Bendito y maldito, bendecido y maldecido, conozca las diferencias

A la hora de hablar de bendiciones y maldiciones, muchos pueden confundir el participio con los adjetivos, que son bendito y maldito. Conozca las formas válidas de utilizar estas palabras.

La Fundación Español Urgente de la Real Academia Española hace un oportuno recordatorio de lo que sucede con las derivaciones de los términos bendecir y maldecir.

La primera acotación es que, tanto bendito como maldito actúan como adjetivos y no como participios. Por ejemplo, al decir bendito sea Dios o malditos ladrones, no se realiza ninguna conjugación, sino que, se utilizan adjetivos calificativos.

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En cambio, si alguien fuera a buscar el participio de bendecir y maldecir, lo correcto es usar las formas bendecido y maldecido, respectivamente.

Aquí se debe tener mucho cuidado con el verbo decir y recordar que, su participio es dicho y no decido, algo que podría confundirse por lo que sucede con bendecir y maldecir.

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La sección RAE del diario HOY tiene como fin promover el bueno uso del idioma español, con el sustento de lo que dicta la RAE, máxima autoridad de la lengua que, con el correr de los años, va cambiando algunas reglas y proponiendo adaptaciones, según la necesidad.

Viejo Continente y otras expresiones con mayúsculas, ¿por qué?

La frase alternativa para referirse a Europa, Viejo Continente, se escribe con mayúsculas en ambas palabras. La Real Academia Española explica el motivo aplicado a este y otros casos.

Los sustantivos que forman parte de las denominaciones alternativas de carácter antonomástico que se utilizan para aludir a ciertos lugares como la Perla del Sur, la Capital Espiritual (Caacupé), La Madre de Ciudades (Asunción), es escriben con mayúsculas, según lo indica la Ortografía de la lengua española.

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Por lo tanto, decir que “Taylor Swift revoluciona los viajes a Europa coincidiendo con su gira The Eras Tour en el viejo continente” es incorrecto. Lo apropiado es utilizar las mayúsculas en Viejo Continente.

Lo mismo se aplica a el Nuevo Mundo (América), la Santa Sede (el Vaticano), que ingresan en la subcategoría de alternativas estilísticas y categoría principal de lugares, en el capítulo IV sobre uso de letras minúsculas y mayúsculas del citado libro.

En retórica, antonomasia es la sustitución de un nombre propio por una expresión, tal como Roma por “la Ciudad Eterna”, la Joya del Pacífico (Valparaíso), la Isla del Encanto (Puerto Rico), la Reina del Plata (Buenos Aires), la Llave del Golfo (Cuba).

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Motu proprio, sus usos y errores habituales

La locución latina motu proprio es a veces utilizada de manera incorrecta, empujada por una costumbre del lenguaje hablado o por la escasa difusión de información al respecto. En Hoy Digital rompemos con ese esquema y le informamos cuáles son las indicaciones del español al respecto.

El diccionario de la máxima autoridad de la lengua castellana indica que, el significado literal motu proprio es ‘con movimiento propio’. Sin embargo, el sentido que se le da es el de ‘voluntariamente o por propia iniciativa’.

Agregar la preposición “de” a motu proprio, escribir propio en vez de proprio, decir motus en vez de motu son formas equivocadas de utilizar la locución latina motu proprio, según explica la Real Academia Española en su espacio de consultas semanales.

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Debe respetarse la forma latina proprio para el segundo elemento, y no sustituirla por el adjetivo español propio, advierten los académicos.

También recuerdan que es incorrecto su empleo con preposición antepuesta: como de o por “de motu proprio” o “por motu proprio”.

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“Mijo”, ¿válido para acortar ‘mi hijo’?

Las expresiones utilizadas coloquialmente para recortar ciertas frases, entre ellas, “mi hijo”, están sujetas a reglas del español, aunque la RAE viene mostrando mucha flexibilidad en sus adaptaciones. Entérese lo que dice respecto a este caso.

Las amalgamas son una confluencia de varias informaciones morfológicas o sintácticas en un solo segmento, según la definición del diccionario de la RAE.

La Real Academia Española señala que las formas: «m’hijo», «m’hija» son las válidas para este tipo de amalgamas, es decir, el acortamiento coloquial que se le hace a la frase “mi hijo”.

Sin embargo, el diccionario de americanismos registra las formas «mijo» y «mija» y las define como las que se usan para dirigirse a los hijos, a los amigos o compañeros y hasta los esposos o novios, según el contexto o el lugar.

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Estas formas aparecen como las más utilizadas en países de todo el continente americano. De hecho, la RAE reconoce que esas versiones circulan en esta zona y, con esta admisión, nuevamente aplica una flexibilización a las reglas originales, como ya lo hizo en cuantiosos otros casos, en los que termina cediendo bajo el concepto de “adaptación”.

La sección RAE del diario HOY tiene como fin promover el buen uso del idioma español, con el sustento de lo que dicta la RAE, máxima autoridad de la lengua que, con el correr de los años, va cambiando algunas reglas y proponiendo adaptaciones, según la necesidad.

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