel de cobertura en todo el territorio, lo que obliga a muchos paraguayos a dejar su ciudad natal y trasladarse hasta Asunción y alrededores para satisfacer necesidades básicas.

Así lo hizo Celeste López, quien, tras culminar su carrera de Ingeniería Agrónoma regresó a su pueblo Jagua Kái, dentro de la ciudad de Caaguazú, departamento de Caaguazú, con la esperanza de trabajar y sacarle provecho a sus grandes parcelas de tierra, pero no sabía cómo dar el primer paso.

Lo primero que notó que le faltaba era aumentar sus conocimientos sobre el manejo administrativo de un emprendimiento. Fue así quecomenzó por capacitarse sin gastar dinero, a través del curso virtual denominado Plan de Negocio de Sinafocal (Sistema Nacional de Formación y Capacitación Laboral), en el que aprendió a hacer un estudio de mercado para saber a dónde apuntar y ver qué probabilidades de suceso tenía en la zona.

Celeste decidió comenzar a cultivar y producir ají, para lo cual, registró la marca Don Virgilio en homenaje a su abuelo, según se lo contó con mucho entusiasmo a sus padres Salustiana Martínez y Toribio López.Desde entonces abrió su empresa familiar.

Al iniciar el emprendimiento, Celeste se percató de una falencia. El déficit en infraestructura en relación a los objetivos que ella tenía y a las condiciones que requería para la elaboración de un producto de calidad.

A esta segunda dificultad, la ingeniera no la vio como un impedimento para seguir escalando, antes bien, observó una oportunidad y un desafío por superar. En ese interín se inscribió al programa Capital Semilla, en el que, además del apoyo financiero, también le ofrecieron asesoramiento en la materia.

La emprendedora recibió 10 millones de guaraníes que utilizó como inversión inicial para construir un laboratorio para elaborar y procesar sus productos antes de dejarlos listos para la venta al mercado.

“Confíen en los programas y en los cursos de capacitación que ayudan para emprender o conseguir trabajo en forma rápida y fácil”, expresó Celeste.

Luego de este largo camino recorrido, el cual resumimos para no extendernos, Celeste hoy puede contar con mucha satisfacción que es productora de 100 ajíes por día y que su trabajo llega a los locales comerciales y gastronómicos de su pueblo.

Entre sus variedades se destacan: ajíes picantes, suaves, ahumados, con miel, entre otros que son muy solicitados por los consumidores.