En caravana por la Costanera, exigirán justicia para joven atropellado

Ciudadanos y víctimas de accidentes de tránsito preparan una caravana contra los conductores alcoholizados que quedan impunes tras provocar accidentes fatales. La caravana se realizará solicitando justicia para Nicolás Fernández, un joven que fue atropellado por un ebrio al volante, el 17 de enero pasado.


Fuente: La Nación

Fuente: La Nación.

La convocatoria es a las 16:00, este domingo 18 de octubre, sobre Defensa Nacional casi Padre Cardozo, frente a la Iglesia de las Mercedes, para luego iniciar una caravana de vehículos hacia la avenida Costanera de Asunción.

“Es como tener un arma. Hoy hacemos una movilización, ahí vamos a tener una bendición a las 16:30, de ahí salimos y vamos por General Santos hasta la Costanera de Asunción donde vamos a soltar globos blancos. Se a va a hablar en memoria de Nico y la búsqueda de una justicia que puede alcanzarnos a todos”, afirmó Rubén Fernández, padre del joven, en contacto con el canal Telefuturo.

Sobre este caso, el fiscal Óscar Delfino, culpa de su muerte a la víctima. Señaló en una entrevista “que conducir borracho no es delito”, lo que indignó a miles de personas.

“Es terrible. No estoy en contra de que las personas puedan tomar una cerveza o dos. Eso sí, hablemos de la cantidad de alcohol y cuando te subís a un vehículo es como tener un arma porque afecta al sistema nervioso”, afirmó Fernández.

El fiscal solicitó el sobreseimiento definitivamente al conductor que atropelló y mató al joven Nicolás. Se trata de Mauricio Matías Gulino, cuya defensa alega que supuestamente la víctima cruzó mal las calles Artigas casi Perú, al momento del hecho.

El padre del joven solicita un juicio oral donde se deben valorar las pruebas en contra del automovilista que dio positivo al alcotest tras ser ubicado luego de huir del sitio. Los videos del circuito cerrado de la zona muestran la velocidad con la que circulaba la camioneta a su mando. El magistrado deberá determinar si el caso se eleva o no a juicio oral y público y si Mauricio Gulino es juzgado por un Tribunal de Sentencia.

“El martes, el juez Julián López, debe atender el caso en lo que sería la audiencia preliminar, donde él debe hacer el trámite de oposición a lo que este fiscal pretende. Creo que devuelve a la Fiscalía General para que se nombre otro fiscal. Es el trámite natural que debe tener porque es juez de garantías, que debe garantizar que las cosas se hagan como deben ser”, afirmó Rodríguez.

El perito encargado del caso es el oficial primero, Carlos Javier Rotela, quien indicó que supuestamente el automovilista conducía a una velocidad de 59,07 km/h y que el impacto era inevitable porque el joven presuntamente cruzó en área no peatonal y que había poca visibilidad. Todo para exculpar al automovilista alcoholizado del hecho.
Otro caso señala a Fabrizio Chiola, de 24 años, que el jueves en horas de la noche atropelló a un reciclador que falleció en el lugar y luego se dio a la fuga. El conductor se dio a la fuga, pero fue ubicado debido a que la chapa quedó en el lugar tras el impacto. Antes del accidente compartió fotografías en redes sociales donde se observan latas de cerveza en su automóvil.

OTROS CASOS DE CONDUCTORES ALCOHOLIZADOS

Igualmente se manifestarán contra el eventual arresto domiciliario para Florencia Noemí Romero, imputada por homicidio culposo, tras el accidente de tránsito en el que perdió la vida la joven Natalia Godoy, cuando esperaba transporte público para ir a trabajar. El hecho ocurrió el pasado domingo 4 de octubre. La conductora dio positivo a la prueba de alcoholemia.

 

Así será parte del protocolo para Caacupé 2020: “Va a ser un desafío difícil y muy grande”

A menos de dos meses de la fiesta mariana del 8 de diciembre, el Ministerio de Salud se encuentra ajustando el protocolo sanitario para evitar un brote masivo de Covid-19 en la Villa Serrana. La doctora Adriana Amarilla anunció algunos puntos que se deberán cumplir a rajatabla.

En entrevista con Telefuturo, la doctora Adriana Amarilla, directora de Promoción de la Salud, mencionó que con la Iglesia Católica, el municipio de Caacupé y la Policía Nacional están ajustando el protocolo sanitario que se utilizará para la fiesta de la Virgen de los Milagros de Caacupé.

“Va a ser un desafío muy grande, muy difícil. Va a ser diferente, tenemos que adaptar a la nueva forma de vivir. Muchas decisiones serán cuestionadas porque se limitará la cantidad de celebraciones y presencia de personas. Tampoco llenará la expectativa en cuando al aspecto económico. Se habla que la festividad mueve 7 millones de dólares, pero eso no va a pasar por más que se libere todo”, resaltó.

Entre las medidas que se están barajando, según anunció, figura que las personas que deseen ir a la festividad de Caacupé deberán necesariamente anotarse cada una en su diócesis y luego esta remitirá su lista a los encargados de la Basílica. Posteriormente se establecerá el día que podrán ir los fieles de una parroquia y cuál será el sitio que ocuparán en la explanada de la iglesia.

Amarilla remarcó que Salud recomendará que no asistan niños ni adultos mayores o con enfermedades de base. “Si es que van, no podrán pasar los controles sanitarios”, advirtió a aquellas personas que no obedezcan.

Otro punto que tampoco se hará como era tradición son los grupos de peregrinos, sino que solamente irán algunos representantes.

De darse el peor de los casos, ocurrirá una aglomeración, por lo que la doctora subrayó que el lavado de manos y el uso del tapabocas (cuando uno esté en un sitio estático durante la misa) serán de cumplimiento obligatorio.

“La misa cambiará, se acortará, se limitan los cantos. El líder religioso va a manejar la situación, los tiempos. Antes la gente contestaba y participaba mediante cánticos y rezos, pero ahora ya no será así”, aclaró además la autoridad sanitaria.

Para tratar que la gente no quiera ir en forma masiva a la Villa Serrana, se dispuso que una vez culminada la fiesta mariana, la Virgen Peregrina recorrerá todas las parroquias del país.

Por último, Adriana Amarilla destacó la predisposición de la Iglesia Católica y en especial del monseñor Ricardo Valenzuela, obispo de Caacupé, para concienciar a los feligreses y trabajar en conjunto con el Ministerio de Salud Pública.

 

Falleció el reconocido periodista deportivo, Juan Ángel Gómez

Este domingo se confirmó la muerte del periodista deportivo y docente, Juan Ángel Gómez, quien se encontraba hospitalizado tras sufrir un ACV.

El fallecimiento de Juan Ángel Gómez, se dio en el Hospital de Clínicas, donde había ingresado hace una semana por un Accidente Cerebro Vascular.

Los problemas de salud de Gómez, empezaron con una infección de oídos, que ascendió al cerebro.

En los últimos tiempos, amigos y conocidos realizaron diversas actividades benéficas para apoyar a Juan Ángel Gómez, debido a la difícil situación económica por la que estaba atravesando.

De acuerdo a la información brindada por sus familiares, los restos de Juan Ángel Gómez, serán depositados esta mañana en el Cementerio de la Recoleta en el mismo lugar donde se encuentra su hermano, Carlos Alberto Gómez.

 

Rumores que matan (parte I)

Ángel era un estudiante de periodismo asesinado en el 2013. Todo indicaba desde un primer instante que el motivo fue robarle lo que llevaba consigo camino a tomar el bus una mañana de agosto. Los vecinos fueron los primeros en reaccionar en aquel momento en búsqueda de los asesinos.


Fuente: La Nación

Por Óscar Lovera Vera, periodista La Nación.

Ángel tenía poco tiempo para llegar a la parada del bus, si no lograba alcanzar el de las 22:40, su sentencia de un día tarde estaba firme. Barrientos Chávez de apellido, el joven de 21 años tomó pronto el teléfono celular, le conectó el auricular dejándolo pendular sobre su pecho, lo guardó en el bolsillo y se despidió de su abuelo. Al fin tenía la puerta principal de su casa cerrándose detrás suyo. Vivía en el barrio Cañada San Rafael, en la ciudad de Luque.

Los buses en la ciudad tenían horas marcadas y si no te disciplinabas vivías llegando tarde a todas partes, Ángel lo sabía, lo tenía aprendido, ya que de su trabajo dependía el pago de sus estudios de periodismo en una universidad privada. Para ello trabajaba en el hospital regional de la ciudad. Eran las 9:30 y apresuró el paso ese 22 de agosto del 2013.

Hay algo que Ángel manejaba muy bien y resultaba, era la disciplina de estar siempre antes. Se inducia a llegar siempre a tiempo, con mucha antelación. Era mental, así lograba que lo tengan en cuenta en el trabajo. Esa inducción consistía en convencerse que era tarde a las 9:30, su horario en el hospital comenzaba a las 11:00 y se prolongaba hasta las 17:00. Con ello lograba una hora anticiparse a su entrada y le resultaba. Aunque ese día –tal vez– su costumbre se complotó con el infortunio, quizás, la muerte intuyó su rutina.

NUEVE CON TREINTA Y CINCO

Ángel seguía con su mente puesta en que tenía pocos minutos para abordar su bus, si no lo alcanzaba perdería su viejo hábito. Iba cantando en sus pensamientos, con la mirada puesta en el horizonte, divisaba a lo lejos la ruta por donde transitaban todos, a puntos diferentes y con prisa.

Tranquila peculiaridad de la calle que lo sostenía al caminar, solo se oía –a lo lejos– el motor al vuelo de aquellos vehículos. Aunque un sonido más grave llamó su atención, muy cerca para provenir de la ruta, la música en sus oídos lo confundían; sin embargo, igual lograba percibir lo intimidante de este y lo cercano a su espalda. Se detuvo, quizás se trataba de alguien conocido, uno que deseaba saludarlo o acercarlo a la parada del bus.
No habían transcurrido cinco minutos desde que se despidió de su abuelo cuando el turbado bullicio sacudió la puerta de la casa. El hombre de sesenta años, con dificultad, fue hasta la vereda para observar de qué se trataba. Silvino Chávez notó un detalle familiar en la escena, era su nieto. Ángel agonizaba en el suelo.

Lo caótico y estremecedor de los comentarios iluminaban con cierto detalle lo que aconteció, el chico fue atacado por dos ladrones que lo acorralaron. Con perversa conducta, uno de los motociclistas sostuvo en la mano un revólver y amenazando con sacarle la vida interpuso a cambio lo que llevaba a la vista, el teléfono. Aunque –sin saciar su apetito criminal– también quería lo que Ángel cargaba colgando del hombro, su mochila. Sin embargo, se negó, no lo entregaría, llevaba su tarea con la que obtendría los puntos necesarios en su examen final del semestre universitario. Se sacrificó tanto por acabarlo que no cedería tanto esfuerzo.

Un manotazo a la correa de la mochila de Ángel lo despertó del shock que entumeció su cuerpo, devolvió la misma dosis enfrentando a su victimario, se negaba a ceder eso que apreció más que otra pertenencia. Ese trabajo debía presentarlo a su profesor, lo veía como una baldosa más, el escalón para conquistar su sueño: recibirse de periodista.

La detonación del arma hizo un primer intervalo en la pelea, el plomo perforó la pierna de Ángel. Del muslo brotaba la sangre, y el ardor le provocó tanto dolor que cayó al suelo gimoteando, aunque no lo amilanó en su pelea por sobrevivir.

Se reincorporó y vio su salvación detrás de los dos ladrones que lo miraban como aturdidos por el frenesí del combate. Un almacén de barrio a veinte metros, ahí podría ocultarse y recibir ayuda. Con la pierna sangrando, se arrastró con dificultad, trastrabillaba por momentos, pero no perdía la certidumbre sobre el lugar que podría usar de refugio.

ALGUIEN QUE LO AYUDE

Nadie entendía qué pasaba, no se percataba lo peligroso de su estado. El disparo perforó su arteria femoral y el flujo sanguíneo lo debilitaba. Su cuerpo se entumecía y sentía que las fuerzas lo rezagaban del sitio a donde quería llegar, lo notaba borroso, poco claro y su fragilidad era cada vez mayor.
Una segunda detonación sacudió la cuadra. Provino a traición y lo tumbó al suelo, Ángel cayó estrellando su rostro en el suelo. No atinó a reconocer lo que ocurrió. Los delincuentes le dieron un tiro de gracia y escaparon, cuando el humo del tubo cañón aún no se disipaba del arma homicida.

La sangre esta vez brotaba en la parte posterior del cuello, el proyectil traspasó la arteria carótida, restándole las pocas chances de llegar a su refugio.

Con las manos surcó cuando arado las marcas de un deseo instintivo de sobrevivir, aunque su vida se iba desprendiendo minuto a minuto, disipándose como el polvo que levantaba al expulsar el poco aire que sus pulmones liberaban.

Sin fuerzas, más que el deseo de sobreponerse, se resistía a cerrar sus ojos pese a su atenuado aliento. Deseaba que alguien lo tomara de los brazos para sanar sus heridas. Entró en shock y un profundo sueño.

EL REPARTIDOR DE LECHE

Don Silvino comprendió lo que ocurrió y con esperanzas clamó ayuda. El repartidor de leche bajó la caja que tenía para el almacén a donde Ángel debía llegar. Corrió y cargó al chico en sus brazos llevándolo hasta el vehículo. El destino sería el mismo a donde el moribundo joven debía llegar, el hospital regional.

Lo extraño del furgón con el emblema lechero irrumpiendo en el estacionamiento de urgencias dedujo sentido común en el camillero que acercó una cama, intuyó que traían a un herido.

¡3…2…1, arriba! Gritó el paramédico cuando pasaron de la camilla a una cama de cirugía, Ángel estaba inconsciente por la pérdida de sangre, fue mucha y la palidez era notoria. Dos arterias importantes fueron comprometidas y sus chances comenzaron a complicarse.

El pulso se dilataba, se diluía con la frecuencia cardíaca. Cada vez más imperceptibles para las máquinas a la que fue conectado. El pitido final, agudo y tétrico, no resistió. Ni adrenalina, ni desfibrilador, la reanimación fue estéril. Ángel murió.
SIN CAMINO

El dolor se extendió en todo el barrio, en la ciudad poco después. Cada familia sintió como propia la muerte de aquel estudiante, se agravó más aún cuando encontraron la mochila de Ángel, apenas unas horas después del crimen. La tarea que tanto protegió Ángel estaba ahí, de hecho, todas sus pertenencias que no eran más que útiles para sus estudios. Lo dejaron cerca de un arroyo, se habrán frustrado al no encontrar algo a que sacarle provecho, dijo uno de los vecinos luego de guiar a los policías hasta el sitio del hallazgo. Algunos rumores maduraron a indicios de culpa, su conversión era inevitable por la indignación de los vecinos. No sobraba más ideas que tomar el pulular del murmullo y erigir operativos de captura, al menos la búsqueda de sospechosos.

Resultó una presión constante del vecindario, tanto que lograron fortalecer la investigación de la estación de policías del barrio, los agentes de la Brigada Central de Investigaciones y los expertos en criminalística fueron asignados a la patrulla.

A mitad de la tarde, la pesquisa encontró su primer resultado. La descripción de algunos pocos coincidió con el aspecto de Milner Zorrilla, su vasta experiencia en robos en la ciudad no le ayudaban mucho; al contrario, para la Policía el perfil encajaba perfectamente. El segundo al que colocaron las esposas fue a Hugo Alfredo González Casanova, otro joven avezado en la obtención de lo ajeno, sin contratiempos. Temido en el barrio, de ahí la deducción rápida de la comunidad. Lo que los vinculaba, en la teoría era la moto en la que paseaban, una de color negro, la que conocen como moto de cobrador. Rondaban el asentamiento 9 de Mayo, en el barrio Maka’i de esa ciudad. Todo era fácil de interpretar para aquella brigada, no había que sumarle otro dato más. Para ellos, estos eran los bandidos que mataron a Ángel… ¿o no?

Continuará.