“Nosotros somos polvo de estrellas”

Aunque no luzca en su pecho ninguna medalla al mérito otorgada por un país que suele "olvidar" a sus genuinos héroes civiles, cada día se levanta con la misma pasión para transmitir a niños y jóvenes lo mucho que sabe del cielo y sus misterios. Con el mismo entusiasmo y el asombro del niño que se subía a una silla para "ver pasar satélites" en el patio de su casa. Blas Servín habla de lo que le apasiona y cuenta parte de esa historia de amor.

Por Augusto Dos Santos para el programa “Expresso”, de GEN TV – Fotos: Nadia Monges

Casi a diario entrevistamos a mucha gente por nuestro trabajo, pero no muchas veces tenemos la oportunidad de entrevistar a personas entrañables como usted, Blas Servín. ¿Cómo está aquí en este espacio tan lleno de amor por el Universo?

–Bien. Gracias a Dios estoy muy bien, siempre con mucho trabajo. Recién estuvieron aquí más de 40 niños con los que estuvimos hablando mucho, siempre les gusta esto.

Y a vos que estás prácticamente “casado con el cielo”, ¿no te molesta que los enamorados se regalen la Luna, por ejemplo?

–¡No! ¡Al contrario! Cuando yo les pregunto a los chicos, por ejemplo, qué piensan que pasaría si no existiera la Luna, me dicen muchas veces que si así fuera, no existirían los poetas, porque sin ella parecería imposible hablar de amor…

Contigo aprendimos que aquello de polvo de estrellas es mucho más que una frase poética.

–Es la realidad, nosotros somos polvos de estrellas. Las estrellas nacen y fabrican en su interior… comienzan con hidrógeno, helio y poco a poco van produciendo otros materiales y así producen hierro, el carbón. Y, por último, antes de llegar a ese momento de su muerte, el oxígeno.

Y eso tiene mucho que ver con nosotros, aunque no lo creamos…

–Claro. El hierro, que es parte de nuestra sangre, es de una estrella. El carbón que tenemos en nuestros huesos es producto de una estrella; el oxígeno que respiramos es producto de una estrella. Y ahí estamos nosotros, como parte de ellas. Somos polvo de estrellas. Y como ciencia no aceptamos la idea de los famosos “discos voladores”, de extraterrestres que visitan, aparecen en la Tierra, porque no hay pruebas fehacientes, palpables. Ni un tornillito hay de ellos. Pero al preguntarnos si hay vida en otro lugar, indudablemente que sí hay vida. Y no solo en otro lugar, sino en miles o millones de lugares de nuestra galaxia tiene que haber ocurrido la misma química que ocurrió aquí en la tierra, porque la química es la misma en todo el Universo. Y en todo el universo son los mismos materiales que están allí.

Quizá fruto de nuestro egocentrismo, creemos que la Tierra está protegida bajo una especie de paraguas imposible de atravesar, pero cada día gran cantidad de materiales ingresan a ella…

–Tenemos una lluvia de toneladas de material que ingresa a la Tierra a diario. Todos las llamamos “estrellas fugaces”. Dichas estrellas entran a la atmósfera y por la alta velocidad, estas vienen a 80 mil kilómetros por hora e ingresan a la atmósfera a 200 mil kilómetros por hora, que es la velocidad de impacto. Se recalientan, se encienden y se convierten en polvo… eso es lo que vemos como “estrellas fugaces”. Todo el tiempo…

Todos los días…

–Todos los días están cayendo toneladas. Y a los chicos les enseñamos cómo juntar eso.

¿Y cómo juntamos ese polvo de estrellas?

–Es muy fácil. En un día de lluvia se extiende una sábana en el patio y se deja allí. Cuando pasa la lluvia, se envuelve la sábana y se guarda en un lugar destinado especialmente y se deja por unos quince días. Luego de ello, se abre la sábana en un lugar cerrado. Y ahí, con un imán, que no es el que conocemos, el doméstico, sino el que viene con los discos duros, ese es. Ese se pasa sobre la sábana y se van pegando unos polvitos negros que vamos guardando en unos recipientes.

VIENDO PASAR SATÉLITES DESDE UNA SILLA EN EL PATIO

Toda historia de amor tiene un comienzo. ¿Y el tuyo con el cielo y sus misterios cómo comenzó?

–Bueno. En realidad se lo debo a mi padre. Papá era ingeniero en comunicación de satélites. ¡Qué bueno que me den la oportunidad de hablar de él! Él era muy joven cuando vino de la chacra, de Piribebuy. Vino para ser soldado a la aviación y en poco tiempo le “echaron el ojo”, como se dice; lo vieron como una persona muy inteligente y capaz. Entonces, le preguntaron que si quería estudiar y, por supuesto, dijo que sí, pero que su familia era muy pobre y le resultaba imposible. Entonces le dieron una beca de tres años y en esos tres años fue el mejor estudiante entre todos.

Todo un logro.

–Sí. Así fue avanzando, le fueron dando más becas por su capacidad, él lo agradeció mucho. Lo enviaron a Río de Janeiro, Brasil, allí estudió en la Academia Militar Agulhas Negras.

La más importante de todas…

–Sí. Después regresó. Lo enviaron a Panamá. Estuvo por el exterior, siempre estudiando, formándose. Y, de repente en 1957, surge esto de que los rusos empiezan a lanzar su satélites. Yo era chico, pero recuerdo muy bien que quitábamos todas las sillas afuera y los mirábamos pasar, se veía. Era la noticia mundial.

En el patio de la casa, sobre las sillas, todos miraban pasar esas misteriosas cosas brillantes…

–Sí. Entonces, el presidente de esa época, dicen que un día preguntó: “¿Alguien entiende de estas cosas acá en Paraguay?”. Entonces todos le dijeron que no, que nadie… y él dijo “hay que enviar a alguien inteligente a que estudie eso, vean y envíen para que vaya”. Y así es que se fue papá y yo aprendí allí, viendo lo que él hacía.

Éramos cinco los hijos, dos mujeres y tres varones, y su nombre está en bronce, en los lugares en los que estudió porque fue un ejemplo de excelencia.

Es decir que no fue en la escuela, estudiando cuando te apasionaste por esto, sino que al Universo lo conociste desde tu casa, primero…

–Sí. Papá siempre nos hablaba de eso que era tan nuevo, de las comunicaciones. Siempre nos explicaba, nos daba ejemplos. Papá era un hombre muy especial; si alguno de nosotros quería divertirse, te hacía estudiar música, o idiomas. Y así fue cuando nos enamoramos de la astronomía.

¿La astronomía te enamoró?

–Sí. Recuerdo que aquí en Paraguay apareció el Cometa Halley y eso desató un interés muy especial. El profesor Alexis Troche Boggino convocó a un grupo de interesados en estudiar algo sobre el tema, informarnos. Conformamos un interesante grupo, con el ingeniero Miguel Ángel Volpe, que fue el presidente y yo el vicepresidente de esa comisión. Y así estudiamos. Vinieron profesores desde el exterior que nos enseñaron y nos pusimos a estudiar. Pero, como ya aclaré muchas veces, en Paraguay no existió ni existe la carrera de astronomía como una carrera universitaria. Por eso, cuando defino nuestra actividad, digo que soy un aficionado a la astronomía, no tenemos un título emitido por una universidad.

Pero sí toda una vida y todos los estudios dedicados a la pasión por la astronomía.

–Sí, yo me dediqué a la astronomía indígena, específicamente a la astronomía Guaraní, Aché, Ava Guaraní. A estudiar lo que ellos dicen del cielo.

ESCRITOS EN EL CIELO

¿Y qué decían del cielo cada uno de ellos?

–Ellos, como todas las culturas anteriores a las nuestras, siempre observaban el cielo. El guaraní, por ejemplo, por la agricultura. Por ejemplo, observaron que cuando el maíz estaba listo para ser cosechado, era un grupo de estrellas el que estaba más visible en el cielo. Y, con esas estrellas, creaban figuras en el cielo. Eso era cuando todo estaba bien, pero también para ellos, lo impredecible, los fenómenos que ocurrían fuera de ese habitual eran considerados por ellos como señales negativas.

Las señales buenas o malas estaban siempre “escritas” en el cielo.

–Sí. Por ejemplo, hablando de lo negativo, cuando observaban una lluvia de meteoritos, para ellos era anuncio de algo negativo. A los meteoritos les llamaban yasy tata: luz de luna que ilumina las estrellas. Cuando veían una lluvia de meteoritos la llamaban yasy tata repoty, que era como “popó” de las estrellas.

Además de lo puramente utilitario, como en el caso de la agricultura, también tenían una fuerte ligazón mística con el cielo. Festividades…

–Sí. Por ejemplo, el Arete Guasu, que es cuando Venus aparece en el horizonte un poco antes de la salida del Sol. Eso, que ocurre en junio, anunciaba la fecha en la que debía comenzarse a trabajar la tierra para la siembra. Hoy cambiaron muchas tradiciones…

Hay cuestiones que están presentes en todo el Universo, la relación con el fuego, etc.

–Hay una fecha anual que es el solsticio de junio, muy cerca del domingo de San Juan. Ese fuego que hacemos no es nuestro, no es por el frío, sino porque en Europa ese día el Sol está en el cenit, allá es verano. Ellos hacen fogatas para “darle fuerza al Sol”, las chicas jóvenes suben a las colinas a buscar hierbas que son curativas y especialmente “bendecidas” por San Juan, con propiedades mágicas. Todo eso vino aquí con los españoles y se transformó uniéndose a lo religioso. Son costumbres ancestrales, también la tradición de la pelota tata, que así como aquí es costumbre popular en Francia, Italia, etc. Es la representación del Sol.

Y si hay algo que está ligada profundamente a la humanidad, es la Luna. En el pasado, el tiempo y muchas actividades se guiaban por ella…

–Sí. Nosotros hemos perdido mucho de esos conocimientos sobre la Luna que tenían nuestros antepasados.

¿Perdido? ¿Y por qué?

–Porque vivimos encerrados, hay mucha luz artificial y la Luna está como poco presente en nuestra vida diaria. Esa Luna que vemos hoy en situaciones normales no es atractiva porque esa polución lumínica en la que estamos viviendo altera nuestra mirada. Es visible en el campo, en zonas lejanas. En la antigüedad, la Luna regía mucho de la vida cotidiana. Hasta la salud mental estuvo ligada por siglos a la Luna porque se decía, por ejemplo, que en noches de Luna llena se alteraban quienes padecían de algún mal de ese tipo. Esa luz era “peligrosa” para la salud de todo…

Los pescadores dicen, por ejemplo, que la Luna llena produce una descomposición de los peces más acelerada, ¿es así?

–No hay ninguna relación ni prueba sobre eso. Ocurre porque cuando hay Luna llena todos los seres vivos están despiertos porque hay luz, hay comida. Entonces, esos seres vivos descomponen los pescados para evitar eso, ponen a los pescados recién sacados en una especie de “jaula” de alambre tejido, tipo mosquitero, y lo ponen bajo el agua, así evitan que los seres vivos parásitos descompongan el pescado. No es la luz de la Luna, sino las bacterias.

Aquí, en este lugar, hay muchos tesoros que guarda con cariño…

–Sí –muestra una página de diario perfectamente conservada–, por ejemplo, ahora que estamos a 50 años de aquella primera vez que el hombre pisó la Luna. Esta es la tapa de un diario de ese día, el 7 de julio de 1969. También tengo esto –dice mostrando otro certificado–, este es un boleto, un pase del estacionamiento en la Base de Huston, que los invitados al lanzamiento del Apolo podían usar.

¿De Fuerte Olimpo a la Nasa? ¿Y para qué?

–Sí. Esta señora, Purificación, les escribe para contarles que el mismo día del alunizaje había nacido una hija de ella y que su nombre era Luna. Entonces les pide si Neil Armstrong no puede ser su padrino de bautismo. Le responden desde la Nasa y le dicen que no puede ser, etc… etc…, pero le envían obsequios a la niña y familia. ¡Le respondieron desde la Nasa a Fuerte Olimpo! Recordemos que Armstrong, que era el comandante de esa expedición, estuvo también en Paraguay. Acá tengo –muestra– una nota de agradecimiento al Hotel Guaraní en donde estuvo hospedado.

La conversación sigue y Blas Servín muestra con orgullo genuino muchas de las piezas interesantes y únicas que guarda como tesoros: un fósil de Paraguay, una “avispa” atrapada en roca de “solo” 40 millones de años, un pedazo de meteorito que es pequeño, pero pesa mucho y que tal vez haya estado dando vueltas por el Universo unos 500 millones de años antes de caer a la tierra y las anécdotas sobre los pequeños tesoros se suceden y continúan hasta entrada la tarde. Nos vamos del “Planetario de don Blas Servín” con la sensación de haber estado de paseo por la inmensidad del Universo, guiados por un baquiano enamorado, aunque no nos hayamos movido de una silla.

Empleo doméstico en Paraguay: años de lucha y victorias que hoy son letra muerta

Pese a años de luchas y reivindicaciones, con importantes logros en materia de derechos laborales, el empleo doméstico sigue siendo uno de los sectores más olvidados en nuestro país, no solo por las autoridades, sino también por los mismos empleadores que, en ocasiones, carecen de empatía con aquellos que los acompañan en su día a día.

Por Robert Bourgoing (@robertb_py)

Muchas llegan por recomendación, otras simplemente consiguen el puesto mediante algún anuncio en redes sociales. En el peor de los casos, se trata de adolescentes que son forzadas a trabajar bajo el régimen del criadazgo y en la modalidad “sin retiro”.

Nos referimos a las empleadas domésticas, mujeres que con sacrificio y esmero dedican gran parte de su jornada, olvidando a veces el cansancio o la fatiga, para trabajar en residencias particulares al servicio de alguna familia.

Según datos de la Encuesta Permanente de Hogares realizada por el Instituto Nacional de Estadística (INE), cerca de 214.000 personas se desempeñaban como trabajadores domésticos al cierre del último trimestre del 2023. En su mayoría, se encuentran en el área urbana.

Con el transcurrir de los años, este sector ha logrado importantes reivindicaciones en materia laboral, siendo la más importante la obtenida en el año 2019 cuando fue aprobada la modificación de la Ley Nº 5407 “Del Trabajo Doméstico”.

QUÉ DICE LA LEY

A partir de la promulgación de la nueva ley, los trabajadores domésticos (entre los que se incluye también a jardineros, choferes de familia, niñeras, mucamas, cocineras, mandaderos, entre otros) tienen derecho a cobrar el 100% del salario mínimo legal vigente, que hoy día equivale a G. 2.680.373.

Así también, adquirieron el derecho a acceder al seguro social del Instituto de Previsión Social (IPS), que automáticamente les brinda el beneficio de contar con cobertura médica y sumar sus aportes para la jubilación.

La vigente Ley de Trabajo Doméstico establece que la jornada laboral de trabajo no debe exceder las 8 horas diarias o 48 horas semanales cuando se trata de jornada diurna, mientras que, el límite en el horario nocturno es de 7 horas de trabajo y 42 horas semanales.

Asimismo, también se contempla el pago de horas extra en caso de superar las 8 horas diarias de trabajo o desempeñar las actividades en el horario nocturno. Para este último escenario, se estipula la bonificación adicional del 30%.

Las personas que desempeñan su actividad laboral bajo la modalidad sin retiro tendrán derecho a un descanso intermedio mínimo de 2 horas, mientras que aquellos que realicen su actividad bajo la modalidad con retiro tendrán derecho a un descanso intermedio de 1 hora. En ambos casos, no se computan como horas trabajadas.

El Artículo 7 de la Ley 5407/15 estipula que es obligatoria la firma de un contrato escrito entre el empleador y el trabajador doméstico, independientemente de la labor que desempeñe en el hogar donde cumple funciones. El modelo se encuentra disponible para su descarga gratuita en la página del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social (MTESS).

DEL DICHO AL HECHO…

Ante los datos expuestos, vale hacernos la pregunta obligada de ¿cuál es la realidad actual de las empleadas domésticas en Paraguay?, ¿se cumple la ley o, como en tantos otros casos, es solo “letra muerta”?

Para Myriam Agüero, presidenta del Sindicato de Trabajadoras Domésticas del Paraguay (Sintradop), la situación aún sigue siendo difícil, pese a los logros y victorias que han obtenido con el paso de los años.

Sobre este punto, confirma lo que ya suponíamos: pese a la promulgación de la ley y los últimos cambios introducidos, el porcentaje de trabajadoras domésticas formalizadas y con seguro de IPS sigue siendo escaso.

Por si fuera poco, aún son miles las que siguen sin percibir el salario mínimo estipulado por ley, excediendo, en muchos casos, las 8 horas de trabajo diarias. “Lastimosamente la gente está acostumbrada a eso. No hay una fiscalización, entonces nadie hace caso”.

LOS “PATRONES” Y LA FALTA DE EMPATÍA

Agüero lamenta que hasta hoy día tengan que seguir hablando de estas injusticias laborales y exigiendo el cumplimiento de lo que les corresponde por ley, siendo conscientes de que no es mucho lo que pueden llegar a conseguir al ser víctimas de un sistema que las obliga a trabajar sin descanso para llevar el pan de cada día a la mesa.

Muy poco se cumple (la ley), hay algunos que sí, pero son pocos”, refirió la titular del primer sindicato de empleadas domésticas de Paraguay, que a la fecha aglutina a cerca de 300 mujeres de diferentes puntos del país. Según estimaciones del gremio, apenas llegaría al 10% el porcentaje de colegas que son aportantes y figuran en IPS.

Esta situación tiene su origen en la falta de conciencia y empatía por parte de quienes ellas acostumbran a referirse usualmente como “patrones”. A esto se le suma el menosprecio, la discriminación o el rechazo que sufren en ocasiones, cometidos por los mismos que han decidido contratarlas para cumplir diversas labores en la casa.

A más de 5 años de la última reforma en la ley que rige el empleo doméstico, quienes forman parte de este segmento siguen elevando su voz para exigir que se respeten sus derechos y se pueda dar cumplimiento a lo que está escrito, pero principalmente, por lo que tanto han luchado.

Parkinson: el conocimiento del doctor Mime, la historia de Pinsón y las posibles salidas

El pasado 11 de abril se conmemoró el “Día Mundial del Parkinson”, en relación a la enfermedad neurodegenerativa y más frecuente después del Alzheimer. En nuestro país, una de las voces calificadas para hablar del tema era el doctor Mime, quien dejó innumerables conocimientos sobre el padecimiento. Actualmente, uno de los casos más sonados es el del periodista deportivo argentino, Emiliano Pinsón, cuya historia la repasaremos a continuación.

Por Juan Riveros (@JuancitoRiveros)

El “Día Mundial del Parkinson” se viene conmemorando desde el año 1997, cuando la Organización Mundial de Salud decidió declarar esa fecha en honor al médico clínico y neurólogo inglés James Parkinson, por describir por primera vez este trastorno.

El Parkinson tiene como característica al temblor de las extremidades en reposo, rigidez, lentitud en los movimientos, cambios en la expresión facial en la postura y en voz, así como problemas para deglutir.

Uno de los más conocedores de la materia en nuestro país siempre fue el Dr. Miguel Ángel Velázquez (+), conocido como el Dr. Mime, quien ya no está con nosotros, pero dejó interesantes aportes desde su experiencia y sabiduría sobre la neurociencia.

En relación al Parkinson, Mime indicaba que la falta de dopamina en el cerebro es la causa principal de la enfermedad y que los síntomas ya mencionados anteriormente, pueden ir empeorando con el tiempo. De acuerdo a lo explicado por el neurólogo, no existe una cura, pero sí tratamientos que pueden ayudar a controlar los síntomas.

Afirmaba también que el Parkinson no solo afecta el movimiento, sino que también puede tener un impacto en la función cognitiva, el estado de ánimo y la calidad de vida en general. “Los estudios sugieren que el ejercicio regular puede ayudar a reducir el riesgo de desarrollar la enfermedad, así como mejorar la salud general de los pacientes”.

En una de sus últimas columnas para el Diario La Nación, en referencia al Parkinson, Mime hablaba de “la luz al final del túnel”, en relación a los avances en la investigación y el tratamiento para mejorar la calidad de vida de los pacientes, abriendo nuevas vías para comprender la enfermedad.

Entre uno de los avances destacados por el neurólogo, se encuentra la identificación de biomarcadores, que son medidas objetivas que se pueden utilizar para diagnosticar la enfermedad y monitorizar su progresión. Según Velázquez, esta herramienta podría ayu­dar a los médicos a identificar el trastorno en sus etapas tempranas, cuando los trata­mientos pueden ser más efectivos, y también podrían ayudar a los investigadores a entender mejor los procesos subyacentes que lo causan.

Asimismo, mencionaba que los investigadores están explorando nuevas opciones de tratamiento para el Parkinson, incluyendo el uso de tec­nología wearable y dispositivos de estimula­ción neuromuscular.

LA CONMOVEDORA HISTORIA DE EMILIANO PINSÓN

Los amantes del deporte crecimos con el programa “Fútbol para todos”, transmitido cada siesta por el canal Fox Sports. Uno de sus conductores era el periodista argentino Emiliano Pinsón, cuya historia actualmente conmueve a toda la Argentina y América Latina, por su lucha contra la enfermedad del Parkinson.

Emiliano padece Parkinson desde el 2021, haciendo que tenga que cambiar su ritmo de vida para encarar el tratamiento. Desde ese entonces, se volvió un ejemplo para todos aquellos que tienen el mismo padecimiento, con muestras de fortaleza, dedicación y a través de su rol de comunicador, como portavoz de conciencia sobre dicho mal.

Con el correr de los años, la enfermedad de Pinsón se fue agravando y días atrás sorprendió a todos con un conmovedor anuncio de que dejaba su labor en radio para enfocarse de lleno a sus tratamientos.

“Tengo un Parkinson atípico, condicionotomía. Eso quiere decir que no es el Parkinson rígido como estaba diagnosticado. Es un Parkinson que tiene un inconveniente que no está muy bien estudiado porque justamente varía en su desarrollo. El temblor común ya está estudiado. Tiene una conducta muy parecida durante tantos años y después o estás más rígido o menos y tembloroso igual, y es operable porque se encuentra en el hipotálamo, en el cerebro”, explicó Pinsón.

Agregó que, del síntoma de la rigidez, ya pasó a un cuadro de atrofia, perdiendo fuerzas. “Si vos leés los libros, que no hay que leerlos, no, hoy no hay que googlear, es... me queda poco tiempo. No es broma. Vamos a tratar de que no. Siempre las estadísticas están hechas para romperse, así que yo pienso ser uno que rompe estadísticas”, refirió el periodista, quien cuenta con el apoyo de toda una afición deportiva local e internacional.

Neuronas espejo: por qué los niños aprenden más rápido de lo que ven, que de lo que escuchan

El descubrimiento de las neuronas espejo fue uno de los más interesantes de la neurociencia a finales del siglo XX. Esto permitió comprender que los niños aprenden más de las acciones que de las palabras. En ese sentido, todos los adultos tienen la gran responsabilidad de educar con el ejemplo.

Hay una frase conocida a nivel popular que menciona que los “niños son como esponjas”, absorben todo lo que ocurre a su alrededor e imitan el comportamiento de los que los rodean, especialmente el de sus padres. Por eso es muy importante que todo padre, madre o encargado del cuidado de un niño o niña sea consciente del tipo de comportamientos y actitudes que asume en determinados sucesos o eventos de la vida cotidiana.

Pero ¿a qué se debe este comportamiento tan particular de los pequeños?

La respuesta la dio la ciencia, específicamente la neurociencia en el año 1996. Y se debe a las “neuronas espejo” que justamente son uno de los descubrimientos más importantes del siglo XX vinculados al aprendizaje.

Observar el día a día de la convivencia familiar parece suficiente para entender el gran peso que tiene el comportamiento de los padres en la educación de sus hijos. Sin embargo, en la actualidad, vamos un poco más allá y sabemos que hay, además, una justificación científica.

La neuropsicología y la neurociencia nos aportan una explicación objetiva del porqué de esta influencia. De por qué los niños aprenden de las personas que están a su cargo con tanta facilidad. Y de cómo sus aprendizajes no se refieren solo a contenidos. También repercuten en las emociones, las intenciones y las conductas.

En ese contexto, el pediatra Robert Núñez explicó que las “neuronas espejo” son un grupo de células nerviosas o neuronas que se activan durante una actividad concreta y también al observar a otra persona que realiza la actividad.

“Estas células constituyen el sustrato cerebral de la imitación y la empatía. Son decisivas para el aprendizaje, tanto de acciones como de emociones e intenciones. El estudio y conocimiento del cerebro avalan una idea básica sobre el aprendizaje y es que este se produce más por lo que se ve que por lo que se dice. Por lo tanto, tenemos una gran responsabilidad a la hora de guiar a los niños, porque somos modelos para ellos”, argumentó el doctor.

El secreto de la imitación

El hallazgo de las neuronas espejo fue fortuito.

En 1996, un grupo de investigadores liderados por Giacomo Rizzolatti realizaba pesquisas con unos macacos, cuyos cerebros tenían monitorizados. Sin buscarlo, se dieron cuenta de que unas células neuronales situadas en la zona motora del lóbulo frontal y en una parte del lóbulo parietal se activaban, no solo cuando los animales realizaban un movimiento, sino también cuando veían que lo hacían los investigadores.

Ante este descubrimiento tan destacado, siguieron adelante con sus estudios. Finalmente, llegaron a la conclusión de que en el cerebro humano existen también este tipo de neuronas. Y no solo eso. Demostraron, además, que están conectadas con el sistema que regula las emociones, la memoria y la atención.

En palabras simples, estas neuronas se asemejan en su comportamiento al de un espejo. Reflejan la acción que observamos en otro individuo en nuestro cerebro y este realiza las mismas conexiones neuronales que si dicha acción la estuviéramos realizando nosotros.

Esto ocurre, por ejemplo, cuando vemos a alguien hablar. Nuestras regiones cerebrales encargadas de la fonación y el habla se activan como si fuéramos nosotros los que hablamos, se produce esa conectividad neuronal.

Además, estas neuronas no solo producen el reflejo en el plano motor, sino que también funciona en el ámbito emocional, ya que están vinculadas al sistema límbico, responsable de la regulación de las emociones. Por ejemplo, cuando vemos a otra persona sonreír, nuestras neuronas espejo crean una simulación interna de su sonrisa en nuestro cerebro. A su vez, se conectan con el sistema límbico y hacen que acabemos compartiendo ese sentimiento alegre.

Así pues, la risa contagiosa, la emoción que se traspasa de una a otra persona, leyendo un libro o viendo una película, y los bostezos “que se pegan” son otros casos de activación de estas neuronas.

¿Qué relación tienen las neuronas espejo con la educación?

Con este descubrimiento nos encontramos con la apasionante idea de que, hagamos lo que hagamos en la educación de nuestros hijos, tendrá una gran repercusión en ellos. El estudio y conocimiento del cerebro avalan una idea básica que siempre hemos tenido.

La relativa a que el aprendizaje se produce más por lo que se ve, que por lo que se dice.

Por lo tanto, los adultos tenemos la gran responsabilidad a la hora de guiar a los niños, porque somos modelos para ellos. De fortalezas, de debilidades, de nuestras respuestas ante sus demandas y preguntas, y de actitudes que favorecen o complican las enseñanzas que nos proponemos darles.

El ambiente que generamos en la familia, las voces templadas o los gritos, la tranquilidad y la armonía o la crispación, serán representaciones mentales en los cerebros de los pequeños, cuyas neuronas espejo ensayan silenciosamente durante 24 horas al día para poder actuar en el momento en el que se presente la ocasión.

Si observamos los comportamientos de padres y madres, es posible darse cuenta de que muchas veces corrigen lo mismo que, sin querer, ellos han enseñado.

Pretendemos que los niños no griten a sus compañeros cuando se enfadan, pero a menudo los adultos se enfadan y reaccionan gritando. De este modo pierden la capacidad de actuar y la oportunidad de enseñar la habilidad del autocontrol.

Por ello, es importante comprender que siempre se enseña o aprende algo, aunque en ocasiones sea negativo. Esto invita a la reflexión, no solo sobre la capacidad para guiar a nuestros hijos, sino también sobre la manera de hacerlo.

La clave está en sustituir los discursos magistrales por interacciones, resolución conjunta de problemas y trabajo cooperativo.

En ese contexto, el doctor Núñez indicó que los niños necesitan adultos responsables que los atiendan con afecto y comprensión, que dediquen tiempo para mirarlos, escucharlos, acompañarlos, guiarlos y compartir todas las experiencias de su vida. Que les permitan equivocarse y aprender tanto de sus errores como de sus aciertos.

“Los niños aprenden por neuronas espejo, cuando sos honesto, tu hijo aprende a ser honesto y a asumir sus responsabilidades”, aconsejó.



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