Detectan esquema de contrabando y tráfico de drogas en la frontera

Un operativo conjunto entre la Armada y la Senad, permitió la incautación de una lancha a orillas del río Paraná. La pequeña embarcación traía productos de contrabando desde el Brasil y luego retornaba cargada de marihuana.

Durante un operativo, se confiscó una lancha que llegó a orillas paraguayas con carga de zapatillas de goma.

Luego pretendían transportar 653 Kilos de Marihuana y Hachís al Brasil.

Se incautaron 24 paquetes envasados al vacío de Hachís o cera de Marihuana, con un peso total de 10 Kilos 42 Gramos. Según informe de la Senad, este tipo de drogas se comercializa al triple de la marihuana convencional.

Los ocupantes de la lancha se dieron a la fuga.

 

“Los pueblos indígenas no son vulnerables, son vulnerabilizados”

En una charla amplia y abierta con Augusto dos Santos para el programa “Expresso” del canal GEN, el arquitecto indígena mbya guaraní Gerónimo Ayala analiza la difícil situación de las comunidades indígenas. Habla que es necesario contar con una política integral desde el Estado, para que los jóvenes de las comunidades nativas puedan tener mayores oportunidades. Repasa además su historia y agrega que sigue con el sueño de hacer historia logrando que una voz indígena tenga su lugar en el Congreso Nacional.

POR LA NACIÓN

Augusto dos Santos (ADS): ¿Cuál es tu nombre en paraguayo?

– En paraguayo mi nombre es Gerónimo Ayala. En mbya guaraní significa Miry.

– ADS:¿Qué significa Miry?

– Miry es un nombre tradicional del pueblo mbya, según nuestra cosmovisión nosotros tenemos en cuenta los cuatro puntos cardinales de la tierra. Y de acuerdo de dónde vienen las personas, entonces se le da el nombre. Yo vengo del Este, que sería Ñamandu, Opuare, nosotros le decimos. Entonces, por eso es mi nombre Miry.

– ADS: ¿Qué recordás de tu niñez en la comunidad mbya?

– La comunidad Pindo es una comunidad ya asentada de la EBY. Yo recuerdo desde los siete años. Es una comunidad que fue digamos avasallada en todos sus sentidos, verdad, porque anteriormente mis abuelos, mis padres, estaban en la isla Yacyretá, y posteriormente con la construcción de la represa fueron sacados de ese tekoha, de ese lugar.

– ADS: ¿Sin ningún motivo?

– Sin ningún motivo. Lo que recuerdo es que los primeros tiempos hice el segundo grado ahí y no había nada prácticamente en esa época. Nosotros tuvimos que caminar. Yo hice mi segundo grado y teníamos que caminar cuatro kilómetros hasta la comunidad Ñua’o para ir a la escuela. Hacíamos 8 kilómetros por día para ir a la escuela y, famoso, descalzo. Nosotros no teníamos nada, y ¿por qué me recuerdo de esas cosas? Porque generalmente cuando sos mitã‘i te solés tropezar y nosotros nos tropezábamos por la ruta y esos fueron famosos recuerdos. Y otro recuerdo que teníamos era que debíamos pasar por una propiedad privada y estaba el famoso vaka ñarõ y la vaca nos perseguía. Ese era nuestro dilema. Y después ya se hicieron cosas. La binacional construyó un par de aulas y terminé ahí mi sexto grado en la comunidad. En esa época estábamos 10 familias y ahora suman 30. Realmente, los abuelos, digamos que lucharon por esa zona, ya no están con nosotros físicamente y fueron ellos los primeros que pusieron el nombre por las palmeras. Es una zona baja ahí y hay muchas palmeras y por eso el nombre.

– ADS: ¿Qué representa ese elemento que tenés en la cabeza?

– Simboliza un soldado mbya guaraní. Nosotros tenemos una jerarquía también entre las comunidades. Yo me considero un soldado que está al servicio de las autoridades. Eso simboliza. Generalmente los más pequeños tienen. En las comunidades se usan hasta ahora, algunos con sus nombres, o con los nombres de sus comunidades. Para nosotros su nombre es akangua. Que simboliza a un soldado.

– ADS: ¿Cómo es la historia de tu vida después de la escuela. Y cómo es que te encaminás a ser arquitecto?

– Terminé el sexto grado en la comunidad y a los 13 años ya salí. Me fui a una comunidad que se llama Coronel Bogado, hasta el noveno grado digamos de ahora, antes era tercer curso. Y después de eso ya fui al Colegio Técnico de Encarnación, que es un colegio técnico que tenía construcciones civiles, carreras industriales, y entonces yo elegí la carrera de construcciones civiles y terminé como maestro mayor de obras y obviamente que la carrera que tenía que seguir era arquitectura o ingeniería, y entonces yo me incliné más hacia la arquitectura.

– ADS: ¿Por qué te interesó más la arquitectura?

– Me interesó mucho porque la arquitectura abarca muchos aspectos de la vida. No es simplemente técnico. Es humano. Estudia mucho al ser humano. A la sociedad, a la cultura. Y la arquitectura es el resultado de lo que es la sociedad y del pensamiento del hombre. Y por eso me gustó y elegí la carrera.

– ADS: Normalmente, los miembros de las parcialidades indígenas no tienen muchas oportunidades de llegar a la universidad, ¿cómo lo lograste?

– Es como un compromiso que tenía la entidad Yacyretá con la comunidad Pindo, ellos tenían un programa de asistencia para que la comunidad se consolide. Y dentro de ese programa había becas a los estudiantes. Entonces, aproveché esa oportunidad y fui becado prácticamente desde el séptimo grado hasta el segundo año de arquitectura, gracias a esa posibilidad. Luego, desde el tercer año hasta terminar la carrera fui becado por la propia Universidad Católica. Es decir, tuve dos grandes oportunidades a las que, así como dijiste, las poblaciones de las comunidades indígenas tienen muy pocas posibilidades de acceder. Pero también yo tengo mi postgrado en didáctica universitaria y justamente hice un trabajo del acceso a la educación superior de los jóvenes indígenas.

– ADS: ¿Cómo está eso?

– Ahí hice un relevamiento, en realidad hay posibilidades. Hay muchas universidades, la Católica, la nacional y otras privadas que ofrecen becas a los indígenas. Solamente que para alcanzar esas posibilidades, los jóvenes indígenas tienen muchos obstáculos. En primer lugar la pobreza, y muchas veces para los jóvenes es un poco, o sea, es un gasto estudiar. Prefieren trabajar para salvar el día a día y seguir con sus vidas.

– ADS: Terminaste la carrera y encontraste en la arquitectura una motivación para redescubrir, no solamente las ciudades sino tu entorno de origen. ¿En qué cosas te inspira tu comunidad indígena en tu tarea como arquitecto?

– Y realmente me inspira en muchos ámbitos. Desde las perspectivas. Por ejemplo, para recibirme como arquitecto yo hice una tesis basada en una vivienda tradicional mbya guaraní. Generalmente hay muchas instituciones que implementan las viviendas en las comunidades, pero son proyectos diseñados fuera y se implementan dentro. Y eso muchas veces no funciona. Yo hice al revés, trabajaba en las comunidades y presenté a las autoridades. Los abuelos decían que las viviendas tienen que estar hechas de las cosas materiales de la naturaleza. Por ejemplo la tierra, las tacuaras, el kapi’i, son recursos de la naturaleza y entonces la vivienda tradicional tiene que estar hecha de estos materiales. No de la chapa y otras cosas. Y por otro lado, otro factor importante es la fogata. Ore rojetapyva’erã ore rogapýpe (Nosotros tenemos que hacer el fuego dentro de nuestra casa). Y se tiene que hacer ese espacio para hacer el fuego. Es un sitio, digamos, simbólico para las comunidades indígenas, especialmente para mi pueblo. Y por otro lado llevo muy en cuenta la escala humana.

– ADS: Quiero quedarme en el tema anterior. ¿Qué es el fuego para una comunidad mbya, para una vivienda indígena?

– Y simboliza en sí la vida. La vida por la cual el hombre o los seres humanos tienen que guiarse, porque la fogata tiene humo y entonces ese humo tiene que estar direccionado y eso depende de las personas, y, entonces, eso simboliza no solamente para el uso de la cosa, sino que simboliza mucho la cultura del pueblo mbya guaraní.

– ADS: ¿Cuáles son los espacios de reunión familiar en una casa mbya?

– Cuando se trata de espacios familiares, es la fogata. Pero, cuando es espacio comunitario, es el opy. Dentro de la comunidad tenemos la vivienda, nuestro templo, un espacio sagrado en donde los no mbya guaraní no pueden entrar y ese es el lugar de reunión, que se llama opy. Y muchas veces se usan otros lugares, por ejemplo, debajo de un árbol. Porque el mbya guaraní vive afuera. Por eso las casas de los mbya no son altas, más bien se usan para dormir. El desarrollo de la vida mbya guaraní se da afuera.

ADS: Si los planes de viviendas se hicieran desde la perspectiva tradicional de la vivienda indígena, ¿habría menos gente que deje sus hogares?

– Sí. Tiene mucho que ver eso. Pero hay que llevar en cuenta también la extrema pobreza que tienen los pueblos indígenas. Por más que no sea de su propuesta, la gente no tiene otra posibilidad. Por ejemplo en el Chaco, prácticamente casi es el doble de la temperatura alta en la región, pero se implementan viviendas de chapa. Y los hermanos no tienen otra alternativa que usar, el lugar, el hábitat en sí, te da una respuesta si vamos a ir desde la perspectiva arquitectónica.

– ADS: ¿Cómo hiciste en la universidad para integrarte? Si bien no somos tan discriminadores, tampoco somos tan abiertos.

– Fue un poco difícil también, porque cuando el joven indígena se desprende de su comunidad es muy fuerte; primeramente tiene que superar muchos obstáculos. En primer lugar, la discriminación. Me incluyo, somos muy discriminadores. Muchas veces el joven indígena si tiene esa debilidad espiritual para no aguantar eso, vuelve a su comunidad. En mi caso, yo hacía la metodología que yo inventé. Me iba una semana en la ciudad y el fin de semana a mi comunidad, para seguir nutriéndome espiritualmente. Y ese fue mi proceso. Pero, si te voy a hablar, yo, por ejemplo, tuve muchos amigos y profesores que me demostraron respeto. Y por otro lado, siempre me presenté como tal, verdad. Como un mbya guaraní. Muchas veces los paraguayos somos tímidos. Recuerdo que el primer día de clases, la profesora preguntó de dónde veníamos. Y había descendientes italianos, en Itapúa hay crisol de razas, hay polacos, italianos, alemanes, y justo me tocó a mí. Yo soy de San Cosme, soy un mbya guaraní. Y toda la gente miró (risas). Entonces, yo creo que eso tuvo mucho que ver, eso de presentarme tal cual.

– ADS: ¿Te inspira tu origen para ver tu tarea arquitectónica en tu trabajo en sí. Le agregás eso siempre a tus proyectos, a tus trabajos?

– Sí, siempre. Y ese proyecto que había hecho (viviendas indígenas) no se llegó a concretar, por diferentes motivos. Recuerdo que presenté en todas las instancias decisivas, desde el distrital hasta la Presidencia, pero no se tuvo en cuenta. Pero yo siempre trato de ayudar a los proyectistas que van a intervenir en las comunidades indígenas, porque de eso se trata, de ayudarnos. En las charlas que me invitan siempre hablo demás, porque nosotros como mbya guaraní somos muy celosos, cerrados, y muchas veces no podemos decir cosas. Pero yo digo, comparto con mis hermanos blancos.

– ADS: ¿Seguís obedeciendo a alguna autoridad en tu comunidad?

– Sí, tenemos un líder, un cacique. Y siempre se le respeta a esa persona. Para irse a trabajar hay que comunicarle, para irse de visita por ejemplo, primero al cacique y después se va. Hoy día es más flexible, hay líderes jóvenes más abiertos.

– ADS: ¿Estás trabajando en tu profesión?

– Sí, tengo mi estudio en arquitectura en Encarnación y aparte otro trabajo, como un proyecto sociopolítico con los hermanos indígenas. Seguimos con un proyecto ambicioso que es el proyecto político.

– ADS: ¿Qué te tuvo postulando para senador en el 2018. Te frustró no ganar un escaño?

– Nos nutrió de mucha fuerza. De mucho valor. Cómo los hermanos se quedaron con entusiasmo e interés de seguir con esa idea. Sabemos que es algo un poco difícil, pero era un proceso que teníamos que empezar. Entonces, nos quedamos con esa ganas de seguir.

– ADS: Hay una historia muy fuerte de manipulación hacia los indígenas en el tema político…

– Sí, bastante. Hoy en día en muchos lugares, por ejemplo, los votos indígenas hacen la diferencia. Acá en Paraguay estamos 112 mil indígenas, de los cuáles 80 mil hermanos son votantes, Augusto. Y para senaduría se necesita mínimo 50 mil votos; entonces, eso siempre les digo a los hermanos. Ñande jaregalahína peteî (Nosotros estamos regalando un) espacio seguro en la senaduría. Pero ese espacio, nosotros también somos conscientes de que a esos espacios vamos a llegar a través de este tipo de proyectos.

– ADS: ¿Cómo ves el tema cuando se suceden cuestiones como el caso reciente de la niña indígena (violada y luego asesinada) surgen temas relacionados a la desprotección de las comunidades. Cómo ves en general las políticas públicas al respecto?

– Yo participé en muchas charlas y conferencias y en esos lugares siempre me dejan enseñanzas. Por ejemplo, los hermanos decían que los pueblos indígenas no son vulnerables. Los pueblos indígenas fueron vulnerabilizados durante mucho tiempo, y ese es el ejemplo. Y estamos siendo vulnerabilizados no desde hace cinco o seis años, estamos arrastrando esa problemática desde hace muchísimos años. Si vamos a hablar desde las perspectivas del Gobierno, tiene muchas instituciones que trabajan con las comunidades y tienen sus espacios. Pero falta esa implementación de políticas públicas particulares, como el tema de la niñez. La Fiscalía tiene su espacio, el Ministerio de la Niñez tiene también para el sector indígena, lo que falta es un trabajo entre las instituciones, interdisciplinario.

– ADS: ¿Cuál es tu mirada en cuanto tienen que ser las comunidades indígenas. Así como la tuya, tienen que abrirse o integrarse? Háblame un poco de tu teoría al respecto.

– Hoy día ya no son muy cerrados así como te mencionaba. Y la propuesta, por ejemplo, nosotros tenemos. Los gobiernos de turno tienen el plan nacional. Y dentro de ese plan nacional, departamental o local, tiene que estar el desarrollo de las comunidades indígenas. Porque de por sí, para las comunidades indígenas es difícil solucionar la cuestión en forma autónoma.

Las comunidades necesitan vivienda, acceso al agua, se necesitan de mucho trabajo, en forma conjunta en las comunidades. Y se tiene que ver en forma genérica cómo instalar una política. Por ejemplo el tema de los niños en las calles. No solamente se ve en Asunción, también en otras ciudades. Entonces, yo no puedo llevarles sin ninguna propuesta, de llevarlos a sus lugares de dónde están viviendo.

– ADS: Claro, no es simplemente devolverlos…

– Eso. Lo principal es ver qué yo puedo darle en su comunidad para que tenga el sentido de arraigo de vuelta. Porque la gente pregunta por qué vienen. En primer lugar hay mucha deforestación. Hay mucho avance de los grandes empresarios. Entonces, las comunidades se quedan muy desprotegidas y lo único que les queda es salir de ese lugar. Y muchas veces los jóvenes indígenas se suicidan por eso, Augusto.

– ADS: ¿Hay muchos suicidios en las comunidades?

– Hay, se da con frecuencia.

– ADS: Pero no sale tanto en los medios.

– No sale, pero hay muchos jóvenes que se están suicidando justamente por esa razón. Yo veía muchos casos en Brasil, en Argentina, por ejemplo, pero yo nunca vi ejemplos acá y se está empezando a ver esos casos.

– ADS: ¿Qué le decís a la gente que tiene esas soluciones rápidas o los simplistas que dicen que hay que devolverlos y listo?

– Yo estoy de acuerdo con aquello de que las comunidades indígenas deben desarrollarse de acuerdo a su historia y a sus costumbres. Y tampoco se le puede negar a las comunidades que piden un desarrollo integral, verdad.

– ADS: Estás hablando de dos cosas, usos y costumbres, y desarrollo e integración con las cuestiones paraguayas, digamos.

– Claro, porque hay que diferenciar bien esto. Los derechos de los pueblos indígenas y los derechos humanos. Entonces, la gente no puede decir, ustedes son indígenas y tienen que vivir tal cual como antes. Ya no se puede. Cuando hice aquella propuesta de vivienda, justamente me dijeron eso. Pero, ustedes los indígenas son nómadas, no pueden tener una vivienda definitiva.

– ADS: Hace poco creo que el presidente del Indi (Instituto Paraguayo del Indígena) dijo eso.

– Lo que pasa es que no podemos separar las cosas. Las costumbres y el desarrollo pueden ir juntos. Las comunidades deben mantener sus tradiciones, pero también deben tener una visión de desarrollo. Y muchos jóvenes indígenas ya tienen esa visión, pero eso no quiere decir que van a dejar de ser indígenas. Los indígenas tienen sus derechos humanos, como el acceso a derechos básicos, como el agua. Muchas comunidades no tienen sistema sanitario adecuado. No tienen vivienda, acceso a educación, a salud. Y esas son cuestiones básicas de derechos humanos y nadie puede negar que los indígenas no tengan acceso a eso. Yo creo que las comunidades, sin olvidar sus costumbres y tradiciones, tienen que tener una mirada de desarrollo.

–ADS: Si te postulás de nuevo para senador, o si algún gobierno se iluminara y dijera, este hombre puede ser presidente del Indi, ¿cuáles son las tres primeras medidas que tomarías?

– En primer lugar, priorizaría el acceso a tierras. Teniendo en cuenta que como seres humanos, no podemos vivir del aire; entonces, los pueblos indígenas tienen que tener una base sólida, una base física en donde se pueda desarrollar en forma integral. El acceso a la tierra para nosotros es un proyecto prácticamente que tiene muchos años de desarrollo, muchas veces ya vimos la lucha de muchos hermanos para conseguir lo que era de sus propios ancestros, la tierra de ellos. En Itapúa tenemos una lucha de más de 10 años por unas 78 mil hectáreas que corresponden a lo que nosotros decimos era nuestro tekoha guasu, un territorio que abarca Itapúa y Caazapá. Nuestros hermanos ava guaraní por ejemplo, que fueron desplazados en Alto Paraná para construir la Itaipú. La oficina de la binacional está dentro mismo de lo que era el tokoha guasu de los ava. Lo principal es el acceso a tierra. De las 710 comunidades, el 50% tiene título de propiedad y el resto no. Viven en propiedades privadas, en estancias. Muchas veces incluso tienen título, pero igual no logran asistencia.

El segundo punto sería lograr la asistencia de los servicios básicos a las comunidades indígenas. Paraguay es un país subdesarrollado por eso, porque la gente no tiene acceso a cuestiones básicas. Muchas veces en las comunidades, el abastecimiento de agua son los manantiales. Y esos manantiales no tienen la protección adecuada.

– ADS: Y menos ahora, ¿no?

– Y menos. No hay garantía de agua potable. Yo te hablo con mucha propiedad, porque recorrí muchas comunidades acá en la región Oriental y en el Chaco. Yo también siempre trato de hablar con mucha sinceridad y hay veces que hablamos del mejoramiento de salud. Pero la salud también tiene sus instancias. Yo no puedo hablar de que hay un mejoramiento del sistema de salud si en las comunidades indígenas no hay viviendas adecuadas.

– ADS: O sea, un hospital nomás no es salud.

– Claro, para el hábitat indígena y de cualquiera. Si yo no consumo agua potable, no mejoramos la salud. En síntesis, en las comunidades indígenas se debe intervenir en forma integral. Una parte las viviendas, por otro lado el mejoramiento de las condiciones humanas que las comunidades indígenas necesitan.

– ADS: ¿Te parece que hay generaciones nuevas que están con mayor capacidad de dialogar con oídos sordos de poder sobre estas cosas?

– Sí. Hay muchos jóvenes que tienen ese interés, de lo que te decía, de acceder a un sistema de educación superior, o básico, o superior, y tenemos esa intención. El tercer punto sería la educación para los pueblos indígenas. Ahora se está trabajando desde la Dirección de Educación Indígena para tratar de agregarle a los abuelos dentro de la malla curricular, para que los chicos no pierdan esa educación, ese idioma.

– ADS:¿Qué enseñan los abuelos en las escuelas mbya?

– Enseñan las tradiciones, el uso del idioma, nuestro nombre propio. Por ejemplo, un profesor que no es indígena, no le llamen así, que su nombre es Gerardo, por ejemplo. Eso no se puede prohibir. Hablar nuestro propio idioma. Todo eso se enseña. Los remedios medicinales, cómo se construye una casa, cómo cortar las tacuaras. Cómo danzar, la diferencia entre el tangara y el jeroji.

– ADS: A ver, ¿cuál es la diferencia?

– (Risas) El tangara es más alegre, mucho más abierto, los hermanos te pueden mostrar, y el jeroji es más cerrado, menos alegre que el otro. El tangara es mucho más alegre, el jeroji es netamente para nuestro líder espiritual.

– ADS: Los mbya tienen poesías, canciones, ¿qué es lo que te queda para toda la vida de tu comunidad?

– Las poesías en sí son el canto tradicional, que si no sos mbya no vas a entender mucho.Y por otro lado tenemos nuestro saludo tradicional, uno largo y otro corto. Si vienen de otro lado, empezamos a hablarnos en oraciones, pero es saludo. Y, por supuesto, el respeto a la naturaleza y a los abuelos y abuelas.

 

Postales de la tierra del hielo

La tierra de las auroras boreales y del Sol de medianoche, tan fascinante como extrema por su clima. Un territorio al borde del mundo. A través de imágenes y anécdotas, una pareja de paraguayos nos lleva a un recorrido por la lejana Islandia, donde se encuentran viviendo desde hace un año.

Por Arturo Peña, arturopena@gruponacion.com.py

Fotos: Juanjo Ivaldi Zaldívar

La Nación

“Hace 11 grados, estoy acá tomando un café aprovechando que es un día muy lindo y que se puede estar afuera”, cuenta Tessa Rivarola, mientras en el fondo, en el audio, se escucha el balar de un cordero. Es verano en Islandia, época en que la media de temperatura llega a los 14 grados. “Puede haber también un poco más de temperatura, a diferencia del verano pasado que andaba con dos camperas encima. Ahora se disfruta un poquito más la diferencia luego del invierno tan fuerte que nos tocó”, agrega.

Tessa es actriz de teatro. Ella y su pareja, el fotógrafo y chef Juanjo Ivaldi Zaldívar, viven actualmente en una granja en Islandia, a 30 kilómetros de un pueblo llamado Höfn, que tiene unos dos mil pobladores, y a 500 kilómetros de Reykjavik, la capital del país. “Islandia tiene 360 mil habitantes. Hay el doble de ovejas que de personas. Más de 200 volcanes. Tiene el Vatnajökull, uno de los glaciares más grandes del mundo. Hay más de 600 geysers repartidos por todo el país. No hay ejército, ni armada ni fuerza aérea. Es de los países con el agua más pura del mundo. ¡No hay mosquitos!”, cuenta, por su parte, Juanjo en un pantallazo rápido para adentrarnos a este pequeño país insular (se asienta en una isla principal, homónima, y otras más pequeñas, alcanzando 103.000 km², algo más grande que el departamento de Boquerón), ubicado en el extremo noroeste europeo, en las puertas del círculo polar ártico.

Google marca 10.387 km desde Paraguay a Islandia. “Venir de por sí fue una aventura con cosas curiosas que van pasando ya durante el viaje. Son dos días de trayecto, si todo marcha bien”, cuenta Tessa. “Aunque vinimos juntos, cada uno vino desde lugares muy diferentes. Juanjo ya tenía la experiencia de vivir acá cuatro años, en la capital, y yo era una de esas personas como debe haber muchas que nunca escuchó hablar de Islandia. Para mí era uno de esos puntos ciegos en el mapamundi. Lo que sí había escuchado era de las auroras boreales, a través de un maestro noruego que tuve en una clase de posgrado, y desde que él nos mostró las auroras se me quedó el corazón palpitante con el deseo de conocer. La idea era venir los tres meses del verano, pero con la mente abierta también a quedarnos más y nos quedamos”, agrega.

“Las ganas de volver a Islandia se hicieron fuertes en el 2015 después de haber estado en Paraguay un año, por todo lo decepcionante que fue para mí ver la realidad de nuestro país con los ojos de haber vivido cuatro años lejos. Entre el 2009 y el 2013 viví en Islandia, casado con una mujer islandesa. En aquellos años tuve la posibilidad de desarrollar mi mirada fotográfica y aprender más sobre lo profundo de la fotografía. Además me tocó deambular por el mundo gastronómico con sus aromas, sabores y mixturas. El arte culinario aquí es muy rico y también competitivo. Nutridos de toda esa experiencia y de recorridos que hicimos con Tessa por países latinoamericanos, surgió en el 2016 el proyecto gastronómico y cultural La hamaca y la Luna, que eran cenas en casa una vez por mes, en Paraguay. Pero entre el 2016 y el 2019 recibí invitaciones para volver a Islandia a cocinar durante el verano nórdico. Finalmente, en mayo del 2019 dimos el ‘sí’”, relató Juanjo.



ALGO MAGNÉTICO

“Al volver sentí lo que sentí el primer día que llegué en el 2009. Llegamos a un país volcánico. Arribamos sobre un paisaje de playas negras infinitas, donde todo está desnudo, donde se puede ver a kilómetros de distancia porque no hay árboles. Desde el avión se ve ese paisaje volcánico y desde que ponés los pies en esta tierra se siente una energía muy fuerte. Algo magnético”, fue la sensación que recordó el fotógrafo de su llegada a la isla. Para su compañera fue fascinación: “Mi primera experiencia al llegar fue con la vastedad, porque podés mirar y ver lejos, lejos. Nada más llegar ya nos trasladamos 500 kilómetros de la capital, al sur (hay una sola ruta que recorre toda la isla, tiene unos 1.400 kilómetros), yendo por un paisaje cambiante. Fue como entrar en un tubo de magia, una sensación muy fuerte. Además del estado de tontera todavía del viaje, todos esos paisajes, realmente fue un golpe de belleza, de magia y sumado a todo eso que llegaba las 8:00, las 10:00, las 12:00 de la noche ¡y no atardecía! Realmente atardece a eso de la 1 de la madrugada en esa época en que llegamos y se empieza a poner el cielo todo rojo. Así que esa fue nuestra llegada”.

Para Juanjo, el paisaje se ofrecía como una irresistible tentación a disparar su cámara para captar toda esa magia: “Si te gusta el paisaje, lo abstracto, las texturas, Islandia sería lo que fue París o Nueva York para aquellos fotógrafos conocidos como street photographer. Acá la luz toma diversas formas. En los meses de días eternos, el Sol se mueve de lado a lado, no de arriba abajo. Eso hace que todo cambie de forma, de contrastes, de interpretaciones, estando en un mismo lugar. Es difícil viajar unos cuantos kilómetros y no sentir la necesidad de parar a fotografiar en todo momento. En los días nublados, que son mis favoritos, frente a un glaciar se fotografían capas de sonido, capas de silencio, matices de grises”. Las fotos que acompañan este texto hablan de esa experiencia y le dan la absoluta razón.



La palabra Islandia proviene del nórdico antiguo que significa “tierra del hielo”.

Los antiguos navegantes vikingos que llegaron a esos territorios no encontraron mejor forma de definir lo que vieron. Entre las cosas más desafiantes de la isla está el invierno, que se extiende por seis meses o más, con una época de gran oscuridad, especialmente en algunos rincones de la isla, con temperaturas de 0 grados y que bajan hasta -10 como media. “Hay un otoño de dos meses más o menos en que el Sol queda así en un eterno atardecer y luego entre finales de mayo a julio, los días eternos, con el Sol de medianoche, una experiencia loquísima, con la luz que te da una energía que parece que estás sobrepotenciado, con las ganas de estar todo el tiempo activo”, señala Tessa.

Alrededor de la Navidad es la época de mayor oscuridad, que se extiende hasta enero. Incluso hay algunos rincones, algunos fiordos, donde la gente vive alrededor de dos meses sin ver el Sol. “Esta experiencia no nos tocó en el lugar donde estamos, pero sí vivir meses de solo dos horas de luz. Es una experiencia intensa y simpática también, porque no podés decir por ejemplo ‘vamos a beber toda la noche’ porque te vas a pasar pasar bebiendo alrededor de 22 horas”, comenta entre risas la actriz.

Pero, por supuesto, como en cualquier lugar donde uno vaya a buscar oportunidades fuera de su entorno, hay barreras que superar y situaciones a las que adaptarse.

“Algo que es difícil acá, para nosotros los latinos al menos, que somos muy afectuosos, es que las personas son muy hacia adentro y se complica llegar a construir lazos, contactos afectivos. Con el covid hubo dos meses de una cuarentena voluntaria de la gente (el gobierno no la hizo obligatoria). Era también invierno y se sumó lo de la pandemia. Hubo varios contactos, pero muy pocas muertes, se manejó bastante bien todo ese tema”, explica Tessa y suma una reflexión: que en alguna forma, la poca propagación del virus tenía que ver con el propio ‘distanciamiento cultural’. “Hubo un meme muy simpático que decía: ‘terminaron los dos metros de distancia, por fin; ahora podemos volver a nuestros cinco metros de distancia habituales’”, recuerda con humor.

En la isla hay muy pocos animales, en su mayoría ovejas y cabras; los pocos animales salvajes son los renos, que se los ve andando incluso por los pueblos, luego están los zorros, un tipo de comadreja y muchos tipos de pájaros, según relatan los aventureros.


SE FUERON QUEDANDO

El “proyecto Islandia” era en primer término por la temporada de verano, pero hoy ya hace más de un año que Tessa y Juanjo viven allí y el retorno es más bien un incierto. “Algo de por qué nos fuimos quedando fue porque a Juanjo, luego que terminó el verano pasado, le salió un trabajo para cocinar en un restaurante en el pueblo. Ellos nos dieron un departamento por un mes, luego alquilamos otro por seis meses, pero con el covid nos quedamos sin trabajo los dos. Y en esta granja (donde viven actualmente) nos recibieron otra vez. Aquí nos prestaron una pieza a cambio de hacer trabajos en la granja. Es como un pequeño hotelito rural. Ahora Juanjo empezó a cocinar de nuevo, pero todo está muy diferente al año pasado. La cantidad de turismo que hubo no tiene nada que ver con lo que hay ahora”, comentaron.

Islandia es un país que tiene su mayor ingreso en el turismo, sector que quedó muy golpeado por los efectos globales de la pandemia. Tessa dice al respecto: “Nosotros no vinimos como turistas, vinimos a explorar lo que suponíamos sería fértil, no fácil. Por la misma ubicación, por lo insular, es un lugar extremo. A veces a mí me vienen reverberaciones del Chaco, por ejemplo, un lugar también así tan hermoso y a la vez tan extremo. Es una naturaleza sobrecogedora, pero también brutal y hay que tener mucha fuerza para adaptarse.

Este invierno hubo tres avalanchas, hubo semanas enteras de tormentas de nieve. Hay un viento que cualquier día te puede tocar y que es de muchos kilómetros por hora. Para nada nos gusta esa forma en que se vende así turísticamente, porque el turismo también finalmente se vuelve extractivo y esta tierra lo que tiene también de bello es la poca cantidad de humanos con que te encontrás. El año pasado nos tocó ser testigos de la extinción de un glaciar. Los glaciares están retrocediendo. Justo en estos días fuimos a uno y nos dimos cuenta, te das cuenta comparando con el año pasado. Entonces esta isla tiene como ese grito de la naturaleza y la naturaleza se impone acá. Lo humano no es definitorio y eso es algo de lo hermoso que la gente de aquí tiene, es una sumisión a la naturaleza, una sumisión a lo que diga la naturaleza”.

MIRADA EXTRAVIADA

Algo que unió a Juanjo y Tessa, además del espíritu de aventura, es que ambos provienen del mundo de la creación, en este caso de las artes escénicas, por un lado, y de las artes visuales, por el otro. Al emprender destino a Islandia sabían que donde sea que fueran la necesidad de crear iba a estar allí. “Para mí es muy nutritivo creativamente vivir aquí inmersa en la naturaleza y conectada con sonoridades tan extrañas con respecto a lo conocido. En Paraguay, desde hace 14 años estoy en el oficio del teatro y siempre aposté por la idea de que cualquier lugar es un escenario, la calle, la plaza del barrio, una esquina. Aquí, cualquier lugar es un escenario sobrecogedor. Por la inmensidad de las montañas, los glaciares, la vastedad. Así como Juanjo anda con su cámara, yo ando con mi cuaderno anotador, entonces cada vez que tenemos tiempo, nos internamos en alguna lengua de glaciar o si no vamos a una montaña, a algún valle. Después de esas experiencias yo escribo algunas reverberaciones de lo que sentí. Es algo muy subjetivo de lo que sentí o de cómo resuena en mi naturaleza”, dijo Tessa.

A partir de ese ejercicio se abocaron a un trabajo más riguroso de seis meses, donde Tessa trabajó textos y Juanjo preparó una serie fotográfica en blanco y negro, que fue bautizada como “Mirada extraviada - fotografía y poesía”. “Y eso terminó siendo una muestra que debía haberse inaugurado en abril en Islas Canarias, en la Fundación Francis Naranjo, pero por el covid eso quedó suspendido. En principio pasó para noviembre. Son varios racimos de textos que van a acompañar la serie fotográfica. Tanto las fotos y los textos no hubieran sido posibles sin la experiencia del aislamiento, el estar alejados de la ciudad, el estar tan rodeados y envueltos por montañas, glaciares y tanta naturaleza extrema”, agregó. Tessa también hace parte de ese relato en poesía y fotos en un sitio de Facebook denominado: #cosaskescribomientrasespero.

CAZADORES DE AURORAS

Entre las experiencias místicas que se viven en esa parte extrema del planeta, se destacan las auroras boreales, espectaculares fenómenos celestes donde luz y magnetismo se enredan en una danza de colorido inigualable. Cualquier persona tendría como sueño de vida presenciar alguna vez este espectáculo natural. En Islandia, las auroras adornan los cielos cada temporada.

“Pudimos ver las auroras boreales muchas veces, especialmente entre setiembre y octubre. A veces desde la ventana. A veces en el medio de la nada. Tomamos como aventura nocturna salir a ‘cazar auroras’. Y cada vez que se nos daba saltábamos en una pata. Las auroras son arbitrarias. No se ven todas las noches. Así que cada vez que tenés la experiencia de encuentro con las ellas, es la gloria”, explica Juanjo.

“Es realmente un sentimiento sobrecogedor, tienen vida, porque se mueven, bailan, tienen como un sonido y pueden llegar a ser envolventes. Algunas veces nos ocurrió estar en medio de la nada, en una ruta deshabitada y sentir que todo el cielo se estaba cayendo y bailando sobre nosotros. Van cambiando los colores de verdes a violetas. Es realmente una experiencia fuera de todo lo que un humano puede llegar a hacer o imaginar. Es como un vuelo, mezcla de fantasmagórico, mágico y bello. Bellísimo”, añade Tessa.

 

Paraguay tiene menos terapistas que camas para combatir el COVID-19

La sanidad pública de nuestro país cuenta tan solo con 423 camas de cuidados intensivos y menos de la mitad de esa cifra de terapistas especializados para combatir los casos graves de COVID-19.


Fuente: EFE

“Los terapistas propiamente dicho están en alrededor de 200, pero tenemos otros especialistas afines como neumólogos, anestesistas, emergentólogos que manejan el ámbito de la terapia”, dijo Mazzoleni al informar de la finalización de un curso rápido de mil personas.

La precariedad sanitaria del país es uno de los grandes retos del Gobierno de Mario Abdo Benítez, ante una eventual dispersión incontrolada del virus junto con la disparada propia de enfermedades respiratorias de invierno.

“La necesidad país histórica en camas de terapia intensiva es exactamente el doble de las que tenemos, (y) no es porque ahora tenemos COVID hay problemas”, resaltó el ministro al precisar que en la actualidad hay 423 en todo el sistema de los 210 operativas antes de la llegada del virus.

Agregó que hay regiones como el departamento de Caaguazú, centro este, que por primera vez cuenta con unidades de cuidado intensivo, y que llegado el caso está previsto recurrir a sanatorios privados para albergar a pacientes graves.

Otra región que ha sido fortalecida con equipos sanitarios es el departamento de Alto Paraná, limítrofe con Brasil, cuya capital, Ciudad del Este, segunda urbe del país, donde fueron instalados 16 unidades nuevas de terapia..