La palabra etcétera y el mal uso de los puntos suspensivos

A la hora de escribir la palabra etcétera, sea completa o abreviada, a menudo se comete el error de agregarle puntos suspensivos, sin embargo, esta adición es incorrecta. Sepa por qué.

«Los inspectores les comunicaron a los titulares de los puestos de fruta, verduras, ropa, calzado, etc… que tendrán que instalarse más arriba» y «Asimismo se ocuparán otros espacios del recinto, como vestuarios, zonas para camerinos etc…» son ejemplos del error que se comete al agregar puntos suspensivos después de la palabra etcétera.

Los puntos suspensivos pueden aparecer al final de una enumeración o lista con el mismo valor que etcétera, por lo que debe evitarse, por redundante, la aparición conjunta de ambos elementos; según explica la Fundación Español Urgente de la Real Academia Española.

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Además, y por convención, etc. (que ha de llevar siempre punto) y etcétera se separan del anterior elemento por una coma. Sin embargo, cuando etcétera o etc. cierran una enumeración, pero el enunciado continúa, lo apropiado es escribir coma después, incluso si forma parte del sujeto.

Así, la puntuación apropiada de las frases anteriores habría sido «Los inspectores les comunicaron a los titulares de los puestos de fruta, verduras, ropa, calzado, etc., que tendrán que instalarse más arriba» y «Asimismo se ocuparán otros espacios del recinto, como vestuarios, zonas para camerinos, etc.».

También es redundante y se desaconseja, al menos en la lengua formal, escribir varias veces seguidas etcétera o etc., como en «Se califica un examen, el número de trabajos entregados, el comportamiento, etcétera, etcétera».

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Los niños, no los niños y las niñas, aconseja la RAE

El masculino gramatical plural no solamente designa a los hombres, sino también a las mujeres cuando de contextos grupales se trata. Ejemplos, los niños, los ciudadanos. A más de esta explicación obvia y conocida, la Real Academia Española expone otros motivos para evitar el uso de “los y las” en una misma oración.

Los alumnos y las alumnas deben conocer el reglamento del colegio. ¡Vaya! De no haber incluido a “las alumnas” en la oración, ¿hubiera usted pensado que solamente los varones deben cumplir el reglamento? ¿O habría entendido que el mensaje es para todo el alumnado?

Para la Real Academia Española, este tipo de desdoblamientos son artificiosos e innecesarios desde el punto de vista lingüístico, sobre todo, considerando que el masculino plural no se limita a los individuos del sexo masuclino, sino a todos sin distinción de sexos.

La mención explícita del femenino se justifica solamente cuando la oposición de sexos es relevante dentro del contexto. Ejemplo: El desarrollo evolutivo es similar en los niños y las niñas de esa edad.

El espacio Español al día de la RAE indica que, para aludir a un grupo mixto, con independencia del número de individuos de cada sexo que lo integren, ha de usarse el masculino gramatical, que es la forma que puede abarcar a todo el conjunto. Así, se dirá los alumnos para referirse a un grupo formado por varones y mujeres, aunque el número de alumnas sea superior al de alumnos varones.

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La explicación gramatical de esta premisa es sencilla. El género masculino es un término no marcado en la oposición masculino/femenino, mientras que, el género femenino sí está marcado, por tanto su uso es exclusivo para aludir a las mujeres o niñas.

El hábito de usar “los y las” para todos los casos, no solamente proviene de motivaciones extralingüísticas, sino que va en contra de la economía del lenguaje, además de generar dificultades sintácticas y de concordancia, a la par de complicar de manera innecesaria la redacción y la lectura.

Trasladar este desdoblamiento a cualquier ámbito sería verdaderamente agotador y mataría la practicidad del lenguaje que debe ser claro, preciso, directo y sin vueltas. Para muestra, un solo ejemplo. Imagínese cómo quedaría nuestro himno nacional.

¡Paraguayos y paraguayas, República o muerte!

nuestro brío nos dio libertad

ni opresores ni opresoras ni siervos ni siervas alientan

donde reinan unión e igualdad

La sección RAE del diario HOY tiene como fin promover el buen uso del idioma español, con el sustento de lo que dicta la RAE, máxima autoridad de la lengua que, con el correr de los años, va cambiando algunas reglas y proponiendo adaptaciones, según la necesidad.

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El alta médica, no la alta, ¿por qué?

Para referirnos a la autorización médica para que un paciente salga del hospital, lo correcto es el alta médica y no la alta, recuerda la RAE y explica los motivos.

En su espacio abierto al público, denominado Consultas de la semana, la Real Academia Española recibió la siguiente pregunta: ¿Es «el alta médica», «la alta médica» o «el alta médico»?

En referencia a la autorización del médico para que el paciente vuelva a la vida ordinaria, lo adecuado es «el alta médica», fue la respuesta de la RAE.

Según el Diccionario panhispánico de dudas, el artículo femenino la toma obligatoriamente la forma el cuando se antepone a sustantivos femeninos que comienzan por /a/ tónica, esto es, cuando la palabra inicia con a y se carga la voz sobre ella.

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Otros ejemplos similares de sustantivos femeninos a los que se aplica el artículo el por esta misma razón son: el agua (fría), el azúcar (blanca), el área, el hacha (filosa)

También cabe la eliminación de la regla cuando se interpone otra palabra: la extensa área, la afilada hacha.

En cuanto a los adjetivos, deben concordar siempre con el sustantivo: el agua clara, el hacha afilada, el área profunda.

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¿Cuál es el sustantivo femenino de cocodrilo?

Una curiosa consulta de género le hicieron llegar a la Real Academia Española. ¿Es posible hablar de una cocodrila para referirse a la hembra del cocodrilo?

Según las reglas gramaticales, «Cocodrilo» es un nombre epiceno masculino. Esto significa que un solo género puede designar a seres de ambos sexos, como, por ejemplo: bebé, lince, pantera, víctima.

En tal sentido, para diferenciar los géneros del cocodrilo, lo correcto es decir: «el cocodrilo macho/hembra». No obstante, en contextos menos formales —por ejemplo, como personajes de un cuento infantil—, puede generarse un femenino en «-a»: «cocodrila» (hay precedentes como «elefanta», «hipopótama»...).

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Desde la óptica histórica, el diccionario documentó hasta el año 1992 la palabra «cocatriz», con la marca «ant.» (‘anticuado’), como nombre de lo que hoy llamamos «cocodrilo». No es el femenino de «cocodrilo».

Si recurrimos al Diccionario histórico de la RAE encontramos la siguiente definición de cocatriz: sustantivo femenino o masculino: reptil semiacuático del orden de los crocodilios de hasta 7 metros de longitud, cabeza aplastada y alargada provista de mandíbulas muy fuertes, ojos sobresalientes con pupilas verticales, cuatro patas cortas, cuerpo de color oscuro, piel escamosa muy dura excepto en el vientre, dorso rematado por filas de crestas óseas y cola larga y robusta; habita en los ríos y costas de África, América, Asia y Oceanía. Nombre científico: Crocodilia (orden).

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